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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
18 octubre 2019
El año pasado os traje al blog Templados por el sol, mecidos por el viento, un road trip por el oeste americano en el que se conjugaban personajes y hechos ficticios con reales y que disfruté muchísimo (tanto, que aprovecho la coyuntura y os lo vuelvo a recomendar encarecidamente). Su autora, Marta Currás, ha ganado este año el XXII Premio Literario Nostromo de Novela Marítima con su segunda obra, La memoria de las olas, una obra en la que vuelve a conjugar realidad y ficción pero con un grado todavía mayor de complejidad en la estructura narrativa. Os cuento.

La historia arranca en 1923 desde distintos puntos geográficos. Por un lado conocemos en Leiro (Orense) a Santos, un joven criado en un convento con una extraña condición médica que oculta a todo el mundo y que, gracias a su nuevo trabajo como chófer de don Francisco, y a la entrañable relación que se crea entre los dos, entra en contacto con las fascinantes aventuras de Jules Verne, aventuras que a él le gustaría emular algún día. Por otro lado, en Vigo, conocemos a Cristina Entenza, una muchacha hija de madre soltera que pasa sus días en el puesto de pescado de su madre pero cuyas inquietudes son mucho más artísticas y bohemias. Sabe que no quiere tener un trabajo normal, que el cuerpo le pide encontrar el modo en que mejor pueda expresar lo que lleva dentro, pero mientras tanto tiene que meter dinero en casa. También en Vigo conocemos a los Castroval, una familia de clase alta que se acaba de mudar a la ciudad dado que el padre, Manuel, será el ingeniero jefe la Panificadora que abrirá sus puertas en unos meses. Elvira, su mujer, vive por y para las apariencias, y tiene amargada a su hija, Beatriz, a la que no deja respirar si no es para hacer en hacer una buena boda. Por último, conocemos al capitán Homer K. Lochless y para ellos nos trasladamos a Bath (Inglaterra); Lochless lleva años planificando un proyecto que le llevará a Vigo, al noroeste de España, y aunque cuando busca financiación para su proyecto habla de tesoros y barcos hundidos que esperan en el fondo del mar, en realidad él busca otra cosa que viajaba entre esas monedas de oro, una cosa quizás mucho más valiosa que todos los lingotes del mundo.

Al principio la narración salta de un punto a otro según el personaje al que sigamos en cada momento, pero llega un momento, el verano de 1924, en el que todos ellos (Santos, Cristina, Lochless y los Castroval), junto con algunos personajes más que no me detengo a explicar porque no termino xD, acaban coincidiendo de una manera u otra en Vigo. Allí no solo asistiremos a la titánica empresa de Lochless, que necesitará de los medios marítimos más avanzados de la época para acceder al mítico tesoro de Rande, sino que asistiremos al nacimiento de la primera panificadora industrial española, a una terrible epidemia que parece afectar solamente a algunas de las personas relacionadas con esa panificadora y que se cobra varios muertos, y a una misteriosa desaparición que ocurrió años atrás que vinculará, de la manera más insospechada, a algunos de los personajes que ya os he presentado. Y a todo esto no os he contado que, aunque llega un punto que la narración se concentra en Vigo en los años 1924-25, de vez en cuando nos encontramos capítulos que saltan en el tiempo, hacia delante y hacia atrás sin ningún orden cronológico, ya sea 1930, 2011 o 1971, protagonizados por un personaje que pronto intuiremos quién es, pero no lo que está haciendo o qué es exactamente lo que busca.

Sí, he necesitado dos parrafadas para ubicaros un poco en la historia, pero es que son muchos los personajes principales de esta novela y varias las subtramas que maneja la autora para dar forma al todo que compone La memoria de las olas. Pero creedme, la narración es muy ágil y todo empieza pronto a ir encajando y ensamblándose dentro de la historia y no hay complicación alguna a la hora de leer. Marta no te deja en ningún momento que te pierdas ni que te aburras. Vuelve a hacer uso de una de las señas de identidad que más me gustaron de su anterior novela, y es la combinación de hechos y personajes históricos reales, que encaja a la perfección con la ficcionalidad de la historia y los personajes que ella misma ha creado. Esto supone toda una aventura para una lectora como yo, que leo este tipo de libros con un ojo en google: me fascina ir buscando, encontrando y descubriendo figuras históricas que fueron famosas en su momento y de las que ya nadie nos acordamos, o hechos y sucesos reales que se han convertido en fuente de mitos y leyendas.

Así, y hablando de los acontecimientos y personajes reales que aparecen en la historia, nos sumergimos de cabeza en la batalla de Rande (ocurrida en 1702 durante la guerra de secesión española) y el supuesto tesoro que acabó en el fondo de la ría de Vigo y que, que no hace tanto tiempo, todavía despertaba furor entre los buscadores de tesoros, que pagaban millonadas para poder explorar la zona (hoy en día parece que ha quedado demostrado que es un mito, pero nunca se sabe... xD); también aparece Ruth Mathilda Anderson, fotógrafa norteamericana que desembarcó varias veces en España (al menos dos de ellas en Galicia) y que supone, gracias a las miles de fotos que tomó tanto de la gente de a pie como de sus costumbres, un testimonio único de cómo era Vigo en la época en la que tiene lugar la historia; y gracias a la novela he conocido a Antonio Sanjurjo Badía, un inventor gallego que creó, entre otras muchas cosas, un submarino que llegó a probar ante las autoridades en 1898 y que llegó a estar sumergido hora y media sin ningún problema... jamás se pudo usar el submarino en acción de guerra porque, lo que son las cosas, poco después se firmó el Tratado de París que puso fin a la guerra hispano-estadounidense (para la que se pretendía su uso). En cualquier caso, Marta Currás le da al submarino su minuto de gloria en esta novela y sin él no tendríamos La memoria de las olas :).

Por cierto, esta lectura es casi obligada para los vigueses o residentes y conocedores en general de Vigo, porque te sumerge por completo en la vida social de los años 20, los locales que estaban de moda en la época (unos siguen existiendo, otros no), sus calles (muchas de elas imagino que hoy en día se llaman diferente), los edificios emblemáticos, la vida en general de la gente según la clase social a la que pertenecían, lo importante que era el puerto de Vigo para el funcionamiento y la vida de la ciudad, como convivía el Vigo de principios de siglo con el Vigo que se estaba abriendo al progreso... y la Panificadora, emblema del avance industrial de la ciudad y a la vanguardia de España, que abrió sus puertas en 1924 para abastecer a toda la ciudad y en 1930 ya exportaba a toda España. Hoy en día es un edificio en ruinas, y si no estoy equivocada de estas ruinas, situadas en una ladera de la ciudad, surgió la idea de esta novela. Lo dicho, si yo he disfrutado del paseo cien años atrás, quienes aun encima sepan en todo momento por donde se mueven los personajes, viajarán en el tiempo un siglo atrás y serán conscientes de los cambios que ha sufrido la ciudad.

Marta Currás es una autora muy ambiciosa a la hora de abordar sus novelas, y eso es algo que ya me quedó muy claro con Templados por el sol, mecidos por el viento, una primera obra valiente en la que manejaba muchos elementos que en manos dubitativas hubiesen flaqueado y que ella redondeó en una historia fascinante. En La memoria de las olas no se amedrenta y sube varios grados el nivel de complejidad: vuelve a hacer una labor de investigación y documentación encomiable, pero además introduce más personajes y con ellos más subtramas que hilar en el resultado final. No se conforma con escribir una historia y hacerlo bien, le gusta manejar muchos elementos, cuadrarlos, combinarlos y llevarlos hasta el final de tal modo que todo ocupe su sitio y no haya resquicios ni grietas por los que puedan escapar hilos sueltos. Y me repito con algo que ya dije sobre su anterior novela: Marta escribe muy bien, cuenta lo que quiere contar sin florituras ni pretenciosidades, lo hace de una manera sencilla pero muy cuidada y se maneja igual de bien con la narración pura y dura que con los diálogos. La lectura fluye porque la autora lo pone fácil sin por ello sacrificar la calidad narrativa, aprendes un montón de cosas por el camino y encima resulta muy entretenido.

A todo esto, hay un componente metaliterario genial. ¿Os lo había dicho? ¿No? xD. Qué despistada soy... pues eso, que además de Verne y de sus Veinte mil leguas de viaje submarino (novela que se respira por los cuatro costados durante toda la narración porque es un claro homenaje a las novelas de aventuras con la que Verne ha fascinado a generaciones), hay por ahí algo más que no se desvela casi hasta el final... admito que yo se lo he pillado enseguida porque creo que coincidimos en admiración y me lo tengo ya muy masticado, pero no sé hasta qué punto será evidente para otros lectores. Soy muy críptica, ya lo sé, pero es que cuanto menos sepáis de lo que hablo mejor.

En definitiva, ¿qué es lo que ofrece La memoria de las olas? Pues os diría que es una novela que bebe de muchos géneros, pero en ella sobresalen el histórico por un lado, el costumbrista por otro y todo barnizado con muchas pinceladas del género de aventuras. Además tiene su toque de misterio, varios homenajes a la literatura clásica, personajes buenos, personajes muy (muy) malos, personajes que se mueven en el gris y cojean de los dos pies según las circunstancias... Hay varias subtramas, pero todo está perfectamente ensamblado y las piezas encajan todas unas con otras a la perfección. Tiene sabor a mar, a Galicia, a clásico, a literatura de toda la vida, a sueños que se cumplen y a aventuras que se sueñan y que tal vez (tal vez) puedan llegar a hacerse realidad... y sí, os admito que he adorado toda la historia relacionada con Lochless, todas y cada una de sus aristas, porque en esa parte es donde la autora desborda su amor por ciertos clásicos literarios sin perder en ningún momento su propia voz.

Un placer volver a leer a Marta, de veras. No soy de premios, bien lo sabéis, pero no me extraña que cada cosa que escribe reciba reconocimiento de un tipo u otro. Que por cierto, y me callo ya... la portada, preciosa, es también obra suya :)
Enlace: http://inquilinasnetherfield..
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