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ISBN : 8423355314
Editorial: Destino (05/03/2019)

Calificación promedio : 4.5/5 (sobre 1 calificaciones)
Resumen:
La comisaria Ruiz vuelve a Madrid para preparar su defensa. El viejo Jefe Superior de la policía ha logrado su suspensión en venganza por una antigua investigación y María está temporalmente fuera del cuerpo.Pero eso no la va a frenar. Es el mes de mayo, tiempo de fiestas en torno al río Manzanares, y la aparición de unos animales muertos es el primer indicio de una anomalía que pronto dejará más huellas letales: la ejecución de una joven becaria de Historia del Art... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (3) Añadir una crítica
Beatriz_Villarino
 30 marzo 2019

No cabe duda de que Berna González Harbour está consiguiendo el personaje redondo, perfecto. La profundidad psicológica con la que María Ruiz es tratada llega tan hondo que es ya como de la familia. Para lograrlo la autora utiliza una técnica que me parece totalmente acertada: dejar el final abierto; no en los casos que trata en la novela correspondiente, sino en la situación de esta comisaria. María Ruiz ha deambulado en diferentes entregas por Soria, Santander o Madrid para resolver, en cada una, el asunto que le mandan, como la muerte de un anciano a manos de su mujer, o el que se encuentra al visitar a un amigo y compañero del cuerpo. Precisamente será por actuaciones como la de Las lágrimas de Claire Jones, en las que al investigar saca a la luz la propia corrupción policial, por lo que la comisaria Ruiz está apartada del trabajo, suspendida, relegada en Madrid a la espera de su juicio. Pero a ella le da igual, no puede evitarlo, así al ser testigo de lo que parece un asesinato, decide investigar con los amigos que aún le quedan, porque intuye que no es un hecho aislado sino que tiene que ver con situaciones protagonizadas más por un demente que por una persona con mero instinto destructivo. Y así se introduce en El sueño de la razón con Luna y Nora, el antes y el ahora del periodismo, pero ambos igual de buenos y válidos, con sus compañeros Martín, Esteban y, aunque no lo sepa del todo, Tomás, y con Eloy, un okupa, menor de edad, amigo de Sara, la chica asesinada.
Entre todos refrescarán al lector, o pondrán en su conocimiento, datos sobre Goya, sobre sus Pinturas Negras, el porqué de su realización y, por supuesto, la consecuencia, el exilio del pintor, dejando en las paredes de la Quinta del Sordo las últimas de la serie.
María no puede investigar, está inhabilitada, sin placa, sin arma hasta que se celebre la vista de su juicio por desobediencia en el caso anterior, a pesar de resolverlo aun a costa de dejar en él casi su vida. Pero una detective como María no puede quedarse de brazos cruzados, así que en El sueño de la razón la veremos con vaqueros y camiseta y utilizando un medio de transporte que no le dará, en principio, ninguna ventaja, la bicicleta.
Sólo en bicicleta, desarmada, se enfrenta al asesino, un loco con ganas de figurar que se dedica a dar vida a los cuadros más famosos de las pinturas negras, para lo cual no le importa matar animales o personas y dejarlos en posiciones similares a las reflejadas en las obras.
Aunque todo se base en un pintor del siglo XIX, los conflictos que abordan las diferentes voces narrativas son totalmente actuales, la mala relación entre padres e hijos hasta el punto de que los menores se van de casa para vivir de okupas
Mientras se alejaba se preguntó cuántas veces habrían acompañado a Eloy ese padre directivo o esa madre ejecutiva y pija […] la vida tal vez se había convertido en una mierda para los niños especiales de Madrid.
El desprecio con que el gobierno (incluso el actual) trata a sus artistas, también es evidente, permitiendo que se vayan del país, es más, obligándolos a irse e intentando borrar cualquier vestigio de obras que son, o han podido resultar, inconvenientes pues hacen pensar al pueblo
En Londres alguien habría sacado brillo al sitio, habría puesto una taquilla y organizado recorridos y visitas infantiles en las que sumar estatuas a cambio de una estimulante puntuación final, pero en Madrid también podría haber sido peor.
El poder del pueblo, capaz de hundir a alguien basándose sólo en conjeturas sin profundizar o esperar a que los profesionales sean quienes juzguen, conformándose con lo dicho a los cuatro vientos por la prensa amarilla en programas de televisión, donde quienes participan en ellos no tienen la titulación o no ejercen su labor con rigor. Hay una crítica, un tanto velada, al sistema educativo «Los niños aquí se subían a los tanques en lugar de aprender historia imaginando fantasmas de la monarquía junto a un guía creativo, qué se le iba a hacer».
En El sueño de la razón también encontramos datos históricos, repartidos en pequeñas dosis que, no sólo no se hacen inapropiados en una novela negra sino que son fundamentales para conocer al asesino, su razón —o falta de ella— para actuar de esa manera, y para conocer algo más de esa época y la España que teníamos, «Fernando siempre había sido un insidioso, un felón, príncipe o rey, como Carlos IV había sido un tontorrón y su mujer, la reina María Luisa, una alegre manipuladora de formidable autoestima pese a su figura desgarbada y pronto avejentada» y aun aparecen críticas actuales, en las que quedan implicadas la monarquía, el gobierno y, sobre todo, los gobernantes ávidos de poder a costa de lo que sea: «A finales del XVIII […] los ilustrados propugnaban la verdad. Los Borbones y la Iglesia se aferraban al pasado. […] España volvía a quedar sumida en las sobras, era una historia repetida. Había ocurrido en 1814, en 1936 y a ratos volvían a refulgir señales desalentadoras en pleno siglo XXI».
Y, por supuesto, el tema del acomplejado por no ser igual al resto, el sentimiento de inferioridad que alguien, inválido por diferentes motivos, puede llegar a experimentar hasta el punto de desear romper con todos aquellos que le han mostrado cariño y que ahora pueden sentir pena. El miedo a desarrollar lástima en vez de amor puede llegar a anular a las personas, que se olvidan, o no, de lo que son capaces, a pesar de su invalidez porque en sociedad, en la pareja, “hay” que mantener una relación de igualdad «Que Tomás no quisiera verla a ella podría ser incluso comprensible, un hombre entero como él tan impedido en su cuerpo, y sobre todo en su amor propio».
Berna González no escatima a la hora de enlazar subtemas, todos importantes pues todos entroncan con el caso principal. de esta forma, cuando el asesino necesita esconderse en algún sitio, la autora no duda en elegir los túneles que recorren la M-30 actual y que sirvieron en el pasado para correrías de los Borbones y de Napoleón y hoy, aunque parezca increíble son utilizados como vivienda por los mendigos. Una probable llamada de atención a las autoridades para que solucionen los innumerables casos de pobreza que se dan en España en general y con mayor afluencia en las grandes ciudades, «ahí terminaba el túnel del que procedían, se ampliaba el espacio […] Debía ser una de las gigantescas cámaras de seguridad construidas en el subsuelo cuando se soterró la M-30 […] el suelo albergaba cartones amontonados sobre volúmenes indefinidos […] pequeñas moradas de seres que habían encontrado ahí, en el subsuelo, un hogar desvencijado».
Y hay aún otro tema, casi oculto pero al que no le hace falta exhibirse más; la envidia capaz de corromper a un país en el que el mediocre ansía los éxitos del que vale. Y no hay nada peor que un envidioso, porque nadie sabe hasta dónde puede llegar para que los demás no obtengan aquello que él no puede. «La universidad es el lugar más envenenado que puedas imaginar […] Cuando consigues una plaza te empiezan a odiar. Cuando publicas te siguen odiando. Cuando logras un contrato te hacen la vida imposible. Y ahora esto.»
Por último, los narradores van poniendo al tanto de las novelas anteriores, al menos para que el lector novel en los casos de la comisaria Ruiz sepa por qué actúa sola, por qué no puede ponerse en contacto con su equipo y a qué ha debido renunciar, como tantas mujeres, para ejercer bien su trabajo; de nuevo llamada de atención al gobierno para que la mujer no sea discriminada si quiere ser madre, ya que el hombre no tiene ese problema.
Fantástica novela que nos permite reflexionar sobre problemas actuales, problemas de los que mucha gente no es consciente porque cada vez se piensa menos, los jóvenes tienen menor capacidad de concentración y esfuerzo y se dejan llevar por los programas mediáticos que distraen con acrobacias, canciones o gritos —que no conversaciones—. Una pena porque, desde ese punto de vista, hemos avanzado poco desde la España crédula, supersticiosa e ignorante del siglo XIX.
Así pues, como toda buena novela policial, la realidad está presente y en ella aparece a modo de enigma, un horroroso crimen en el que el asesino es un terrible imitador de un célebre artista internacional, paradójicamente este artista fue humillado y denostado en su época, alguien no imitable. El conflicto se va complicando y el lector lo sigue a la perfección de la mano de la comisaria Ruiz. Nos vamos enterando al mismo tiempo que ella de las nuevas pistas, incluso en ocasiones nos hacemos las mismas preguntas antes de leerlas. La estructura de la novela es totalmente actual. Son cinco capítulos que comienzan con cinco entradas de un blog y que, cada una, contiene distintos apartados para que quedemos enterados de lo importante que rodea el caso: la casa de okupas La Dragona, el nuevo personaje Eloy, quien puede dar juego en otra novela dado su final abierto, el compañero y amigo Rodrigo Tesón, que testificará a favor de la comisaria Ruiz, el protagonista de los hechos, Yago y el final, su Casa de locos, donde entendemos las dudas que aún quedaban.
El argumento, la resolución de los crímenes y el por qué, son fundamentales, pero dado que los crímenes incluyen animales, personas de gran nivel cultural y otras de escaso entendimiento y recursos, las diferentes personas narrativas 1ª o 3ª ayudan a entender los hechos profundizando en el carácter de los personajes. El análisis psicológico está conseguido, incluso con escuetas descripciones o diálogos «Él siempre estaba silencioso y sereno en la cocina pelando patatas que había conseguido en algún desecho de supermercado […] por qué no vivía con esos padres y esa hermana —de los que, sin embargo, conservaba una foto desgastada en una pared de su habitación—».
Es curioso que en este caso sea precisamente la policía quien entorpezca la investigación de María, o no la llevan al mismo tiempo por la falta de comunicación requerida. No obstante, el equipo es eso, un equipo de amigos y todos estarán ahí para salvar a su jefa cuando ella lo requiera.
El lenguaje también es totalmente actual, coloquial, blog, okupa, twitter, whatsApp, en línea, gilipoyas. Aunque encontramos términos cultos, erróneos, voluptuosas, inhóspito, mentón, zozobra, felón. Léxico técnico, frescos, frenología, geolocalizar. Incluso americanismos: olor a chimbo.
La narración es muy buena, a veces mezcla pensamientos con los diálogos, consiguiendo una descripción anímica total del personaje. Otras veces pretende dar la misma importancia al contexto (fundamental en la novela) que a los personajes principales o al caso, para ello emplea con bastante fortuna paralelismos anafóricos:
Había un contexto.
Había una lección.
Había una inspiración.
Había un genio.
De esta forma el lugar, habitado por locos y mendigos se une a ese genio inspirador que terminó loco y arruinado y a los crímenes que se comenten en la actualidad, reflejo de los que Goya expuso en su arte.
Y en medio de tanto dolor, de tanta crueldad, el humor, la ironía, relajan, de cuando en cuando, la lectura, y nos sumergen en la sociedad actual con toda su diversificación:
“Todos somos Saramú. Abajo el heteropatriarcado” era la primera opción.
Y “Todos somos Saramú. Abajo el heteropatriarcado y la policía fascista” la segunda.
Aquello sí era nuevo. ¿Pelín machista? Creía que lo era entero, pero Nora tenía razón.
Tesón y Ruiz entraron en el primer sex-shop […] Había collares de terciopelo, otros de cuero con tachuelas e incluso de piel sintética para veganos.
Pues, no sé el resto de lectores, pero yo ya espero ansiosa la siguiente entrega.

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MisLecturas
 21 febrero 2022
Mi primer acercamiento a la prosa de esta autora fue hace casi dos años cuando llegó a mis manos "Las lágrimas de Claire Jones", la tercera entrega de una serie protagonizada por la comisaria de la Policía Nacional María Ruiz, una mujer muy especial que pasaba por un drama personal. Fue tal mi empatía con ella que no dudé en hacerme con un ejemplar cuando supe que se publicaba este cuarto volumen, más si cabe porque su argumento se encuentra estrechamente ligado a la obra de uno de los genios de la pintura española del siglo XVIII, Francisco de Goya. Un artista que osó revolverse contra las injusticias, las desigualdades y las falsedades de la sociedad de su tiempo.
Son las fiestas de San Isidro y la comisaria María Ruiz se encuentra en Madrid, fuera de servicio tras los sucesos acaecidos en el último caso que investigó. Afronta un expediente disciplinario por una posible insubordinación a un superior y mientras se tramita le han impuesto una suspensión de tres meses y un día. La incertidumbre sobre su futuro y el desánimo hacen mella en ella, no logra hacer pie en su nueva vida que está paralizada y llena de pérdidas. Emplea su tiempo recorriendo en bici la capital, vistiendo de manera más informal de lo que es habitual en ella, cuando casi por azar alguien le revela la extraña aparición de una serie de animales que han sido aparentemente sacrificados, en la plaza de un barrio de la capital, en lo que parece ser un ritual. Este hecho quizás hubiera pasado desapercibido para María si no fuera porque poco después se descubre el cadáver de una joven encadenado en una de las presas del Manzanares. La víctima era becaria de la facultad de Historia del Arte y su asesino ha convertido su crimen en una obra de arte, escenificando, con una exactitud estremecedora, un dibujo de Goya poco conocido. Nuestra protagonista no puede evitar involucrarse en el caso, de manera extraoficial y sin ayuda ninguna, poniendo en riesgo su carrera profesional.
"El sueño de la razón" es una novela tan negra como las pinturas de la serie con las que Goya decoró los muros de la Quinta del Sordo, la que fuera su casa. El foco sobre el que pivota todo su argumento es precisamente esta parte de su creación de grabados, dibujos y cuadros sangrientos, de gama cromática reducida, que representan la España del enfrentamiento, la guerra, la miseria, la mugre, el hambre y la mezquindad.
Manifiesta es la intensidad con la que Berna González Harbour ha construido a su personaje principal, el de María Ruiz. Un personaje fracturado, lleno de matices y vestido de realidad, de carne y hueso, que puede llegar a flaquear, dudar o incluso tener miedo. Una profesional dedicada en cuerpo y alma a su trabajo, pero que ahora está sin placa ni arma, con una vida paralizada y luchando por su inocencia. Una mujer fuerte pero abatida por el dolor, capaz de empatizar con los más desfavorecidos, que se implicará en una investigación para evitar hundirse en una apática espiral descendente. En cuanto al resto de personajes secundarios, apenas están esbozados y carecen de profundidad psicológica, algo totalmente lógico porque estamos ante el cuarto volumen de la serie.
La ambientación es otro de los puntos fuertes de este libro. La autora logra trasladarnos, sin abrumar al lector con excesivas descripciones que en un momento dado pudieran ralentizar la lectura, hasta la ribera del Manzanares, para mostrar las miserias que albergan las tripas de la capital, la realidad paralela de un mundo subterráneo. La ciudad menos conocida, la más oscura y deprimente, aquella que se encuentra fuera del circuito turístico. La más real, la que ha quedado excluida del sistema, la de las casas okupas, donde hace mella la precariedad.
La autora sabe representar la belleza de las imágenes y todos sus matices con las palabras a través de una prosa cuidada y contundente, así como una narrativa descriptiva y visual. Bajo el pincel de un narrador omnisciente, que será el encargado de impulsar la historia y convertir el relato en un angustioso viaje a través de las facetas más oscuras de la naturaleza humana, ha dado vida a un lienzo en el que hay espacio para la crítica social focalizada en uno de sus personajes secundarios, el de un menor que ha abandonado a su familia para vivir como okupa en la Dragona, una casona aislada y abandonada, situada junto al cementerio de la Almudena.
Sintetizando: "El sueño de la razón" es el cuarto volumen de una serie protagonizada por la comisaria de la Policía Nacional, María Ruiz, pero que se puede leer de manera independiente al ser autoconclusiva. Una novela negra, de ritmo fluido a golpe de capítulos de corta extensión, y lectura didáctica con la que poder conocer parte de la obra de Goya, cuyas últimas creaciones fueron las precursoras del expresionismo pictórico y otras vanguardias del siglo XX. La autora ha logrado pergeñar una trama ingeniosa e impecable, perfectamente imbricada, en la que hay espacio para la crítica social y que convierte a la ciudad de Madrid y a este renombrado artista en personajes de gran relevancia en su argumentación. Una lectura que recomiendo a los amantes de este género literario en general y a los de la Historia del Arte en particular.

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sanhezped
 06 marzo 2019
El sueño de la razón es la cuarta entrega que tiene como protagonista a la Comisaria Ruiz. Éstas son las escritas hasta ahora:
-Verano en rojo.
-Margen de error.
-Las lágrimas de Claire Jones.
-El sueño de la razón.
Ha vuelto a superarse Berna González Harbour en una gran novela, que está escrita de tal modo que puedes leerla perfectamente sin haberlo hecho con las anteriores. de hecho, yo empecé la serie por la tercera, que me gustó mucho a pesar de no conocer al personaje y de ahí comencé ya por la primera. Sí, también aquella novela Las lágrimas de Claire Jones te permitían seguir perfectamente la trama sin conocer al personaje.
Una trama muy interesante y muy bien urdida en torno a unos cuadros de Goya, no todos muy conocidos y que nos permiten contemplar el contraste entre sus primeas pinturas alegres y el tenebrismo de su época final. Esa pradera que aparece en esta imagen es la misma, aunque no se parezcan en nada ni en es estilo ni en la forma.
Me encantan los personajes, tan humanos, con sus lados oscuros y sus lados luminosos. Aunque esté cerca de ser una novela coral, la presencia de la comisaria Ruiz es muy superior al resto. Sigue importando mucho más la trama principal, al contrario que en otras series en que casi interesa más cómo avanzan las subtramas de los personajes que el propio caso que trata la novela (caso por ejemplo de la serie Bergman). Personajes que nos permiten otra visión, como es el caso del periodista Luna que nos muestra la evolución de la prensa, de un periodismo de investigación que hoy casi puede hacerse desde casa con un móvil.
Si a ello le sumamos una gran ambientación, con un Madrid que no suele ser el que habitualmente nos muestren las novelas (Leandro Pérez en La sirena de Gibraltar también nos muestra el cadáver de una mujer clavado con cemento en el río Manzanares) y una trama con una perfecta conjunción de los cuadros de Goya (los cuadros mencionados aparecen con imágenes en el propio libro, aunque sean en blanco y negro) como modelo para una serie de asesinatos, tendremos un libro que no debéis perderos los aficionados a la novela negra, a Madrid o a la pintura.
Enlace: https://www.elbuhoentrelibro..
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Las críticas de la prensa (1)
ElPais11 marzo 2019
Berna González Harbour se adentra en la cuarta novela de la comisaria Ruiz en el mundo de los claroscuros de Goya y en la dualidad de España y de la vida.
Leer la crítica en el sitio web: ElPais
Citas y frases (4) Añadir cita
sanhezpedsanhezped06 marzo 2019
Los periodistas de raza sabían bien que los departamentos de comunicación eran a la comunicación lo mismo que los ministerios del Amor y la Abundancia orwellianos al amor y la abundancia: una entelequia.
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Beatriz_VillarinoBeatriz_Villarino09 marzo 2019
En tanta vida había habido de todo, y las etapas aciagas habían estado empapadas en bastante alcohol, cierta dejadez y un abandono general de lo que le afectara a él y su intimidad. Los demás no contaban en esas épocas. Y el trabajo siempre -y siempre es siempre- salía adelante, gracias a un sexto sentido que le permitía seguir a flote ante las fuentes y el teclado. Amén.
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sanhezpedsanhezped06 marzo 2019
Madrid es así. Puedes disfrazarte de Satanás, tirarte del balcón o menear unos bojes frente al Palacio Real sin que nadie cambie el paso. Para bien o para mal.
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Beatriz_VillarinoBeatriz_Villarino31 marzo 2019
Los jefes de hoy decían siempre "historión", no exclusiva, ni reportaje, artículo, crónica o cualquiera de los géneros en que se manifestaba el periodismo. El vocabulario también se había empobrecido, todo se reducía a un historión o una mierda
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Videos de Berna González Harbour (2) Ver másAñadir vídeo
Vidéo de Berna González Harbour
Presentación en la libreía LA IMPOSIBLE de Barcelona del libro "DIEZ NEGRITOS: NUEVAS VOCES DEL GÉNERO NEGRO ESPAÑOL" de la Editorial AlRevès, con textos de Víctor del Árbol, Claudio Cerdán, Berna González Harbour, Susana Hernández, Toni Hill, Jordi Ledesma, Jorge Navarro, Alexis Ravelo, Aro Sáinz de la Maza y Carlos Zanón. Con prólogo de Àlex Martín y Javier Sánchez. (Barcelona 11 de noviembre de 2015)
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