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ISBN : 9974912946
Editorial: No reconocida (08/02/2017)

Calificación promedio : 4.77/5 (sobre 13 calificaciones)
Resumen:
Desde comienzos de septiembre de 1873 hasta el 10 de septiembre de 1889 una secuencia de homicidios sin precedentes, por su brutalidad, asoló Inglaterra. Cadáveres femeninos desmembrados aparecieron en las márgenes del río Támesis. Víctimas desconocidas, crímenes sin sentido que parecían el macabro fruto de un ritual exótico. La historia registraría al culpable con los motes de "El Descuartizador del Támesis" o el "Asesino del Torso de Támesis". En el otoño de 1888,... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (15) Ver más Añadir una crítica
gabrieli
 07 January 2020
Es casi imposible interrumpir la lectura de esta obra cuando se ha leído la primera página. La cadencia opresiva de los párrafos iniciales seduce de inmediato: nada tiene de gratuito ni de inevitable y participa, pues, de lo trágico. Es la violencia fatal que implacable se abate sobre unas indefensas y pobres mujeres. Una fuerza perversa y repugnante las atrae a un destino sórdido, en esta crónica de homicidios enmarcada en la Inglaterra de finales del siglo XIX. Se trata de una de las mejores novelas sobre crímenes de la era victoriana, donde el autor, lejos de adornar personajes con largas descripciones, principalmente se remite a los propios hechos. Así, con las escenas limpias, los lectores nos convertimos en fiscales, juzgando los acontecimientos con nuestros propios valores, y generando una relación íntima y subjetiva con las circunstancias.
Gabriel Pombo, abogado y estudioso del fenómeno de los asesinos seriales y del caso de Jack el Destripador, sabe de qué está hablando; y de su anterior experiencia como ensayista, sabe cómo desarrollar el tema, sirviéndose para ello de la ficción histórica.
En el distrito de Whitechapel, en el este de Londres, las prostitutas pululan y malviven en perpetua zozobra desde que, en el otoño de 1888, un sádico asesino viene cebándose en ellas, frente a la impotencia de la policía y del Comité de Vigilancia, fundado éste para colaborar en la aprehensión del psicópata. Arthur Legrand, el personaje central de “El animal más peligroso: Un thriller victoriano” (2016), es un antiguo teniente francés de la guerra franco-prusiana; un próspero comerciante de casi cincuenta años residente en Westminster, con una segunda ocupación que le apasiona y a la cual consagra su talento: liderar un equipo de investigadores, que han sido contratados por el Comité de Vigilancia, en un desesperado intento por poner fin a los asesinatos. Este hombre no es sólo un intelectual que se vale de su mente para combatir el delito, sino que no titubea en emplear sus músculos cuando recorre los tugurios donde podría acechar el monstruo. El otro personaje esencial de la novela es la joven pareja de éste, Bárbara, quien trabaja encubierta para la Agencia Central de Noticias de Londres y supera en fervor a su amante. Capturar a los homicidas es su obsesión. Sin remilgos, se disfraza de meretriz y acude a las tabernas fingiendo aprestarse a ejercer ese oficio, en pos de obtener información tan vital como peligrosa.
A Arthur y Bárbara los secundan en sus afanes detectivescos Charles Legrand, hermano menor del jefe, el ex policía John Batchelor, y el agente de la Policía Metropolitana Thomas Barrett. Cabe interlinear que estos tres últimos existieron, y participaron en la historia de Jack el Destripador.
¿Cómo un elenco tan reducido podría triunfar donde la poderosa Scotland Yard ha fracasado?
Y no solamente deberán vérselas con un único maníaco. El doctor Bond, cirujano pionero en perfiles criminales, les advierte que también campea a sus anchas otro ejecutor más despiadado, frío y metódico, cuyas presas humanas aparecen desmembradas y esparcidas a las orillas del Támesis. En realidad, tales atrocidades ocultas para el gran público databan de quince años atrás, desde setiembre de 1873, cuando emergieron los restos de una mujer en el área de Battersea, ribera sur del río. El 16 de octubre de 1888 había llegado a George Lusk, presidente del Comité de Vigilancia, una carta encabezada “Desde el infierno” y atribuida al Destripador, junto a una caja con medio riñón humano. Días más tarde, un ayudante trae a su jefe otra misiva también dirigida a Lusk. La caligrafía era distinta y su tono más cultivado. En ella, su emisor se jactaba de que le gustaba matar personas, porque el ser humano “es el animal más peligroso de todos”. Aquel recado llevaba anexo, a guisa de macabro obsequio, una oreja amputada. Pero el pesquisa no se dejó engañar. Sabe que ese mensaje no era obra del matarife que viene operando en los suburbios, sino del tétrico antecesor a quien, en voz baja, los forenses apodan el Asesino del Torso de Támesis. No obstante, cauteloso, se reserva sus sospechas, y ni siquiera las confía a sus subordinados cuando, en su mansión, se lleva a cabo una larga reunión de trabajo.
Más adelante sabrá que obstáculos gigantescos se yerguen contra su empresa. Mientras persigue a sus enemigos se entera que éstos poseen contactos en el gobierno británico; influencias capaces de bloquear la indagatoria oficial y garantizarles su impunidad. Transcurre el tiempo, y con él la infructuosa cacería. Llegamos así a agosto de 1889 y, sumido en el desaliento, el Comité de Vigilancia se ha disuelto, aunque Arthur continúa la lucha financiando por sí mismo el presupuesto del grupo. Cuando ya las fuerzas declinan, Batchelor aprovecha su adicción al alcohol y, entre una copa y otra, recaba nuevas y dudosas pistas. Su esfuerzo será premiado cuando un periodista falsario, que inventó el alias Jack the Ripper al redactar una carta apócrifa, lo pone en el rumbo que permitirá identificar al clan diabólico culpable de los desmanes.
Un informante, con muy personales motivos para ayudar, será crucial en la resolución del caso. Fred Campbell, se llama aquel joven barquero y mecánico naval que supo ganarse la confianza del amo de la secta, y que pilotea el barco utilizado para esparcir los trozos humanos por el río. Las autoridades están paralizadas y, a pesar del afrentoso hallazgo de un torso en el sótano de su flamante sede, insisten en negar la existencia del Descuartizador del Támesis.
En esos días aciagos para la justicia, y mientras la policía británica (la presuntamente infalible Scotland Yard) mira para otro lado, la salvación de las mujeres marcadas para morir dependerá de unos pocos investigadores aficionados. Los últimos capítulos cobran un ritmo de vértigo. Un choque de trenes se avecina ... El bien contra el mal en un desenlace sobrecogedor.
Reseña publicada con el título "Asesinatos en el Londres victoriano", por el Ingeniero Juan Carlos Anselmi, en su sitio web "Misterio de Nuestro Mundo" el 21 de febrero de 2018.
Audio de Gabriel Antonio Pombo sobre el caso del asesino serial llamado: "Descuartizador del Támesis": https://mx.ivoox.com/es/gabriel-pombo-hablando-del-caso-del-descuartizador-del-audios-mp3_rf_50393850_1.html?autoplay=true
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Luni
 09 January 2020
En esta ficción se recrea la vida en Whitechapel (distrito del este de Londres) donde las prostitutas malviven en perpetua zozobra desde el otoño de 1888, cuando un sádico feminicida viene cebándose en ellas frente a la impotencia de Scotland Yard y del Comité de Vigilancia, fundado para colaborar en la aprehensión del psicópata. El protagonismo lo asume Arthur Legrand, antiguo teniente francés de la guerra franco-prusiana; próspero comerciante de casi cincuenta años residente en Westminster, con una segunda ocupación a la cual consagra su talento: liderar un reducido equipo de pesquisas contratado para auxiliar a las autoridades, en un desesperado intento por poner fin a la matanza. Lo secunda su joven pareja, Bárbara Doyle, quien trabaja encubierta para la Agencia Central de Noticias y supera en fervor a su amante. Capturar a los criminales es su obsesión. Sin remilgos, se disfraza de ramera acudiendo a las tabernas, fingiendo aprestarse a ejercer ese oficio, en pos de obtener información tan vital como peligrosa.
El relato se estructura a partir de una línea argumental con dos momentos temporales (desde octubre a noviembre de 1888, en la primera sección, y desde mayo de 1887 a septiembre de 1889, en la segunda), pero con los mismos protagonistas. En mi parecer, la segunda parte deviene más fluida e impactante que la inicial. Pero la primera resulta imprescindible para discernir los ulteriores eventos, el modus operandi de los criminales y sus motivaciones. Además, en el último segmento conoceremos mejor a la pareja protagonista y a los partícipes secundarios, hasta llegar a sentir genuina simpatía por sus acciones y reacciones. La temática primordial, aparte del thriller en sí mismo, se sustenta en el enigma provocado por una sucesión de homicidios contra mujeres pobres, y la ritualidad con que son llevados a cabo. El aspecto documental está planteado con notable rigor, al punto que me sorprende que el autor no sea un historiador profesional, sino que se dedique a un área diametralmente diferente, como constituye el ejercicio de la abogacía.
Vale destacar, asimismo, que además de la pareja que funge en el papel protagónico, se introduce a algunos subordinados que aportan frescura y originalidad (los policías John Batchelor y Thomas Barrett, por ejemplo), y otros que tuvieron existencia histórica asociada a los crímenes de Jack el Destripador (el cirujano forense Thomas Bond y el inspector Henry Moore). Son unos secundarios perfilados con acierto y muy potentes, que también gozarán de un rol relevante en este thriller.
"El animal más peligroso" es un libro que engancha y que, en mi opinión, va de menos a más. Sus páginas iniciales, adecuadamente rotuladas "preludio", me parecieron abruptas y, en lo personal, me descolocaron bastante porque se sitúan quince años antes del nudo argumental, sin que ninguna alusión se efectúe luego a dicho comienzo. Pero es cierto igualmente que, a medida de que el hilo discursivo gana en consistencia e interés, casi al arribar al desenlace, se nos revelará la importancia de aquella críptica escena primigenia. Entonces todo nos terminará cerrando, dándose cima a una novela extraordinaria.
Podría afirmarse que esta obra arropa una historia predecible dentro de lo impredecible. Ello es así, pues el escritor propone mil y un giros, vueltas e imposturas; aunque nunca se nos esconde la verdadera identidad de los asesinos. Las relaciones ocultas entre prácticamente todos los personajes son continuas. Yo no las resolví todas, pero sí la más trascendente, es decir: cuál era el móvil que animaba a los dos héroes (la pareja de investigadores) para perseguir con tanta tenacidad a los homicidas. Pero aunque este no sea el típico folletín detectivesco, donde la clave radica en descubrir la identidad de los culpables, aún así me ha fascinado. El novelista sabe mantener la tensión y los hechos que, sin tapujos, nos permite conocer, no le restan ni una pizca de entretenimiento a la narrativa.
La trama es adictiva. Nos desvela la historia del asesino serial más célebre del siglo XIX mediante esos investigadores empeñados en frenar la retahíla de muertes que azota aquel suburbio. Pero cuando Legrand avanza en sus indagatorias comprende que deberán enfrentar también a otro victimario aún más despiadado, cuyas presas aparecen desmembradas a las márgenes del río Támesis. Se trata de una historia de género negro policial inspirada en acontecimientos reales. Un argumento muy bien hilvanado que nos propone una idea de lo que pudo haber ocurrido en esas lúgubres calles más de ciento treinta años atrás, cuando Jack el Destripador y el Descuartizador del Támesis masacraban víctimas indefensas. Dos de los mayores arcanos de la Inglaterra victoriana cuya solución se nos va dando a luz a través de pistas sutiles, página tras página, donde el escritor se sirve de una pluma que nos transporta a esa época tenebrosa y apasionante. En aquellos días aciagos para la justicia, mientras la policía británica mira para otro lado, la salvación de las mujeres marcadas para morir dependerá de unos detectives aficionados.
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Gabo11
 24 October 2022
Esta reseña incluirá spoiler, pues se dirige a aquellos que conocen el texto.
"El animal más peligroso" es un thriller histórico que se lee en un suspiro, al punto de que tardé solo un par de días en culminarlo. Lo que torna tan dinámica su lectura es la capacidad de enganche que posee, y que se debe, entre otras razones, al hábil uso del "cliffhanger" dentro de su estructura. El recurso del cliffhanger (final de episodio que queda "colgado de un precipicio") entraña un suspenso obtenido gracias a una frase o situación que deja al espectador ansioso por saber qué ocurrirá después. En esta novela su autor utiliza, sin excederse, ese potente artilugio narrativo.
Por ejemplo, al término del capítulo 28 hay un cliffhanger cuando el personaje que encarna a Jack el Destripador, en el fragor de su pelea con Arthur Legrand, cae desmayado por efecto de la sustancia que le inoculó Bárbara Doyle (“…Con ojos vidriosos, alcanzó a ver cómo el más pequeño retiraba la aguja hipodérmica aún goteante, que con pericia había inyectado en su vena. Luego todo se nubló y cayó desvanecido…").
No sabemos que pasará con ese sujeto. En el capítulo de cierre nos enteramos que despertará amarrado dentro de su propio barco.
Otro cliffhanger consta en el último párrafo del capítulo 15 y da pie para abrir la sección final del libro, en la cual el entramado novelístico se orienta hacia un ámbito pretérito ("...El Asesino del Torso, los crímenes del Támesis, recordó Arthur. Y su mente deambuló al pasado...").
La técnica del "flashback" tiene igualmente cabida en esta historia. Este subterfugio estriba en transportar la acción al pasado para luego regresar al momento actual. Se mixturan en el curso lineal secuencias de antaño.
De tal suerte, en el capítulo 9, durante una reunión de trabajo de los investigadores, se produce un retroceso cuando Barrett pasa a describir el eventual primigenio crimen de Jack el Destripador ("...La historia dejó constancia de que el agente Thomas Barrett...fue el inicial guardia en arribar a la escena del asesinato de Martha Tabram..."). El segmento ulterior retorna al teatro previo al flashback, sin mediar aviso ni transición ("...Se hizo un intermedio en la reunión de trabajo. Los detectives lo aprovecharon para estirar sus piernas ateridas de tanto permanecer sentados..."), pero párrafos más tarde se vuelve al recordatorio de esos delitos ("...No hizo falta nada más para que los presentes supieran cual devendría ahora el caso criminal objeto de estudio..."). La lupa narrativa se enfoca nuevamente en las mujeres asesinadas. Esa crónica fijada en el ayer salta de un homicidio a otro, y mientras el hilo narrativo anterior se desintegra, conoceremos el trágico destino de las víctimas.
En el capítulo 14 veremos a Legrand revivir esos hechos, recuperándose así el tiempo vigente ("...El grupo de oyentes comprendió que Arthur había terminado su exposición sobre el crimen de Catherine Eddowes...").
Otro flashback diestramente logrado se encuentra en el capítulo 24. Allí Fred Campbell recuerda cómo conoció al maestro de la orden demoníaca y se inmersa en el pasado, mientras está en su taller junto a los detectives ("...La casualidad había querido que, a principios de 1887, conociera a un caballero recién regresado a Inglaterra, tras prolongada estadía en el extranjero. Se trataba del dueño de un mercante...").
Y tras una evocación tan colorida como angustiante la dinámica regresa al hoy ("...Había entrecerrado sus párpados mientras hablaba...Ahora, al abrir los ojos, vio que también estaba rodeado. No en aquella tétrica embarcación, sino dentro de su taller. Y la compañía era más amigable...).
Asimismo se aplica un método de interrupción de la realidad que sin ser un flashback, pues no implica un viaje al pasado, resulta muy ingenioso. En el capítulo 8 asistimos a una escena doméstica entre los investigadores y amantes Arthur y Bárbara. Cuando el dúo va hacia el lecho en pos de consumar sus deseos el hilo se corta, el lector es sacado de esa realidad y sumergido en la fantasía de un cuento sobre el asesino Jack el Destripador escrito por la periodista ("...Le tomó de la mano conduciéndolo rumbo al dormitorio. Por el trayecto el hombre dejó caer en el piso la libreta. Aquellas anotaciones narraban una fábula que mentaba así...").
El relato también corona algunos de sus pasajes valiéndose de la táctica de la "vuelta de tuerca". Tal vez el paradigma de incidente con un giro de torno esté en último capítulo, cuando Bárbara devela su identidad ante Jack el Destripador ("...Soy una niña que escapó de vuestras garras y creció. Transcurrieron dieciséis años. Battersea 1873, ¿te acuerdas?...").
El lector queda boquiabierto a raíz del inesperado descubrimiento.
Dicha estratagema de nuevo se advierte en el capítulo 27. Aquí la joven presentada como futura inmolada en un sacrificio humano acabará ayudando a que su ejecutora, la asistente satánica, sea degollada en su lugar. En un desenlace insólito la perversa Diana se agacha para recoger el cuenco donde se derramará la sangre de la sacrificada, cuando: ("...sintió un doloroso tirón en la nuca. Jalaban con vigor de su luenga cabellera azabache...Un segundo brazo la sujetó y la arrastraron sobre la mesa ritual. La víctima ya no yacía allí. Se había bajado de ese lugar destinado al sacrificio y ayudaba al discípulo a izarla en vilo...").
A su vez el thriller traza, en su andadura, líneas e historias paralelas. Los dos protagonistas experimentarán un arco de evolución y crecimiento. El arco de Bárbara Doyle muestra que se ha vuelto cada vez más fuerte con el transcurrir de la urdimbre. Desde su aparición la periodista y detective es pintada como una contestataria, una rebelde victoriana. Pero en los cuadros postreros cobrará mayor consistencia aún, hasta disputar la prominencia a su jefe y pareja. Este personaje femenino genera empatía e induce al asombro cuando, en un giro efectista, desnuda su genuina identidad: sabremos que era la niña (ahora crecida y devenida mujer) que, dieciséis años atrás, huyó junto a su hermano adolescente y se salvó de ser sacrificada por la cofradía diabólica en la escena del preludio.
Por su lado, sobre el arco de desarrollo de Arthur Legrand recae el peso del argumento. Se nos hace seguir sus pasos en toda la parte inicial y durante un tramo de la segunda sección. El personaje está definido y “redondo” desde su génesis. Es el detective sagaz y valiente que lidera las pesquisas para detener a los homicidas. En este sentido no sufre cambios, es un individuo sólidamente construido pero previsible, a diferencia de Bárbara.
*Fragmento de la reseña "El animal más peligroso. Un thriller victoriano" en el sitio web: marcelomoreno.blogspot.com, 12 de agosto de 2016.
Enlace: https://marcelomorenop.blogs..
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marcelomp
 11 January 2020
De las mejores novelas policíacas que he leído, el detalle descriptivo de las escenas hace que te sumerjas rápidamente en el ambiente de la novela. La novela es una mezcla entre acontecimientos históricos y ficticios que se entrelazan y relacionan muy bien. Los personajes de la novela también son una mezcla de realidad y ficción, cada uno de ellos muy bien caracterizado y definido. En la novela se siguen muy de cerca los crímenes cometidos en el distrito de Whitechapel durante la época victoriana y se relacionan con los cuerpos encontrados en el río Támesis durante la misma época. Los protagonistas irán en busca de los responsables de tales crímenes y crearán relaciones y teorías sobre los sucesos ocurridos, algunas de ellas caerán y otras seguirán adelante, cada vez un paso más cerca de encontrar la verdad.
Gran novela, amena, mantiene la intriga del lector hasta el final. Pueden ver una reseña completa en mi blog: https://marcelomorenop.blogspot.com/2016/08/resena-de-el-animal-mas-peligroso-un.html
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augusto_giussi
 20 January 2020
El entramado de esta novela gira en torno a las históricas fechorías de los dos asesinos en serie más macabros de la Inglaterra victoriana, como fueron Jack el Destripador y el Asesino del Torso de Támesis, quienes en esta ficción son perseguidos por los detectives que lidera el investigador francés Arthur Legrand. La lectura me dejó un buen sabor y la recomiendo sin reservas. En mi opinión, el autor de este thriller no solo ha sabido desarrollar el argumento de forma amena y didáctica, sino que consigue azuzar nuestra curiosidad lectora por varios personajes que aparecerán a lo largo de la narración. Su forma de ambientar y de realzar los escenarios, recubiertos de un halo siniestro y misterioso, nos guía no sólo a iniciar un viaje al pasado, a esa década oscura londinense sino que, quizás también, nos incitará a buscar más información sobre los personajes y eventos que en el libro se mencionan.
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Citas y frases (10) Ver más Añadir cita
nibiaypukinibiaypuki09 January 2020
Debían apresurarse. Era una ofrenda al Gran Satán, no una carnicería. Por lo menos no lo sería mientras la persona a inmolar estuviera con vida. Luego habría que esparcir sus restos trozados por el río, conforme preceptuaba el libro sagrado. Pero ahora no había por qué infligir dolor inútil. La asistente rogó con su mirada al encapuchado que no se retrasara más. Los enrojecidos ojos bajo la máscara asintieron. Ya había aferrado por el cabello a la mujer tendida. Dirigió el filo de la daga a la vena yugular y cortó.
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gabrieligabrieli11 January 2020
Arthur lo desafió sosteniéndole la mirada. Pero no podía hacer más que ello; estaba indefenso. Sus brazos y sus piernas continuaban negándose a obedecerle. Su atacante se arrodilló a su costado y alzó el brazo armado apuntándole hacia el cuello inerme. Buscaba cercenar la vena yugular, como era su costumbre. El Asesino del Torso se aprestaba a inferir a su nueva presa el golpe de gracia.
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Gabo11Gabo1111 November 2022
Miró en dirección al jefe supremo en busca de ayuda. Entonces lo vio. No a su cara oculta por la máscara, sino a su enorme mano cerrada empuñando la daga. Ese brillante filo que descendía cual un rayo sobre su garganta, buscando herir la vena yugular. Casi no hubo dolor. La larga práctica en degollar hizo que Diana muriera rápido. Sus ojos en blanco no pudieron ver cómo el cuenco rebosó de líquido rojo que fue derramándose, tras la inicial copiosa salpicadura. Tampoco vio cómo la joven con el seno al aire, violando las reglas de aquel rito sacrílego, quitaba el embozo del rostro de su maestro y le besaba en la boca.
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nibiaypukinibiaypuki11 January 2020
_Te lo explicaré. Soy una mujer cobrándose justa venganza. Y para los asesinos de tu especie...la mujer es el animal más peligroso.
Apoyó la planta de su pie izquierdo contra un hombro del prisionero y, reuniendo todas sus fuerzas, empujó. El cuerpo resbaló sobre el tablón inclinado, despeñándose al vacío con un sordo chapoteo.
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LuniLuni20 January 2020
El joven se mostraba en extremo nervioso mientras acarreaba su bolsón. No era para menos. Ya había salvado los obstáculos de las vallas exteriores, colándose entre el esqueleto de hierro y cemento. Debía descender raudamente por aquel hueco negro y llegar, lo antes posible, al sótano.
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Vidéo de  Gabriel Antonio Pombo
Gabriel Antonio Pombo disertando sobre historias de asesinos en serie tristemente célebres en el Primer Congreso Latinoamericano sobre "Mentes Criminales". Sala del Instituto Kolping (Montevideo-Uruguay), 12 de abril de 2014.
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