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Teresa Clavel lledo (Traductor)
ISBN : 8494642537
Editorial: Gatopardo Ediciones (12/09/2017)

Calificación promedio : 4/5 (sobre 5 calificaciones)
Resumen:
En La muerte de la mariposa, Pietro Citati construye con absoluta precisión el esplendor y la caída de una de las parejas más exitosas y envidiadas del Hollywood de la década de los treinta: el escritor Francis Scott Fitzgerald y su esposa Zelda Sayre. La gran complicidad de su relación fue un vínculo que duró toda la vida, pese al alcoholismo de él y la locura de ella, que, afectada de esquizofrenia, pasó la mayor parte de sus días recluida en clínicas psiquiátrica... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (5) Añadir una crítica
Inquilinas_Netherfield
 28 noviembre 2017
Si pensáis en una biografía normal, os vendrán a la cabeza un número variable de páginas, pero nunca menos de unas cientos. La muerte de la mariposa consta de cien, solo cien, y podría decirse que incluye tres biografías, nada menos: la del escritor Francis Scott Fitzgerald por un lado, la de su esposa Zelda por otro, y la de la vida de ambos en común. Haceos una idea de la economía, precisión, maestría, y casi genialidad, que requiere el uso de las palabras por parte del biógrafo, porque no puede desperdiciar ni una sola de ellas. Y eso mismo hace Pietro Citati. Es lo primero que leo de este autor, y me he quedado con muchas ganas de repetir.
La muerte de la mariposa se adentra en la relación de una pareja que aunque aquí nos resulte más lejana, en círculos literarios y hollywoodienses dio y sigue dando mucho que hablar (se ha llegado a hacer alguna serie de televisión sobre el tema). Aun así, tal y como digo, para entender lo que llegaron a ser estas dos personas juntas y ese extraño vínculo que los unía, Citati se esfuerza incansablemente durante todas las páginas en hacernos comprender a Francis y a Zelda como entes individuales, ya muy complejos de por sí, que arrastraban muchos demonios internos que, juntos como pareja, y a pesar de lo mucho que se amaron, fueron incapaces de contener. Más bien lo contrario.
Acerca de esa historia de amor, no estoy seguro de nada. Como le dijo Jozan a Nancy Milford, los Fitzgerald eran ambos mitómanos y mentirosos: "Aquel par necesitaba el drama, los dos lo inventaban y tal vez eran víctimas de su inestable y un tanto morbosa imaginación".
Citati describe a Scott Fitzgerald como un hombre vanidoso (aunque no orgulloso), que buscaba por encima de todas las cosas gustar. Tenía ansias de gloria, quería el éxito. Y ese querer gustar a toda costa acabó convirtiéndose en una obsesión para él. No tenía confianza en sí mismo, no se respetaba... se le define como un mitómano incurable, al igual que Balzac, que soñaba con un futuro lleno de triunfos pero vivía un presente lleno de sombras. Fitzgerald era, en sí mismo, una grieta.
Zelda Sayre era todo lo contrario, no presentaba fisuras. Lírica, enigmática, extraña, artificiosa, extravagante, vivía en su propio mundo de color y nada ni nadie le daba miedo. Toda la confianza que le faltaba a Francis le sobraba a ella, se consideraba por encima de los demás, se mostraba egoísta, confundía a los hombres que la cortejaban, interpretaba un papel... era como la reina de las mariposas que intentas cazar al vuelo y se te escapa una y otra vez entre las manos. Zelda era más fuerte que Fitzgerald. Siempre buscó un hombre más fuerte que ella, y nunca lo encontró.
Se conocieron en 1918 y se casaron en Nueva York en 1920. Vivieron para amar y ser amados, eran derrochadores, despilfarradores... brillaban como se brillaba en aquella época, con luces de neón. Pero llegó un momento en que, en ese matrimonio, acabaron siendo cuatro: Francis, Zelda, el alcohol y la esquizofrenia. La enfermedad mental de Zelda, latente desde la infancia, explotó cuando se obsesionó, a los 27 años, con convertirse en una bailarina de éxito, una Pavlova. Comenzó a torturarse con repetir los movimientos una y otra vez hasta la extenuación, se infringía castigos corporales buscando la perfección, y la esquizofrenia, hasta entonces agazapada, encontró vía libre para manifestarse.
Fitzgerald siempre se consideró culpable de la enfermedad de su esposa; su alcoholismo alejó a Zelda, la empujó hacia el abismo, y Zelda acabó convirtiéndose en una ciudad fantasma que vivió su vida a partir de entonces saliendo y entrando de clínicas, hundiéndose y resurgiendo de intentos de suicidio, escondiéndose tras falsas curas. Y Fitzgerald bebía, bebía, bebía, porque era la única manera en que podía sobrevivir a su complejo de inferioridad, el único modo que conocía para despertar sentimientos en los demás, para que se preocupasen por él... bebía porque era lo único que sabía hacer bien aparte de escribir.
Al principio de la reseña os decía que en La muerte de la mariposa se condensaban tres biografías en una. No es del todo cierto. Son realmente cuatro las biografías que incluye (o tres biografías y una bibliografía, si hay que ser ajustada), porque la obra de Fitzgerald acapara su particular número de páginas, su correspondiente vivisección y su inevitable protagonismo. Suave es la noche es la novela que Citati defiende como obra maestra del autor, a la que define como la arquitectura de lo efímero, la estructura oculta de las cosas hecha libro. El gran Gatsby apenas se menciona.
Me ha pasado algo muy curioso con este libro. Yo no soy de subrayar, marcar, ni siquiera de señalar con post-its las páginas donde algo me gusta. Sé que mucha gente lo hace, pero yo nunca lo he hecho ni me veo haciéndolo. Solo ahora, para escribir las reseñas, abro las notas del móvil y apunto alguna página donde hay algo que quiero comentar y no quiero que se me olvide, o una cita que me parece importante. Pues con esta lectura tuve que dejar de hacerlo, porque las marcaba casi todas. Una detrás de otra. He apuntado tantas páginas para poneros alguna cita que bien podría reproduciros el libro entero. Y es que ya os lo decía antes: Citati no desperdicia ni una sola palabra.
Tras leer una sola página resulta evidente que este autor, en sí mismo y más allá de su faceta como biógrafo en este libro, es un escritor maravilloso, que trabaja con las palabras de un modo perfeccionista, cuidado, elegante, maestro y, aun así, accesible para el lector. Pero estas escasas cien páginas no deben dar a entender que es una lectura rápida, porque no lo es. El hecho de que cada palabra sea imprescindible, que no sobre nada, convierte a esta lectura en una carrera de fondo, de esas que lees unos minutos y te obligas a cerrar el libro marcando con el dedo la página en la que te encuentras porque necesitas parar y recapacitar sobre lo que acabas de leer y las personas sobre las que estás leyendo... Francis Scott Fitzgerald y Zelda Sayre representan a la felicidad y la desdicha peleando con uñas y dientes. Su único crimen fue buscar la felicidad, y está claro que la desdicha ganó de calle la guerra.
Os digo más. Es imposible hacerse una idea real de lo que se cuenta en esta biografía, de quiénes eran Zelda y Scott, si no se lee. Hay que leerla. Porque se puede intentar resumir lo que en ella se narra, captar retazos, agarrar frases, rescatar destellos, en un intento por conformar un retrato verosímil de estas dos personas y su vida en común, pero es imposible hacerlo como lo hace Citati, imposible acercarse a la perfección de estas cien páginas. Y también es imposible que yo os cuente lo que fue la vida de estos dos personajes en una reseña que no se alargue hasta el infinito, así que lo dejo aquí. Con mi recomendación absoluta, por si no había quedado claro.
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Bajolapieldeunlector
 07 noviembre 2018
Me animé a leer esta biografía sin haber leído nada de Fitzgerald, algo que tampoco creo necesario para disfrutarla, solo con la intuición de que sería una gran lectura y con el respaldo de la buena opinión que leí en "Las Inquilinas de Netherfield".
Citati me ha acercado a la figura de un Fitzgerald de una forma bellísima, pues leer estas cien páginas ha sido un gustazo para todos lo sentidos. He apartado esa idea del Fitzgerald escritor, para conocer a un hombre en su intimidad más personal. No esperaba descubrir que desde que comenzó a escribir buscó el éxito y la fama. Envidiaba la riqueza de los demás y por ello la persiguió con ahínco hasta que la tuvo. Él buscaba ser "uno de los mejores escritores de todos los tiempos", algo que sin duda alcanzó. Aunque no sabemos hasta qué punto tendría que pagar por ello en su vida. Pues en estas páginas se hace evidente cómo su éxito fue apoteósico, se convirtió en uno de los escritores más aclamados, cobrando incluso más que los escritores mejor pagados del momento, aunque se encargó de despilfarrar todo lo que ganaba junto a su mujer Zelda. Las vacaciones, las fiestas y el alcohol se convirtieron en parte de sus rutinas. Una vida que acabo por no ser tan dorada como parecía.
"De este modo, el arte de gustar no tardó en transformarse para él en una terrible obsesión"
Zelda era todo lo contrario a lo que Scott era o poseía. Tenía un carácter atractivo y era intensa en todo lo que hacía, fascinaba con sus conductas y su belleza extraña. Provocaba desde admiración hasta terror, era un espectáculo en vivo. El propio John Dos Passos ya encontró en ella "un toque extraño".
John Dos Passos sobre Zelda: " Pese a que era realmente encantadora, me había topado con algo que me asustaba y repugnaba, incluso físicamente [...]. El abismo que se abrió entre Zelda y yo era una cosa que no podía explicarse."
Para Scott, Zelda era única. Un ser especial que le fascinaba y con quien acabó por casarse, pese a que ella no quería en un principio. Sin embargo, acabaron por convertirse en un binomio especial difícil de separar, tuvieron malas épocas en su relación, incluso con rumores de terceras personas, pero se necesitaban el uno al otro. Se complementaban, de hecho ella fue parte fundamental en todo lo que él escribió.
"Eran la misma persona con dos corazones y dos cabezas; y esos corazones y esas cabezas se volvían apasionadamente el uno hacia el otro, el uno contra el otro, hasta arder en una única hoguera."
Me atrevo a decir que este libro no es una biografía al uso, Pietro Citati habla de la vida de Scott y Zelda dando las pinceladas justas, pues lo que realmente hace es una análisis exhaustivo de sus personalidades, de lo que les llevó a ser, o acabar así. Y lo hace sobre todo analizando las cartas entre ellos dos (preciosas, por cierto), o las frases de amigos o familiares, como su hija Scottie, que no hacen más que reflejar la esencia de ambos. Nos los acerca.
No he leído nada de Scott, pero es evidente que si actualmente se le considera uno de los grandes escritores es por el legado escrito que ha dejado, sin embargo quien más me ha sorprendido es Zelda. Si Scott tenía talento, Zelda no se quedaba atrás. No os voy adelantar en qué ámbitos, solo que me ha impresionado la facilidad para mostrar belleza en todo lo que escribía.
"La muerte de la mariposa" no deja de ser una triste biografía de dos personas fascinantes que está bellamente escrita. Ella marcada por la enfermedad de la esquizofrenia, que la tuvo trasladándose constantemente a numerosas clínicas psiquiátricas en un época en la que aún quedaba mucho por avanzar en relación a sus tratamientos; mientras que el ritmo de vida a él le llevó a ser un hombre alcoholizado que siguió creando grandes historias, a pesar de que todas ellas nacían bajo el influjo del alcohol. Él mismo decía de este que le ayudaba a escribir: "el vino me permitía ver el mundo en su máximo esplendor".
Me parece una lectura para releer, especialmente cuando lea "Suave es la noche", de la Citati habla de forma elogiosa en dos de sus capítulos. Además me da la sensación de que Citati aporta mucho en poco espacio y todo lo que cuenta lo hace de forma muy milimetrada, muy trabajada. Así que releerle será descubrir más cosas nuevas sobre estas dos personalidades fascinantes.
Enlace: https://bajolapieldeunlector..
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Pinky
 07 noviembre 2018
Hace tiempo que tenía curiosidad por conocer más sobre la relación entre Francis Scott Fitzgerald y su esposa Zelda Sayre y sus vidas, y gracias a Masa Crítica, Babelio y Gatopardo Ediciones he podido adentrarme en ella.
Ante todo indicar que la edición es preciosa y muy cómoda para su lectura.
Casi todo amante de la literatura conoce a Fitzgerald como el autor de El gran Gatsby, su obra más conocida. Sabemos que en su obra plasmó parte de su vida en común con su esposa, y que dotó a muchos de sus personajes femeninos con parte del encanto que ella desprendía. Sobre Zelda sabemos mucho menos, y gracias a obras como esta, en la que se nos muestra a ambos y cómo fue su relación, podemos ver el todo y comprenderlos mejor.
Este libro no es una biografía al uso. No se limita a contarnos la vida de Fitzgerald o de Zelda, sino que nos relata también la biografia de su relación. La relación de amor, atracción, fascinación e incluso a veces de odio que mantuvieron a lo largo de su vida.

Él, de origen humilde, obsesionado con gustar a los demás y con ser un triunfador; ella, una niña mimada y consentida, adorada por todos pero con un abismo interior pugnando por salir y devorarla. Dos caras de una misma moneda. Dos hermosas criaturas que brillaban con luz propia, causaban sensación y eran adoradas por todos.
Cuando se conocieron, Fitzgerald quedó prendado de Zelda inmediatamente, de su manera de moverse por el mundo, cual mariposa, bella, cautivadora, efímera. Zelda quedó embriagada por él, por su prometedor futuro, por las cartas que le enviaba y los regalos con los que la colmaba.
El comienzo del éxito de Francis como escritor y su matrimonio con Zelda fueron juntos de la mano. Todo era maravilloso, eran la pareja más adorada y envidiada. En los locos años veinte, ellos encarnaban el ideal. Eran guapos y famosos, embelesaban a todo el mundo, gastaban dinero a espuertas y eran los invitados estrella de todas las fiestas.
El desenfreno, el despilfarro y las deudas, los llevaron a emigrar a Europa con el fin de continuar con su ritmo de vida en lugares más económicos pero llenos de glamour.

Fitzgerald escribía un cuento tras otro por la necesidad imperiosa de dinero. Ese dinero que duraba tan poco en sus manos pero que era tan necesario para poder vivir la vida que siempre había deseado y que Zelda requería.

Pero pronto la felicidad en la que creían que iban a vivir eternamente se vio truncada. Los desecuentros, las peleas y el hastío hicieron mella en su relación. Zelda comenzó a obsesionarse con el baile, hasta tal punto, que desencadenó una enfermedad mental latente, la esquizofrenia. Fitzgerald aumentó su consumo de alcohol, hasta el punto de ponerse en evidencia en público y de creer que si no bebía era incapaz de escribir.
Esto marcó el comienzo de la entrada y salida de Zelda de hospitales psiquiátricos. Ella acabó apoyándose en la escritura, y lo que escribía generaba interés, por lo que Fitzgeral, celoso, intentó evitar que sus escritos vieran la luz.
El declive al que habían llegado los distanció aún más, acabando sus días separados y siendo la sombra de lo que fueron.

Pietro Citati consigue en poco más de cien páginas, a través de pinceladas y de una forma casi poética, cautivarnos con la historia mítica del auge y caída en desgracia de esta enigmática y arrolladora pareja.
Para los admiradores de la obra de Fitzgerald y para los interesados en conocer más sobre su vida es una lectura imprescindible. Y para los que no lo sean o desconozcan a este grande de la literatura, con la lectura de esta magnífica biografía, conseguirán adentrarse en su mundo y que les entren ganas de leer algunos de sus escritos.
Enlace: https://misgrandespasiones-r..
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santialonsoyuso
 28 junio 2018
Dijo Woodrow Wilson –vigésimo octavo presidente de Estados Unidos– que nunca leería un libro si fuera posible hablar media hora con el hombre que lo escribió. Exagerada o no, quizá su teoría se hubiera podido aplicar a la perspectiva que nos brinda Pietro Citati sobre la vida de F. Scott Fitzgerald.
En su reconstrucción sobre el auge y la caída del matrimonio Fitzgerald, el crítico italiano rememora los acontecimientos trascendentales que, poco a poco, fueron sumiendo en las tinieblas una historia que parecía haber nacido para ser eterna.
El de Florencia estructura su trabajo sobre una base conformada por capítulos breves en los que se comentan sucesos y acontecimientos en los que se vio envuelto el matrimonio. La habilidad del escritor permite que el ritmo domine el tempo absoluto de la narración. Acelera cuando la vida de Fitzgerald lo merece y aminora su marcha para dejar saborear al lector cada lance en el que se vieron envueltos Francis y Zelda.
Respecto a la documentación, cabe destacar la minuciosidad de su obra, en la que llega a intercalar discursos y testimonios tanto de la pareja como de amigos y conocidos con los que compartieron su relación, además de fragmentos de la obra literaria del de Minnesota.
No obstante, si tengo que elegir el aspecto clave de la muerte de la mariposa, no sería la rica prosa ni la excelente diégesis elaboradas por Citati. Tampoco el meticuloso legajo con el que viajamos a finales de los años veinte y la década de los treinta. Sería, sin ninguna duda, su epatante habilidad para convertir al lector en un testigo directo más de la caótica vida de Fitzgerald. La facilidad con la que transmite sentimientos y sensaciones provocaron en mí emoción, tensión, enfado y melancolía hacia la figura del escritor estadounidense.
Desde su obsesión imperante por gustar y enamorar a todo el mundo, hasta la autodestrucción suicida con la que se buscó la condición de escritor maldito. Los que hemos disfrutado de su trabajo como literato, podemos ver cómo cuanto más cerca veía el abismo, mayor era su destreza a la hora de crear vidas de tinta.
Una vez más, el paso del tiempo y la dirección inevitable hacia una nada absoluta y catastrófica se convierten en los cimientos no solo de la obra Fitzgeraldiana, sino también de su existencia.
Quizá el mérito añadido de este libro sea su valor para un público que, antes de lanzarse a su (recomendadísima) lectura, deba indagar en la forma de escribir y crear de Scott Fitzgerald para disfrutar del excelso estudio del escritor florentino.
Enlace: https://lacasadelnomada.com/..
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Rustismustis
 05 noviembre 2018
Pietro Citati es un reputado escritor italiano que ha escrito las biografías de, entre otros, Kafka o Tolstói. En el caso de la muerte de la mariposa, nos cuenta la vida de Scott y Zelda Fitzgerald, desde la época en la que se conocieron hasta el final de sus vidas.
Fitzgerald es uno de esos autores que siempre he querido leer y que no sé por qué motivo aún no lo he hecho. El gran Gatsby o Suave es la noche me llaman muchísimo, pero al surgirme la oportunidad de leer este libro de Gatopardo no lo dudé, y me estrené antes con la biografía del autor que con una de sus novelas.
Para mí los libros de Gatopardo son siempre una garantía de éxito. Aún no he leído nada de esta editorial que no me haya dejado, por lo menos, un buen sabor de boca, y La muerte de la mariposa no ha sido la excepción. Este libro no es una biografía al uso, un grueso volumen lleno de datos y fechas. Lo que Citati ha construido es un pequeño relato de apenas cien páginas (yo lo leí en una sola tarde), con capítulos cortos en los que nos va mostrando pinceladas de la vida de los Fitzgerald.
A pesar de que es tan cortito, está escrito con una bella prosa, y Citati muestra un gran cariño por los personajes que nos está retratando. El resultado, en mi caso, fue que acabé con la impresión de conocer mejor a Scott y a Zelda que si me hubiese leído una biografía de mil páginas. Resulta bastante impresionante leer esta historia de amor, que comenzó como un cuento de hadas y fue derivando más bien hacia una pesadilla, en la que el alcoholismo de Scott y la esquizofrenia de Zelda fueron convirtiendo la relación en un volcán siempre a punto de explotar.
En este libro, además, podemos disfrutar con las descripciones de cómo era esa época, los años 20 y 30 en los Estados Unidos, que nos hacen comprender mejor cómo fue la vida de la pareja protagonista. No dejéis pasar la oportunidad de leer esta biografía, porque no os llevará más de dos horas de vuestro tiempo pero os dejará la grata sensación de conocer mucho mejor a una pareja tan especial.
Enlace: http://rustisymustis.blogspo..
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Citas y frases (5) Añadir cita
Inquilinas_NetherfieldInquilinas_Netherfield17 diciembre 2017
Acerca de esa historia de amor, no estoy seguro de nada. Como le dijo Jozan a Nancy Milford, los Fitzgerald eran ambos mitómanos y mentirosos: Aquel par necesitaba el drama, los dos lo inventaban y tal vez eran víctimas de su inestable y un tanto morbosa imaginación.
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PinkyPinky07 noviembre 2018
Fitzgerald se consideraba un artista enormemente frágil. Como único tesoro, poseía el material de su propia existencia: había olvidado que su don era la capacidad que tenía de metamorfosearse, la única que salva a un escritor. Él creía que si Zelda escribía también sobre su vida en común, era como si lo desposeyera, le usurpara algo, lo despojara y lo redujese a la impotencia...
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PinkyPinky07 noviembre 2018
Pero fue precisamente Fitzgerald quien comprendió a su mujer como nadie, el que pronunció las palabras acertadas. El 7 de diciembre de 1940, unos días antes de morir, le escribió a su hija: Los enfermos mentales son simples invitados en la tierra, eternos extranjeros que llevan consigo decálogos rotos que no saben leer.
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BajolapieldeunlectorBajolapieldeunlector11 noviembre 2018
"Eran la misma persona con dos corazones y dos cabezas; y esos corazones y esas cabezas se volvían apasionadamente el uno hacia el otro, el uno contra el otro, hasta arder en una única hoguera."
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PinkyPinky07 noviembre 2018
De ese modo, el arte de gustar no tardó en transformarse para él en una terrible obsesión.
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