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Crítica de montsemr77


montsemr77
10 agosto 2020
La madre de Frankestein es el quinto volumen de los seis que previsiblemente lleguen a conformar los Episodios de una Guerra Interminable de Almudena Grandes, en una suerte de Episodios Nacionales de nuestra época. En ella, la autora nos cuenta, a través de una narración a tres voces, la historia de Aurora Rodriguez Caballeira, personaje real que en los años 30 asesinó a su hija Hildegart porque ésta pretendía hacer uso de la libertad que precisamente ella misma le había enseñado a amar. Pero, sobre todo, a través de los personajes que pivotan a su alrededor, nos muestra la situación de las mujeres en la España de los años 50; de la hipocresía de una sociedad gobernada por el dúo iglesia Estado que suprimía los derechos individuales y reprimía a aquellos que eran diferentes.

Me pregunto si Almudena Grandes ha elegido precisamente a este personaje, para mostrarnos la diferencia entre la libertad y el progreso de la situación de las mujeres durante la II República y la existente con posterioridad a la Guerra Civil. Aurora, paranoica y megalómana, asesinó a su propia hija, al igual que el Estado y la Iglesia eliminaron la independencia de las mujeres y la capacidad de expresarse libremente y de decidir de sus ciudadanos.

La narración de la historia se realiza fundamentalmente por el psiquiatra Germán Velázquez, antiguo exiliado, que ha podido regresar a España, gracias a la investigación que estaba realizando en Suiza con un nuevo fármaco, para el tratamiento de la esquizofrenia. Germán nos cuenta, además, las circunstancias de su exilio en un país extranjero, como la de tantos otros españoles, y las de una familia judía que se vio obligada, como él, a abandonar Alemania, y sus respectivas pérdidas. Pero, sobre todo, nos muestra la realidad que existía tras nuestras fronteras en aquella época, la comparación entre la libertad que se respiraba en Europa y que él expone en sus opiniones; frente a la necesidad de ocultamiento y silencio de los españoles. Nos enseña, además, la situación de los manicomios en aquella época, lugar donde los derechos de las internas, son incluso menores, que ya es decir, que las de las mujeres en general. Impresionante el que no tuvieran derecho ni siquiera a morir sin dolor.

Otros episodios de la novela – muy breves- son narrados por la propia Aurora, en una serie de desvaríos que avanzan la historia y que realmente son producto de una mente perturbada. Ella es el eslabón que conecta a Germán con María Castejón, una auxiliar de enfermería que ha crecido en el manicomio, y que sufre en sus propias carnes todos los escarnios de los que hemos oído hablar en esa época y que personifica la búsqueda de un futuro digno y libre. Me ha gustado especialmente su relación con la lectura y cómo ésta estaba prohibida para aquellos que no son considerados adecuados por el régimen, y la comparativa de su personaje con Fortunata y Jacinta, de Galdós. Estos guiños literarios siempre llevan a lecturas y relecturas inesperados.

Además de estos personajes, la novela se nutre de otros muchos, alguno de los cuales son reales; en particular, me han llamado la atención Vallejo -Nájera con sus teorías eugenesistas -y el robo de niños-; y López Ibor y sus lobotomías para homosexuales.

En definitiva, qué mejor manera de conocer la historia reciente de España que a través de novelas de estas características, tan bien escritas, y con una prosa tan fluida y agradable de leer que parece que en lugar de ser nosotros quienes pasamos la mirada por sus páginas, son las palabras las que pasan por nuestros ojos y nuestra mente.
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