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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
28 noviembre 2017
Si digo que la novela negra está de moda no creo que esté descubriendo el Santo Grial. La literatura, como todo, va por modas; que duren un año, dos, quizás cuatro o cinco, depende de muchos factores. Nos bombardean con tropecientos títulos sobre lo mismo hasta que sale una nueva moda. Y que esas modas las crean las editoriales a su conveniencia yo creo que lo sabemos también todos (o deberíamos). En La escritora me he encontrado dos cosas: a una autora que se nota en cada página que adora la novela negra (pero que también tira a dar hacia alguno de sus clichés), y también una crítica feroz al mundo editorial y su manejo de las necesidades y gustos de los lectores (a los que no siempre se nos trata con respeto). A una autora que escribe sobre el género que le gusta pero que al mismo tiempo sabe perfectamente el mundo editorial en el que vive, y lo dice. Porque sí, a ratos parece una sátira sobre las manos que manejan los hilos de los libros que pueblan luego nuestras estanterías y del género pleno de psicópatas que nos invade desde hace años, pero hay que recordar que las sátiras se burlan de la realidad. Y solo por eso la autora ya me ha caído bien, muy bien. Y encima me ha gustado mucho el libro.

Quien primero aparece ante nuestros ojos es la protagonista femenina, Lucrecia Vázquez, quien trabaja para la Editorial Universo escribiendo novelas protagonizadas por el detective Sam Fisher llenas de casquería, asesinatos, mutilaciones... con seudónimo, claro. Una mañana descubre el cadáver de Dana Green (grande la procedencia del nombre), la autora para la que iba a trabajar como negra literaria. Su cuerpo ha sido devorado por ratas mientras aún estaba viva. Tras este asesinato llegan más, como no podía ser de otro modo, y Lucrecia comienza a perfilarse como sospechosa. El encargado de resolverlos es Gerard Castillo, mosso con un pasado un tanto rarito que todavía no ha superado y que huyó a Barcelona desde Madrid. Lucrecia tiene síndrome de Tourette además de varios trastornos asociados a él, un pasado traumático y una personalidad muy compleja; Gerard es buena gente y buen poli pero se dispara con facilidad, tiene accesos de ira, y esa pobre muchacha incapaz de controlar sus tics físicos y vocales le provoca mucha curiosidad. Dos protagonistas un tanto especiales destinados a entenderse mientras las muertes truculentas se suceden una detrás de otra. Gerard no sabe a quién creer y Lucrecia no se sabe jamás si miente o si dice la verdad. Trama servida al canto.

La autora sabe que riza mucho el rizo en algunas situaciones, que todo es como muy rocambolesco, muy de "telenovela", como se llega a decir en algún momento, pero creo que es evidente que es buscado y consciente. Es una novela negra pero con sus propias reglas, riéndose un poco de sí misma, de lo irreales que están llegando a ser estas tramas y esos psicópatas en su afán de ir más allá, de distinguirse unos de otros, cada vez más escabrosos, más sangrientos, más inverosímiles y exagerados... Y aun así no deja de ser una buena novela negra con toques de thriller, más bien ligera precisamente por estos destellos en los que demuestra que es muy consciente de sí misma, con un sabueso que se ríe a carcajadas más a menudo de lo normal y en situaciones no muy apropiadas y, sin embargo, truculenta cuando toca. El sabor de los clásicos del terror también está muy presente y Conde no los esconde: Poe, Lovecraft... Y aunque no se hace mención a este relato en la historia, yo diría que las ratas hambrientas de El entierro de las ratas, del irlandés Bram Stoker, son un precedente claro del método que se usa para los asesinatos.

Gerard me ha caído muy bien (y he sufrido por él, todo sea dicho); Lucrecia no tanto (y mira que lo he intentado). La relación que va surgiendo entre ellos resulta un tanto forzada, la ves venir de lejos y a pesar de todo no molesta. Es como si la trama quisiera alejarse de clichés haciendo precisamente uso de ellos. No me importaría nada seguir las andanzas del sargento, aunque con ese final dudo si la autora tiene algo parecido en mente (espero que sí, Gerard Castillo es un buen poli literario). La ambientación bascula entre Barcelona y Galicia, aunque cuando realmente se luce es en los capítulos ambientados en tierras gallegas. Precisamente sobre el final que comento antes (en el que la autora deja preguntas en el aire y a elección del lector responderlas como prefiera o mejor interprete), me ha gustado y yo tengo mi opinión formada, esté equivocada o no.

En cuanto a lo que comento al principio, la crítica al mundo editorial y a lo particulares que pueden llegar a ser los escritores está ahí constantemente (quizás me equivoco, pero creo que Carmen Conde tiene mucho sentido del humor y de la autocrítica y no tiene ningún reparo en demostrarlo)... e incluso se pone en evidencia a los lectores en algunos casos. Pero hay un párrafo concreto que me encanta. ¿Exagerado? No sé, os dejo juzgar a vosotros... Yo lo he leído ya varias veces y me parece muy acertado, se aproxima mucho a mi opinión sobre este tema. Sé que es largo, pero no lo dejéis pasar, merece la pena.

"¿Qué quieres? Es el mundo editorial que nos da de comer. Así que si Alejandro consigue concluir su novela, la publicaremos con un seudónimo bien raro, que suene a escandinavo. Un seudónimo impronunciable y repleto de ø, æ, ä y ö. Luego, en la contracubierta nos inventaremos varias reseñas extraídas de tres o cuatro prestigiosos y conocidísimos diarios, como por ejemplo The Bananas Republic, The Sri Lanka Independent o The Sebastopol Publishers. Diremos que el autor es un tejedor de intrigas sensacional, que es la nueva voz de la novela negra, o que es un narrador superlativo. Y por si no fuese suficiente, adornaremos el libro con una faja verde chillón que diga que ha vendido un millón de ejemplares en Bután y que ha sido traducido a ochenta y siete idiomas, incluyendo el kikuyu y el arameo clásico... Antes de que nadie se dé cuenta de que es un pedazo truño, ya habremos vendido los cinco mil ejemplares de la primera edición, lo suficiente para recuperar gastos y para que a Alejandro se le caiga la cara de vergüenza cuando comiencen a lloverle las críticas en los blogs literarios, que las habrá. Tú puedes comprar a un par de periodistas que te hagan una buena reseña en su diario, pero a no a cinco mil lectores. Y los lectores no son idiotas, por mucho que a nosotros nos gustaría que lo fueran"

He disfrutado de la historia, se lee fácil y rápido, y esa esencia de novela negra ligera y autocrítica le beneficia. Me he quedado con muchas ganas de leer su primera novela, Para morir siempre hay tiempo, que echando un vistazo también está protagonizada por una escritora difícil. No sé si es una dinámica que la autora tiene intención de continuar o si solo es coincidencia, pero yo encantada porque adoro las novelas protagonizadas por escritores con problemas, muchos problemas (Stephen King tiene la culpa).
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