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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
26 abril 2021
Allá por finales de 2017 os traje mi opinión sobre Flores para la señora Harris, una novela fantabulosa y cuqui sobre una señora de la limpieza británica cuyo sueño era comprarse un vestido de Dior en la tienda que la firma tenía en París, y ahorraba durante años para cumplirlo. Ya en aquella reseña comentaba que había tres libros más protagonizados por la señora Harris, y que ojalá se publicasen las continuaciones. Señal divina o no, a los pocos meses se publicó la continuación, La señora Harris en Nueva York, que yo compré cumplidamente en cuanto la vi en la librería... hasta hoy. Sé que hay lectores de estas divagaciones que os traigo un par de veces a la semana que, cuando cuento estas cosas, se sorprenden de que compre los libros con tanta ansia nada más salir y que luego no los lea en años. Si supiérais lo que tengo pendiente de leer en la estantería... y si supiérais la de libros que han descatalogado y me he quedado sin ellos por no comprarlos a tiempo, me comprenderíais. El caso es que no por haber tardado tiempo en leerlo mis ansias por disfrutarlo eran menores, y por fin me he adentrado en sus páginas.

Quizás para entender el argumento de esta historia resulta necesario conocer a la señora Harris del primer libro que os presenté en la anterior reseña. Como mi agotamiento mental actual imposibilita una descripción mejor de la que hice en su momento, me vais a permitir que me autocite y después sigo:

"... una oda a las señoras de la limpieza británicas. En esta historia todo el mundo las reconoce, todo el mundo percibe lo que son, como si fuesen una estatua de la reina Victoria o el osito Paddington. Son, SON, las mujeres de la limpieza británicas. Y no necesitan de cabinas de teléfonos donde cambiarse para convertirse en Superwoman: lo llevan de serie, se ve a la legua, se las reconoce nada más verlas. No se dejan impresionar por nada ni por nadie, son decididas, luchadoras, valientes, indómitas, independientes, fuertes y, como algo se les meta entre ceja y ceja, todas las agallas de este mundo son pocas para las que ellas despliegan en su afán por conseguirlo. Así es nuestra protagonista, viuda desde muy joven y que no se ha dejado amedrentar ni un poquito por la situación. Ha salido adelante, se ha buscado la vida, es más que feliz con lo que tiene, posee un carácter de aúpa, y además le encanta verse rodeada de belleza y color."

¿Por qué considero necesario volver a usar mi descripción de la señora Harris en general, y de las señoras de la limpieza británicas en general loadas en estos libros? Porque a ver si no como vais a subiros al carro de un argumento tan peregrino como este.

Resulta que la señora Ada Harris y su amiga, Violet Butterfield (cocinera y mujer de la limpieza también, como no podía ser menos) son vecinas, viudas, viven solas y, como ya sabemos por el anterior libro, se juntan por las tardes a tomar el té y compartir las particularidades de las personas para las que trabajan, que suelen ser de la alta sociedad o famosos y, por tanto, con mucho campo para el cotilleo. El caso es que tienen por vecinos a una familia de desalmados en cuyas manos cayó Henry, un niño de acogida que ahora tiene ocho años y ha derivado en saco de boxeo tanto para los padres como para los hijos. Ada conoce algo de la historia de este niño y sufre mucho por él (padre usamericano destinado en Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial que se casó con una inglesa, nació el niño, él se volvió a Usamérica, ella se volvió a casar y del niño no se preocupa ni el tato). La madre está ilocalizable, pero del padre conoce el nombre. ¡Mira que si cruza el charco, se presenta en Estados Unidos y encuentra al padre de Henry! Claro está, si para ir a París fueron necesarios dos años de ahorro y que le tocase una quiniela, para ir a USA necesita el gordo de Navidad como mínimo y que no le quiten el 60% en impuestos. Pero a su creador, Gallico, le gusta ponerle las cosas fáciles a su protagonista, así que se inventa un plan que ni pintado: un matrimonio usamericano para el que Ada trabaja en Londres regresa a su tierra y no puede vivir sin Ada y su limpieza. ¿Qué le parecería viajar con ellos a Nueva York? ¡Que se venga también la señora Butterfield a ejercer de cocinera! Ya solo queda secuestrar al niño, introducirlo de estrangis en el barco, que viva de estrangis a bordo durante semanas e introducirlo también de estrangis en Usamérica pasando los controles de inmigración. Lo de encontrar al padre está chupao: todos sabemos que ese país es pequeñito y sin apenas población.

Una vez explicada la base de la trama, ¿qué más os puedo contar? Pues poco, porque ya de por sí es de esas historias en las que todo lo que imaginas que puede pasar, pasa, y todo lo que crees que va a ocurrir, ocurre. A ver, el mismo título del libro confirma buena parte de lo que os cuento en la sinopsis: no se sabe cómo (bueno, yo sí lo sé pero me lo callo, obviously), pero consiguen llegar a Nueva York, así que hacen posible lo imposible e introducen a ese niño sin papeles en los grandilocuentes Estados Unidos de América. A partir de ese momento comienza la búsqueda del padre de Henry y, de paso, tal y como ya hizo en el libro anterior con París, el autor nos da un paseo de arriba abajo por la ciudad de Nueva York. de parte a parte, de barrio a barrio, la señora Harris ejerce de guía turística para el lector y, aunque confieso que Nueva York no ejerce sobre mi persona la misma fascinación que otras ciudades, el paseo merece mucho la pena (ergo, por regla de tres, quien sea apasionado de la ciudad se lo pasará pipa leyendo esa parte).

Por lo demás, y tal como os digo, habrá quien diga que la historia peca de previsible, pero es que eso no es lo importante, igual que en Flores para la señora Harris lo importante no era si se compraba o no el vestido de Dior. Las lecciones que nos daba la protagonista en el anterior libro (amistad, bondad, empatía, alegría por vivir) aquí se ven acompañadas por emociones y asuntos menos optimistas y alegres. El abandono y maltrato infantil, el racismo, las consecuencias de las malas decisiones, la aceptación de que las buenas intenciones no siempre reciben su recompensa, la asimilación de que no siempre se consigue lo que se quiere por muy buen fondo que tenga... Es un libro bonito con final feliz (no puedo pretender engañaros con lo contrario ni intentar poner el cebo de ¿qué pasará al final? porque estos libros salen con el tono japiflower de imprenta), pero sí que es cierto que en su recorrido toca muchos temas que no por contarlos de manera amable y simpática son menos duros.

En cualquier caso la señora Harris no estará sola en esta aventura, porque además de la señora Butterfield le acompañan otros personajes que no os revelo porque aparecen en su primera novela en París y es sorpresa-sorpresa. Y lo que realmente importa es que ella siempre, siempre deja su estela allá donde va, sembrando buenos sentimientos, sonrisas y haciendo amigos por todas partes con una facilidad que ya quisieran muchos. ¿Es realista esta historia? No. ¿Lo pretende? Tampoco. ¿A quién le importa que no sea realista? A mí que me registren, y si tú, que estás al otro lado de la pantalla leyéndome, buscas una trama realista que tenga los pies en la tierra y no huela a eau de cuento de hadas, más vale que no te acerques a ella. Es una historia cuqui llena de buenos sentimientos, buenas acciones, solidaridad, amor de muchos tipos, un elevado sentimiento de justicia, solidaridad y acciones improbables con un éxito sorprendente. Para llevar todo esto a cabo hace falta tener a un personaje como Ada Harris de protagonista y a un lector que la acompañe con los ojos cerrados lleno de fe en las buenas personas (aunque no sean reales).

En resumen, ¿qué tenemos en La señora Harris en Nueva York? Pues tenemos una serie de desdichas que como no son nada catastróficas terminan como tienen que terminar, bien, que para eso nos vamos al otro lado del mundo a buscar una aguja en un pajar y eso merece su recompensa; tenemos una serie de personajes secundarios (en unos casos ya conocidos, en otros no) que hacen bueno aquello de que lo importante no es lo que andas, sino quien te acompaña; tenemos feelgood a raudales aun cuando las cosas se tuercen, aun cuando llueve algún bofetón, aun cuando la búsqueda del padre no parece dar sus frutos, porque en esta historia brillan tres rayos de sol por cada nubarrón; y tenemos, sobre todo y ante todo, a Ada Harris, señora de la limpieza y heroína infatigable, inmune a las piedras del camino, optimista por naturaleza, buena persona por genética, amable por convicción y altruista por vocación... aprendimos a adorarla en Flores para la señora Harris, y en La señora Harris en Nueva York pone lo mismo sobre la mesa y añade una vulnerabilidad transitoria que la hace todavía más achuchable. ¿Quién quiere realismo teniendo todo esto? Not me.

Enlace: http://inquilinasnetherfield..
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