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Crítica de vedacris


vedacris
20 octubre 2021


"Llego aquí con una historia de carne pegada a la memoria igual que vendría con las manos untadas de grasa si hubiese estado explorando con ellas los adentros de un coche. He intentado limpiármela con todo: con el frío, con el hambre, con el dinero, con otras mujeres, con el cine, con la literaura, con la miseria, con la oscuridad... inútil. Sólo queda hablar. Y el tiempo. Y en lo que me queda de vida no volver a meter las manos en un motor, lo cual es terrible, porque a estas edades se da una cuenta de que ya ha pasado el gran amor, el gran salto, la gran opción, la gran historia, la gran parte de su existencia."

Así comienza Dame placer y apenas unas páginas después ya sabía tres cosas:
1) Que me iba a encantar
2) Que me iba a resultar complicadísimo hablar de este libro
3) Que a pesar de tener poco más de ciento cincuenta páginas iba a ser una lectura lenta y pausada que no iba a terminar con la velocidad acostumbrada, ya que, aunque en prosa, es pura poesía lo que tenía entre las manos y, según dicen, que a mí nunca se me ha dado bien la poesía, ésta precisa de la pausa y el sosiego.

Dame placer es un largo monólogo-confesión de una mujer madura en plena crisis existencial, crisis originada por la ruptura con la mujer que ha sido su pareja durante un largo periodo de tiempo.

No sabemos con quién habla, ante quién se confiesa, pero a medida que vamos avanzando en la lectura podemos sacar algunas conclusiones. Las mías no voy a desvelarlas en esta reseña, ya que de hacerlo podría condicionar vuestra lectura.

¿He dicho ya que me resulta muy difícil hablar de este libro? Ummm... a ver... resumen... Dos mujeres se enamoran, se conocen (no, no he equivocado el orden), se devoran, se desengañan y rompen. Fin. ¿Ya está? Sí, pero no. Estos podrían ser los actos de la obra, pero, ¿qué hay de todo lo que lo acompaña?, ¿qué ocupan las ciento cincuenta y seis páginas de la novela?

Olvido, destino, nostalgia, recuerdos, locura, memoria, dolor, amor, pasión, masoquismo, infidelidad, el paso del tiempo, ausencias, desolación, desesperación, dependencias, el cuerpo como objeto de deseo, como fuente de placer y como prueba de degradación. Metamos todo esto en una coctelera (digamos la mente de la protagonista/narradora), mezclemos con unas gotas de infancia y juventud, una cucharadita de intriga y kilos y más kilos de talento por parte de la autora y ya tenemos nuestro coctel: la narración de una vida, la vida de una mujer desorientada y desequilibrada incapaz de encontrar un punto al que agarrarse, un rayito de luz que la saque de ese sinsentido que es su cabeza y sus recuerdos.

"¡Estoy desesperada! ¿Comprende? La necesito. La necesita mi sangre, mi cuerpo todo. Mi garganta añora el sabor de su placer, el ardor de su sexo y sus latidos, sus contracciones, su fuerza. El vocabulario de su lengua y el lenguaje de sus dedos. Mis manos precisan penetrarla y deshacérsele dentro, convertirla en laguna, en río, en alud; que sea ella miel y yo abeja, y luego ella miel."


Flavia vuelve a demostrar su dominio del lenguaje. Es una lectura muy emocional, está cargadísima de emociones tan bien descritas que es fácil ponerse en la piel de la protagonista, sentir su angustia, paladear su dolor, visualizar sus expresiones pese a no estar éstas descritas. También es, como lo han sido otras obras de la autora, extremadamente visual: descripciones precisas que te hacen ver con claridad los escenarios, los colores, la sábana que envuelve sus cuerpos, las lágrimas resbalando por las mejillas de una, las hormigas del apartamento de la otra...

Las referencias a la memoria, a lo selectivo de la misma, a lo traicionera que puede ser a veces y a nuestro empeño en recordar una y otra vez sin pararnos a confirmar la veracidad de lo recordado, es algo que me ha entusiasmado; reconozco que quizá esto sea muy personal relacionado con la manera particular que tiene mi cerebro de jugar con los recuerdos.

"Se me va la cabeza, con los recuerdos. Se me deshace el estómago, se convierte en un cielo nocturno repleto de estrellas punzantes, que son agujeros infinitos, que son pozos de vértigo por los que caigo veloz, veloz, y recuerdo sin remedio, porque no hay manera de tapar esa hendedura por donde aparece todo sin pausa."


Con continuos saltos en el tiempo avanzan las páginas. Conoces la historia (o al menos una versión de ella), conoces a la protagonista (aunque sólo lo que ella quiere que conozcas y disfrute sorprendiéndote con una vuelta más de tuerca), encajas las piezas (o lo intentas), te sientes identificada (en ocasiones más de lo que te gustaría y/o estás dispuesta a admitir, porque ¿quíen no ha sufrido por desamor?) caes -literalmente- hacia el final y cuando éste llega cierras el libro con un suspiro y la certidumbre de haber estado todo el tiempo en la mente de la narradora. No recuerdo haber estado nunca tan dentro de la cabeza de un personaje literario.

No se trata de una novela para encasillar en el género de literatura lésbica; pese a lo contado hasta aquí por mí no es un "bollo-drama". He reflexionado mucho sobre el detalle de que sean dos mujeres las que forman esta pareja.
En resumidas cuentas, para la toxicidad, el placer, el sexo o la dependencia -llegados al punto que llega esta narración- el dato del género de los componentes de la pareja sería indiferente, pero sí es cierto que para sumergirte en la historia sin ningún condicionamiento relativo al género (igualdad, violencia de, dominio por cuestión de, etc.) era necesario que fueran dos mujeres.

Desde mi punto de vista, si hubiera sido una pareja heterosexual me habría visto inducida a leerlo con mis "gafas violetas". Si hubiera sido una pareja gay, hubiera seguido inclinándome hacia la concepción de la mentalidad dominadora del género másculino. Sólo siendo una relación lésbica es posible la lectura en igualdad de condiciones por parte de ambas, personalidades a parte.

Para concluir. Es un libro impresionante, difícil de escribir e impactante de leer, original, valiente, quizá también extraño, pero muy, muy, muy recomendable.

"Dame placer y te daré la vida. Es la consigna."

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