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Crítica de lavidademisilencio


lavidademisilencio
23 febrero 2021
La vida de Martine, que más adelante cambiaría su nombre por el Betty, avanza apaciblemente. Demasiado pronto, pierde a su madre Pauline, y queda al cuidado de su padre. Seguirán creciendo juntos, aprendiendo a ser padre e hija, soportando el dolor de la ausencia de una madre y una esposa.

Los años siguen pasando para Betty: estudia, trabaja y, mientras tanto, encuentra a alguien con quien pasar el resto de su vida y formar una familia. Sin embargo, pasados los treinta le ocurre algo que cambiará el rumbo de su vida para siempre... Deja de envejecer.

A partir de entonces, los años ya no harán mella en su rostro, ni en su cuerpo, pero sí lo harán en su interior. Mientras todo —y todos— a su alrededor se cubre de tiempo, ella permanece imperturbable.

Lo que toda mujer desea, una belleza que no es efímera, se convierte para Betty en una cruz, una carga. ¿Podrá soportar mirarse al espejo sabiendo que, bajo ese rostro de treinteañera, se esconde una mujer mucho mayor?

La mujer que no envejecía es una novela de 184 páginas. Dividida en 3 partes —tituladas como intervalos de edad de la protagonista— sus capítulos son cortos y están sin numerar. Esta estructura ha agilizado muchísimo la lectura, además de dinamizar el avance del tiempo y dar la sensación de que realmente crecíamos junto a Betty.

La novela está narrada en primera persona y de forma cronológica (obviamente, la más lógica para esta historia). Ambientada en la Francia de los años 60 —hasta los 2000—, son las referencias culturales lo que más me ha sacado de la novela. Que sea una época que yo no conocí, añadido al hecho de que sea en Francia, me hizo perderme en algunos detalles de la narración que, aunque no fueran cruciales para seguir el hilo de la historia, sí me dejaron con la sensación de no entender completamente lo que me estaba contando el autor.

El ritmo es pausado —que no lento— y te deja saborear cada palabra. La novela está narrada con la sencillez de alguien que te cuenta los momentos más relevantes que ha vivido desde que nació hasta que envejeció (o, en este caso, hasta que su fecha del DNI decía que era anciana). Es en este paseo tranquilo por todos los años de una vida donde radica la belleza de esta historia.

En cuanto a la pluma del autor, me ha dejado embelesada desde la primera hasta la última palabra. Su manera de ponerte en la piel de la protagonista, de transmitirte sus sentimientos, sus miedos, sus esperanzas... La conexión que estableciera con los personajes me ha llevado en más de una ocasión a las lágrimas. Aunque antes solía llorar con más facilidad, cada vez me cuesta más que un libro me emocione hasta tal punto y eso dice mucho del autor y su maestría con las palabras. Grégoire tiene un estilo muy cercano y poético, pero consigue no caer en clichés ni palabras vacías.

De la trama han sido múltiples los aspectos que me han gustado, por no decir que me ha enamorado toda la historia en sí.

El mensaje que más mella ha dejado en mí ha sido el de que la vejez no implica la pérdida de la belleza. A lo largo de la mujer que no envejecía se van exponiendo uno a uno todos los cánones de belleza a los que queda sometida una mujer desde que nace hasta que muere. de ella se exige que se mantenga joven para seguir considerándola bonita. de ahí parte la crítica central de la novela; con la pérdida de capacidad para envejecer de la protagonista el lector se da cuenta de que el paso del tiempo es algo que celebrar. Significa que seguimos vivos, que las personas que nos quieren nos están viendo crecer a su lado; cada arruga cuenta nuestra historia.

También se trata durante la lectura temas como la maternidad y la paternidad. El autor le da gran importancia a la figura de la madre en el desarrollo de una persona; en esta historia la protagonista pierde a la suya tan pronto que a penas tiene tiempo de aprender de ella. Es aquí donde entra la figura del padre, en su esfuerzo por cumplir tanto su papel como el de su mujer ausente.

En La mujer que no envejecía también se habla de que la familia muchas veces no viene determinada por la sangre.

En cuanto al final, aunque gustó —de hecho me hizo llorar a lágrima viva—, hubiera preferido algo un poco más realista (todo eso partiendo de que el hecho de una persona no pueda envejecer ya es, en sí, poco fiel a la realidad).

Los personajes de la mujer que no envejecía me han resultado fascinantes. Empezando por la protagonista, Betty. Me ha encantado cómo el autor ha conseguido que el lector crezca con ella y la acompañe en los momentos más importantes de su vida. Que la novela esté narrada en primera persona también ayuda a comprender sus sentimientos y sentir su dolor; le está ocurriendo algo que no entiende, sobre lo que no tiene ninguna clase de control y que, para todo el mundo es una bendición, excepto para las personas que a ella le importan.

André, el marido de Betty, ha despertado en mí sentimientos contradictorios. Aunque le he odiado en alguna ocasión por las decisiones que ha tomado, en el fondo es perfectamente comprensible su postura.

También tenemos a Odette, la mejor amiga de Betty. Odette ansía todo lo que su amiga tiene, la belleza que todos los hombres parecen buscar en una mujer. Sin embargo, ella no cuenta con el "don" de Betty, y tendrá que encontrar otros medios para rejuvenecerse. Me ha gustado mucho cómo el autor ha reflejado en ella los cánones de belleza femeninos y las exigencias de la sociedad para que se alcancen.

Un personaje de gran relevancia para la trama es Fabrice, fotógrafo y novio de Odette. Uno de sus proyectos consiste en fotografiar a una persona una vez al año con la misma ropa, la misma pose y la misma expresión. DE este modo, se puede percibir el paso del tiempo entre fotografía y fotografía. Siempre me han gustado mucho los proyectos de este estilo y que fuera un pilar esencial de la novela me ha fascinado.

Otro personaje del que he disfrutado mucho ha sido Françoise, la segunda mujer de su padre. Su vida no ha sido fácil y, aun así, encuentra la fuerza para ser un apoyo fundamental para otras personas. Me ha resultado un personaje de lo más entrañable al que le he cogido mucho cariño.

En definitiva, todos los personajes —me dejo algunos en el tintero— juegan un gran papel en la trama y, sobre todo, en el desarrollo de la protagonista. El autor ha sabido darle a cada uno un espacio adecuado en la narración.

En definitiva...

La mujer que no envejecía es un canto a la belleza oculta en el paso del tiempo, una crítica a los cánones que exigen que un cuerpo permanezca imperturbable para considerarlo bonito. A la protagonista de la novela se la priva de envejecer y, con ello, encuentra en su vida más obstáculos que ventajas. Grégoire Delacourt consigue, a través de una magnífica y poética prosa, emocionar al lector y transformar su percepción sobre la belleza y la vejez. Se llega a la última palabra de la novela sabiendo que ambos son conceptos, lejos de ser contradictorios, van de la mano.
Enlace: http://lavidademisilencio.bl..
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