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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
17 diciembre 2017
¿Todavía estamos en Navidad? Aunque solo sea por horas, cumplo con lo que me había propuesto y cuelgo el otro libro de relatos navideños que he leído en estas fiestas. A diferencia del de Agatha Christie este sí se puede considerar navideño-navideño, puesto que viene de la mano del que sin duda es mi escritor favorito, y al que se considera el "inventor de la Navidad" (o, si esto suena un poco grandilocuente, el impulsor de la Navidad tal y como la conocemos hoy en día). Sí, hablo de Charles Dickens. Pero en mi línea, no he querido tirar por lo evidente, A Christmas Carol, y me he decidido por una colección de relatos bastante desconocidos publicados por Alba hace 3 años (y que de hecho estaban inéditos en castellano hasta esta publicación).

En total son 5 relatos los que componen el libro, que juntos no van más allá de 80 páginas, lo cual da una idea de la brevedad de cada uno de ellos. Los comento un poco por encima. Repito lo dicho arriba, adoro a Dickens, así que lo mismo no soy muy objetiva. Pero qué grande era... ES.

El relato que da título a la novela, La Navidad cuando dejamos de ser niños (1851), es el único de los 5 relatos que no narra una historia. Es una reflexión un tanto filosófica sobre esta celebración en sí misma, su significado, lo que se espera de ella cuando eres una persona adulta y has perdido el candor infantil; como se recuerda a los que no están y como anhelas tener junto a ti a los que sí están; tiempo de reconciliaciones, perdones, de abrir tu corazón a aquellos a los que se lo has cerrado por la causa que sea. Ya digo que es una reflexión filosófica sobre lo que debería ser y que ciertamente todos sabemos que no siempre acaba siendo. Pero leyéndolo y poniéndolo en contexto te das cuenta que todo lo que asociamos a la Navidad está ahí escrito, en esas diez páginas, y entiendes perfectamente por qué se considera a Dickens el redescubridor de la Navidad. Todo lo que "se nos vende" en la actualidad con respecto a ella, nació con él y sus historias y relatos navideños, y este en concreto es como un compendio de todo lo que para él significaban estas fechas.

El cuento del pariente pobre (1852) parte de la costumbre de contar historias durante las reuniones familiares. En él, Michael, un hombre de más de sesenta años y al que todos conocen como el "pariente pobre", es el encargado de contar la primera historia. Y se decide por contar la suya propia: tal y como la ven los demás, tal y como él la ve, y tal y como es en realidad... o eso parece. Se repite en incontables ocasiones durante el relato que el hombre es el peor enemigo de sí mismo, y que nuestras debilidades nos conducen por caminos que en muchas ocasiones no nos merecemos pero que tampoco hacemos nada por evitar. Un buen relato sobre la apariencia de las cosas y el modo en que cada cual decide verlas.

Vamos con el tercer relato. No sé si le ocurre a todo el mundo, pero a mí siempre me ha fascinado cómo Dickens cogía una idea a priori sencilla, una idea sobre la que reflexionamos o pensamos un millón de veces sin darle demasiada importancia por ser algo natural que vemos día a día, y la convertía en algo maravilloso, expresado con las palabras justas y perfectas que conformaban una historia bella. Así tal cual. Bella. Pues eso es El cuento del niño (1852). ¿Esa idea natural como la vida misma? No os la puedo decir porque, aunque conforme se va leyendo se va comprendiendo, hay que hacer eso mismo, leer para comprender. Si os la chivo pierde todo su encanto.

El cuento del colegial (1853) tiene un tono más bonachón y moralista, donde se da vueltas al ya recurrente tema del abuso sobre aquellos seres que consideramos inferiores a nosotros, del buen corazón del que hacen gala estas personas a pesar de las humillaciones y persecuciones a las que se ven sometidas, y a las muchas vueltas que puede dar la vida. Y al perdón, siempre el perdón como base en muchos relatos de este tono... el dar la mano a aquellos que nos hacen sufrir para no ser jamás como ellos ni rebajarnos a su mala fe.

Y termina la colección de relatos con El cuento de Nadie (1853). A lo grande. Dedicado a ciertas personas que no voy a nombrar aquí para no desvelar el final del cuento. Una crítica feroz hacia las clases dirigentes, hacia aquellos que se erigen en portavoces de nuestros destinos sin estar preparados para ello, sin haber hecho nada meritorio que les coloque en ese lugar, y que solo buscan su propio beneficio. A las muchas facciones en que se dividen pretendiendo ser muy distintos entre ellos cuando todos buscan lo mismo, sin importarles nada las vidas de los seres que tienen entre sus manos. Lo dicho. A lo grande.

Y qué grande era Dickens. Siento el testamento, pero es que este hombre me hace hablar, hablar, hablar. Muy recomendable. :))
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