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Crítica de Samarkanda


Samarkanda
14 enero 2021
La novela comienza en Saint-Malo, un cantón de la Bretaña francesa que está bajo dominio alemán, y, más concretamente, el día 7 de agosto de 1944 cuando se produjo el bombardeo masivo al que fue sometida la ciudad para proceder a su liberación por parte del ejército estadounidense. Saint-Malo fue una de las fortalezas portuarias que, junto a Brest, Chesburgo, La Rochelle, le Havre y otras más, conformaba parte del denominado Muro del Atlántico (una serie de puntos estratégicos que tenían como misión impedir la invasión de Europa por parte de las tropas aliadas procedentes de Gran Bretaña).

Así es como conoceremos a Marie-Laure y a Werner en los días previos al bombardeo, dos jóvenes para los que la vida no ha sido nada fácil y menos en tiempos de guerra, sin embargo, Doerr nos retrotrae a años anteriores para que les conozcamos siendo niños de seis y siete años.

Por un lado, Marie-Laure vive en París junto a su padre Daniel -encargado de las llaves del Museo de Historia Natural- y se queda ciega a la temprana edad de seis años. Aprenderá, gracias a las reproducciones a escala que construye su padre de la ciudad, a desenvolverse por las calles, los jardines y galerías del museo como lo hacía cuando podía ver pero todo su mundo cambiará cuando los alemanes ocupen París. Padre e hija se ven obligados a huir a Saint-Malo donde vive Etienne, el tío abuelo de Marie-Laure al cual no conoce. Allí tendrá que volver a empezar de cero a conocer la ciudad –volverá a ayudarla la nueva maqueta que construye su padre-, sus rincones, olores así como a su tío abuelo y a Madame Manec.

Por otro lado tenemos a Werner, un huérfano que vive con su hermana Jutta en el orfanato que dirige Frau Elena junto a otros niños que han perdido a sus padres y cuyo destino es trabajar en la mina de Zollverein en cuanto cumplan quince años. Sin embargo, Werner no es como los demás chicos de su edad; es muy inteligente así como capaz de reparar y crear cosas, entre ellas, arreglar viejas radios con la que él y su hermana escuchan un programa de ciencias para niños emitido desde Francia. Esa habilidad reparando radios y emisoras le llevará a cambiar su destino cuando es enviado a una de las escuelas más prestigiosas de Alemania.

A partir de aquí iremos viendo la evolución y el devenir de ambos personajes así como de los secundarios que los rodean porque éstos también tienen relevancia a lo largo de todo el libro. Sus historias se irán intercalando hasta que llega el inevitable momento en que las vidas de Marie-Laure y Werner se encuentran.

El cómo y porqué os dejo que lo descubrías vosotros pero desde ya os digo que es una historia que merece mucho la pena y que no os eche para atrás el tema de la II Guerra Mundial ya que no es la típica historia donde se hable de la masacre a la que fueron sometidos los judíos o de los campos de concentración. No os voy a negar que hay pasajes duros a los que nadie debería enfrentarse pero tampoco son demasiados ni el autor se recrea en ellos.

La luz que no puedes ver es una historia diferente; muy bien narrada, con un estilo impecable pero sin artificios que te envuelve desde las primeras páginas con unas buenas descripciones, trasladando al lector a cada uno de los lugares donde trascurre la acción y donde la abundancia de diálogos y los capítulos cortos hacen que las más de seiscientas páginas pasen sin que te des cuenta.

Otro punto a su favor son los personajes, todos y cada uno de ellos están muy bien definidos y es inevitable no terminar cogiéndoles cierto cariño. Aunque Marie-Laure y, sobre todo, Werner dejan poso no puedo dejar de destacar dos personajes que para mí han sido maravillosos: el tío abuelo Etienne y Madame Manec. Etienne es un hombre que vivió la Gran Guerra y desde entonces no ha sido capaz de volver a salir a la calle, sus miedos y recuerdos le vencieron hace tiempo y sigue anclado en el pasado pero las circunstancias, así como Marie-Laure, le obligarán a recuperar el dominio de sí mismo. Madame Manec es más que una empleada del hogar, es una madre para Etienne, Marie-Laure y todo aquel que la necesite, una mujer que hace maravillas en su cocina con los pocos ingredientes que tiene, siempre dispuesta a escuchar y a ayudar y hasta se convertirá en cabecilla de la resistencia de un grupo de señoras.

Respecto al final sí que puede resultar un poco predecible pero tampoco lo cambiaría ya que, desde mi punto de vista, es el idóneo puesto que otro sería demasiado forzado y de esta manera no quedan flecos sueltos.

Una historia emotiva y, como decía anteriormente, diferente sobre la II Guerra Mundial que merece la pena ser leída y que ha sido galardonada con el Premio Pulitzer, entre otros. Si os animáis a leerla permitirme una pequeña recomendación: recorrer las calles y lugares –ya que son reales- con Google Earth pero viéndolas desde las perspectivas de los personajes y la época en la que está ambienta la historia y la disfrutareis mucho más. Tal vez sea demasiado frikie pero, como dijo Emily Dickinson, “Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro”.

Enlace: https://libropoli.blogspot.c..
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