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Rosa Martínez Alfaro; (Traductor)
ISBN : 8420419419
Editorial: Alfaguara (18/02/2016)
Resumen:
La última novela del premiado autor mozambiqueño Mia Couto -el «mago de las palabras», según el Neues Deutschland - es al mismo tiempo un misterio fascinante, un conmovedor retrato de la opresión a las mujeres y una confrontación entre las tradiciones y el mundo moderno. Novela finalista al Premio Booker 2015. La confesión de la leona desvela el misterioso mundo de Kulumani, una aldea aislada en Mozambique cuyas creencias y tradiciones se ven amenazadas cuando u... >Voir plus
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Rosa44Rosa4426 enero 2021
“Hasta que los leones inventen sus propias historias, los cazadores serán siempre los héroes de los relatos de caza”.

Proverbio africano

“Todos sabemos, por ejemplo, que el cielo aún no está acabado. Son las mujeres las que, desde hace milenios, van tejiendo ese velo infinito. Cuando sus vientres se redondean, se añade un pedazo de cielo. Por el contrario, cuando pierden un hijo, esa porción del firmamento vuelve a menguar”.

“Todo nuestro presente estaba hecho de pasado”.

—“Todas nosotras, las mujeres, hace mucho que estamos enterradas. Tu padre me enterró; a tu abuela, a tu bisabuela, a todas las sepultaron vivas”.

—“Ha visto leones en los safaris fotográficos, pero no sabe lo que es un león. En realidad, el león solo se muestra en el territorio en el que es dueño y señor. Venga conmigo a pie por la sabana y sabrá lo que es un león”.

“Pienso en el dolor y en el miedo de esas personas. Pienso en el desamparo de esta aldea, tan lejos del mundo y de Dios. Kulumani era más huérfana que yo”.

𠇎n un mundo de hombres y de cazadores, la palabra fue mi primera arma”.

“No hay guerra que se relate. Donde hay sangre, no hay palabras. El escritor está pidiendo a los muertos que le enseñen sus cicatrices.

En ese instante se me ocurre que lo que me complace de la caza es eso: regresar desde más allá de la vida, exento de ser persona”.

“Yo, Mariamar Mpepe, estaba doblemente condenada: a tener un único lugar y a ser una única vida. Una mujer estéril en Kulumani es menos que una cosa. Es una simple inexistencia”.

“Hija y nieta de asimilados, yo no tenía cabida en un mundo guiado por mandamientos arcaicos”.

“¿Estaba hablando de paz? ¿De qué paz?

—Quizás para ellos, para los hombres 𠅍ijo—. Porque nosotras, las mujeres, seguimos despertándonos todas las mañanas para una guerra antigua e interminable”.

“Mi madre hizo takatuka conmigo. Transfirió su dolor a ese árbol que, después, no soportó el peso y murió. El takatuka consiste en eso: en trasladar el mal de alguien a una cosa. Eso es lo que pasó conmigo: Hanifa Assulua cambió las heridas de mi alma por la vida del tamarindo. Eso fue lo que mi padre me reveló en su despedida”.

“Siempre me había preguntado si en Kulumani existían los niños. ¿Se puede llamar niño a una criatura que labra la tierra, corta leña, carga agua y, al final del día, ya no tiene alma con que jugar?”.

“Yo no quería que me llevasen al mar. Solo deseaba regresar al regazo de mi madre y que me acunase, y volver a ser pequeña. Ese era el único mar que quería. Entonces entendí el motivo por el que el padre Amoroso hablaba tanto del diluvio final. Era a lo que yo aspiraba: a que una inundación se llevara este mundo por delante. Este mundo que obligaba a una mujer como Hanifa a tener hijos, pero que no la dejaba ser madre; que la obligaba a tener marido pero no le permitía conocer el amor”.

“tú, Mariamar, puedes ser madre. Yo mismo inventé que eras una mujer seca, infértil. Me inventé esa falsedad para que ningún hombre de Kulumani se interesara por ti. Así te quedarías soltera, disponible para salir y echar nuevas raíces lejos de aquí, libre para tener hijos con alguien que te tratase como a una mujer. Ese hombre lo encontraste. Ese hombre ha vuelto. Yo mismo lo llamé para que volviera a Kulumani. ¿Que cómo lo llamé? Pues como se llama a un cazador. Fabriqué leones y la fama de los leones se extendió por toda la nación”.

𠇏ui yo quien ahogó a las gemelas. Todo el mundo cree que fue un accidente de barco, pero fui yo quien saboteó la embarcación y la lanzó bogando a las olas del mar. Es mejor que aquellas niñas no crecieran nunca, porque solo se hubieran sentido vivas en el dolor, en la sangre, en el llanto. Hasta que un día, de rodillas, pedirían perdón a sus propios verdugos. Como he hecho yo con Genito Mpepe todos estos años.

Fui yo quien condujo a Silência hasta la boca de la muerte aquella madrugada fatal. Era mi hermana, mi amiga. Más que eso, era mi otra persona. Por su parte, sin embargo, los celos eran un obstáculo profundo. Silência siempre quiso ser yo, vivir lo que yo vivía, amar a quien yo amaba. Mi hermana siempre se apropió de mis sueños. Así sucedió con el cazador Baleiro. Enseguida me arrepentí de haberle relatado mis encuentros con el visitante. Porque ella me acusó de invertir la situación, como si aquella historia le perteneciese. En el fondo, lo que la torturaba eran los celos”.

“Todo final es un principio”.
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