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Crítica de CARMINA


CARMINA
05 noviembre 2018
Marcial Lison es el alma de Muertes de sobremesa, es el PERSONAJE, si en mayúsculas, es la piedra sobre la que descansa toda la trama y si me apuras él es la novela. Marcial es hosco, huraño, antisocial, y sin embargo tiene un aquel que atrae y repele al mismo tiempo, como dije no hace mucho, Marcial es el tío incómodo que hay en todas las familias, que no sabes si va a ser el alma de la fiesta o va a hacer que todo salte por los aires. Y el contrapunto a ese ser irónico, irreverente, que no siente ni padece es su fiel galga Sola, ella es quien humaniza a Marcial, ella es la que nos hace ver su lado tierno, si es que se puede decir que lo tiene.

Sin movernos de los personajes David dibuja con trazos precisos, todos y cada uno de ellos, nos los va mostrando desde el principio para que la evolución sea visible, la podamos aprehender, de ahí que la nueva compañera de Lison, Zoe, sea una chica apocada, tímida, una agente recién llegada que queda intimidada por la arrolladora personalidad del inspector, sin embargo la vamos a ir viendo ganar terreno, derribando barreras de Marcial, haciéndose un hueco a pesar de las reticencias y de las escollos que este le pone por el camino.

También iremos desvelando la personalidad de Santibañez, el antiguo compañero de Marcial, vamos a asistir al dolor del inspector por descubrir secretos que no lo dejan precisamente en buen lugar, de esa manera al final también nos iremos conformando una visión más amplia de este y de su mentor el Inspector Villanueva, un policía a la vieja usanza, con sus lealtades, sus corruptelas.

Pero hay un personaje más, y este es la ciudad de Cartagena, donde David ha vivido su infancia y su juventud, una ciudad que conoce y por la que nos invita a pasear sin hacer grandes alardes, sin ralentizar la trama, sin embargo, si alguna vez viajo allí seguramente seré capaz de reconocer algunos de los enclaves que menciona.

Dejando a un lado los personajes me voy a meter de lleno en la trama, se nota que David es conocedor de los procedimientos policiales, sin embargo no abruma al lector con ellos, los mete con mucha naturalidad, como el dice no se mete en camisa de once varas que puedan dejarle al descubierto carencias, y eso el lector lo agradece porque en ningún momento se rompe el ritmo.

Y precisamente este es uno de los méritos de David el crear una novela en la que en todo momento pasa algo, en la que la identidad del Asesino del café no es precisamente lo más importante, si no que le llevó a matar a esas mujeres y el porqué de la puesta en escena que realiza, quizás por ello en algunos momentos pone las cartas sobre la mesa demasiado pronto, y el lector avezado es capaz de adivinar quien se esconde tras él.

Llama la atención en una primera novela el uso del lenguaje que hace, sencillo, pero a la vez con figuras retóricas, en algún momento no usadas del todo con naturalidad, aún así hay mimbres, muy buenos mimbres que estoy segura que nos irá mostrando en nuevas entregas, porque en la primera ya sorprende y deja al lector con ganas de más, con esos finales abiertos que son marca del autor, y de los que yo precisamente no soy fan.

Espero que con todas estas pinceladas decidas acercarte a Muertes de sobremesa. Una última recomendación, todo autor sostiene y David no es menos que sus novelas a pesar de formar parte de una trilogía se pueden leer independientemente, sin embargo y a pesar de que contextualiza bien y sitúa al lector en todo momento en la trama, si tienes previsto leer Inspector Solo, adéntrate primero en Muertes de Sobremesa, seguro que disfrutas mucho más la evolución de los personajes, pero sobre todo el crecimiento del autor como escritor, y de su forma de escribir que sufre una evolución más que notable.
Enlace: https://detintaenvena.blogsp..
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