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Crítica de Ferrer


Ferrer
08 julio 2019
La escritora chilena Alejandra Costamagna (n. 1970), más allá del aval que un día le diera Roberto Bolaño, es una autora con una trayectoria narrativa a sus espaldas, que ha sido finalista del último Premio Herralde de la editorial Anagrama por su novela El sistema del tacto, lo que supone un espaldarazo a su obra y una difusión internacional, que anteriormente no disfrutaba. de todos los premios de novela, que organizan las editoriales españolas, el Herralde es el de mayor prestigio entre los lectores hoy en día. Luego la novela podrá deleitar más o menos, pero tendrá unos mimbres mínimos. Esta novela los tiene, porque Costamagna, mediante la alternancia de voces narrativas y saltos temporales entre otros recursos, demuestra un hábil manejo de la emoción y nos muestra el interior azorado y desubicado de la protagonista Ania, la chilenita.
La novela comienza con el encargo del padre provecto de Ania: ella debe cruzar la frontera y acompañar a su tío Agustín en su agonía entre seres oscuros y casi olvidados, que prácticamente vegetan en la rutina y el tedio de las poblaciones anquilosadas de tizñe gris y “a medio existir” de Argentina (concretamente Campana), a donde debe viajar desde Chile. En Campana, donde “se han quebrado las certezas de la adolescencia”, Ania aviva los fantasmas recluidos en su seno y “confronta el recuerdo con la ruina” personal aguijoneada por el insomnio. Es entonces cuando el recuerdo de Nélida, la madre de Agustín, asume protagonismo. Atormentada en su exilio y orillada por su inestabilidad mental, “de pensamientos ya sin frenos”, respirando por su familia italiana y resignada en tierra ajena sudamericana, torturada por un sobrino en edad temprana muerto a sus pies, de “nostalgia crónica”, Nélida es como una fonda ineludible en la ruta de los recuerdos de Ania.
La obra se tituló en un inicio La novela de Nélida por ser Nélida el vértice del dramatis personae y Nosotros, los otros, pero finalmente se impuso con acierto El sistema del tacto por ser, para el personaje Agustín, el método más adecuado para escribir a máquina con tacto, con tino, precisamente algo de lo que adolece Agustín en sus relaciones con los demás. de Agustín son los materiales de desecho que funcionan como contrapunto, como entradas de una enciclopedia, párrafos de un libro, fotografías, ejercicios de dactilografía, y que le aportan agilidad a la desmenuzada estructura.
Como curiosidad, indicar que las fotografías tanto de la portada como del interior son de la tía abuela real de Costamagna, quien hizo ese viaje del Piamonte a una provincia de Argentina y tuvo una vida aderezada con secretos sobre los que fabula Costamagna no solo reconstruyendo su pasado, sino dislocando el presente. Una novela con una densa pátina de verdad, con las esquirlas del pasado violento de la guerra, con una persona que se convierte en personaje. No es la mera reconstrucción veraz de una vida, la de Nélida, porque hay demasiadas sombras y porque hay una resonancia vigente, porque hay un afán testimonial del pasado reciente y su vinculación con el presente con el objeto de enfrentar al lector con su realidad actual. Las fronteras entre memoria y ficción, historia y delirio están muy difuminadas y eso convierte a la novela en una construcción estética sobre los otros, sobre aquellos que no pueden ser lo que quisieran ser, aquellos desarraigados que edifican lo extraño dentro de su contexto familiar. Ania no se siente parte de lo que le rodea, está dominada por una incontrolable sensación de desarraigo y “una herida al rojo vivo muy adentro” sin sutura.
Costamagna evita que las palabras no respondan a la necesidad de expresar un pensamiento, imagen o emoción, porque entonces quedan como materia muerta y son negación de lo estético. La lectura debe conmocionar los sentimientos por la intensidad con que los exalta y así lo entiende Costamagna, admiradora de Pedro Páramo y Nocturno de Chile y lectora de la norteamericana Grace Paley y de Nicanor Parra. En definitiva, estamos ante una novela de envergadura de una autora con todo el futuro por delante y con un seductor estilo condensado.
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