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JUAN JOSE ESTRELLA GONZALEZ (Traductor)
ISBN : 8416634394
Editorial: Duomo ediciones (28/08/2017)

Calificación promedio : 3.5/5 (sobre 5 calificaciones)
Resumen:
UN HOMENAJE A LOS HOMBRES Y MUJERES QUE FORJAN LA HISTORIA

La familia Goodenough ha dejado atrás la Nueva Inglaterra del siglo XIX para instalarse en los pantanos de Ohio y lleva

consigo algunas ramas de su manzano favorito. Pero en el huerto que plantan se hunden también las semillas de la discordia entre James y Sadie Goodenough. Mientras James adora las manzanas dulces, Sadie prefi ere refugiarse en la sidra.

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Críticas, Reseñas y Opiniones (4) Añadir una crítica
Inquilinas_Netherfield
 28 noviembre 2017
James Goodenough es el patriarca de una familia de pioneros que se establece en Pantano Negro, Ohio. Se trata de un lugar inhóspito pero, lejos de desanimarse, ellos apuestan por quedarse y establecerse en ese lodazal permanente que es este pantano, el cual los va impregnando de un barro pegajoso y tóxico que los envuelve y entierra cada día. Aun así, es el lugar que han decidido (o más bien que James Goodenough ha decidido) para que sea su tierra, su casa y, en definitiva, su reino.
Para reclamar esa tierra como suya, solo necesitan que cincuenta árboles (concretamente cincuenta manzanos), plantados por su mano, crezcan y se enraicen con el barrizal. Este proyecto en principio no parece tan descabellado, porque si hasta yo consigo que me salga algún tomatico en mi balcón, cómo no van a salir adelante cincuenta manzanos en un pantanal si son plantados y guiados por James Goodenough... En fin, ya sé que no hay comparación; los tiempos y los lugares son distintos.
A principios del siglo XIX, Pantano Negro era un lugar inhabitable y primigenio, donde solo las voluntades férreas de esos hombres y mujeres doblegaban y administraban un pedazo de tierra, trabajando sin descanso y sacrificando para ello a su familia y su convivencia. El coste o peaje que la familia Goodenough paga es inmenso: enfermedades, muertes, locura e incomprensión. Ese es su pan de cada día, y solamente las rutinas diarías y el trabajo duro consiguen normalizar y controlar sus negras tendencias... y como siempre, los niños, sus hijos, serán los instrumentos que canalizarán esas locuras y desencantos.
Siempre hay esperanza, rayos de sol que de alguna manera iluminan las zonas oscuras (ya sea literal o metafóricamente), y solo aquellos que se pongan bajo esa luz tendrán una oportunidad de salvarse o anestesiarse para que la fina línea de la cordura, que une a la familia Goodenough, no se rompa y acaben tragados por el lodazal. Eran tiempos difíciles, donde se alternaban estados de esperanza y desolación, y la tierra que eligen como suya es una naturaleza hostil que no se entrega fácilmente, y que exige unos sacrificios diarios que, al mismo tiempo que consumen a la familia, la menguan.
James Goodenough tiene un próposito que abarca a todos; sus hijos lo asumen como algo inherente a su infancia, pero Sadie, su mujer, desencantada y agotada, lo boicotea de la peor manera y a la mínima ocasión. Cada cual se aferra a lo que puede; de este modo, algunos comulgan con la naturaleza, y otros se entregan a sus productos. A los hijos, Robert y Martha, la vida les da una segunda oportunidad; ellos, de entre todos los Goodenough, son los más adaptados al barro que impregna los cuerpos y las almas de su familia. Han nacido en ese medio, cuya naturaleza, al contrario que a los demás, los protege y los envuelve, salvandolos de sí mismos y de sus progenitores.
Cuando Robert Goodenough sale de Pantano Negro, no va solo. Lleva encima todo el bagaje de su familia, lo bueno y lo menos bueno, todo ello necesario para sobrevivir a los tiempos y lugares que le ha tocado vivir. Es capaz de ver más allá, de no dejarse arrastrar por las locuras humanas, porque es el primero que las ha visto y padecido. al igual que su padre, Robert es absorbido por la naturaleza que lo envuelve. No es una naturaleza devoradora, sino todo lo contrario; su esencia la hace buscarla, reverenciarla y protegerla, pues solo estando con ella conseguirá de alguna manera descongelar y aflorar parcelas de su vida que tiene guardadas, pero no olvidadas. California será su segunda oportunidad, y el bosque Calaveras, donde las secuoyas tenían su reino hasta la llegada del hombre, será su bálsamo. Allí conocerá a William Lobb, mentor y patrón que le instruirá en su profesión, en la que ganarse la vida no supone saquear y arrasar todo lo que le rodea.
En La voz de los árboles todos los personajes luchan por su supervivencia; el romanticismo no ocupa un lugar prevalente en sus vidas. al final, Tracy Chevalier construye una novela donde la naturaleza lo impregna todo y a todos; los lugares y ambientes en que se desarrolla el libro son tan duros y primigenios que dejan poco espacio y poco tiempo a nuestros personajes para el amor cortés... más bien todo lo contrario, pues en sus vidas tienen más momentos de locura y desesperación.
Personalmente he disfrutado muchísimo de la novela, porque me encantan este tipo de libros; en ellos siempre encuentro, en algún u otro párrafo, el espíritu de Thoureau. Pero aquellos lectores que no comulgan o no se sienten tan atraídos por este sentimiento, e intenten buscar una trama romántica, pienso que tal vez se les hará un tanto pesada y lenta, porque van a tener que leer muchas páginas para percibir algo.
La voz de los árboles es una gran novela. Además de encontrarnos una narrativa sencilla y dinámica, nos nutre y alimenta en cada página y con cada una de sus descripciones.
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Bookeandocm
 08 octubre 2018
Año 1838. Pantano Negro (Ohio). Los Goodenough son un matrimonio procedente de Connecticut, que llega a la zona en busca de un futuro mejor para la familia. Con el fin de incentivar el asentamiento en esta zona, en la que las condiciones de vida eran especialmente duras, las autoridades locales otorgaban la propiedad de la tierra a todos aquellos que llegasen a cultivar un mínimo de cincuenta manzanos. Y a esa tarea vive encomendado James Goodenoughde una manera totalmente obsesiva.
James es un gran amante de la naturaleza y su gran pasión son los manzanos, concretamente una variedad de ellos, el que produce las Golden Pipping (unas manzanas dulces se han convertido para él en casi un motivo de culto). Tanto es así que las “dichosas”manzanas son más importantes para él incluso que su familia, pero quizá no solo sea James el culpable de la situación, ¿o sí? Quizá Sadie también tenga algo que ver en ello, y es que desde las primeras páginas atisbamos una gran inquina entre este matrimonio que, aun hecho trizas, sigue unido por la fuerza de la costumbre. Mientras James vive por y para los árboles, y sus días transcurren entre plantones, esquejes e injertos; Sadie, su mujer, no tiene otro objetivo que producir aguardiente de sidra con el que paliar su adicción, dejando a la deriva a la numerosa prole de hijos, que se verá mermada considerablemente a causa de las fiebres del pantano.
Esta situación tan insostenible lleva a Robert, uno de los hijos de los Goodenough a buscar su propio camino, iniciando un viaje a través del que experimenta un crecimiento personal y que nos llevará hacia el oeste, para mostrarnos, entre otros, un lugar maravilloso, situado en plena naturaleza: El bosque de las calaveras de California.
Imagen relacionadaLa voz de los árboles no es una novela es una novela fácil de encuadrar y tampoco me atrevería a recomendar a la ligera a quienes esperen una trama con mucha acción porque no la hay. Esta es una de estas historias llena de matices que habla de personas que llevaron una vida dura en un lugar apartado del mundo, de naturaleza en estado puro, de buscadores de oro y de bosques de secuoyas. A pesar de resultar una historia interesante, incluso instructiva en muchos aspectos, no es lectura para andar con prisas ni para cualquier lector.
Con una estructura peculiar que alterna voces en tercera y primera persona, inserta algunos capítulos epistolares y en la que existe un predominio de la narración sobre los diálogos, nos adentramos en una trama donde la acción queda relegada a un segundo plano y en la que la naturaleza, la forma de vida en la época y la búsqueda de la identidad ocupan el tema central. También, y aunque de manera tangencial, conoceremos de la fiebre del oro de California y toda la inmigración estadounidense que acarreó la misma en las cercanías de San Francisco.
Contamos con tres personajes principales de los que os daré unas simples pinceladas porque es mejor descubrirlos a través de la lectura: el matrimonio Goodenough, compuesto por Sadie y James son los grandes protagonistas de la primera parte de la novela forman una pareja curiosa a través de la que se nos dibuja la decadencia de una relación y la devastación que origina a su alrededor toda esta situación. Una situación agravada por las difíciles condiciones de vida en la época y que, sumadas a la escasez de medios de la familia, harán que el camino de cada uno de ellos esté lleno de obstáculos. Robert, uno de los vástagos del matrimonio, será el personaje central de la segunda parte y en él conoceremos la fortaleza de un carácter que pese a los múltiples escollos, sabrá siempre sacar algo positivo de sus vivencias
La autora hace uso de una prosa cuidada y minuciosa con la que logra una ambientación magnífica que transporta al lector, en un primer momento, a un lugar inhóspito: el corazón de un pantano en el que se palpa la humedad, el frío que cala el cuerpo, los mosquitos y ese barro del que es imposible desprenderse, para posteriormente llevarnos hacia el Oeste a través de la América más profunda hasta llegar al interior de California donde nos adentrarnos entre un sinfín de secuoyas en El bosque de las calaveras. Hay detalles como la dificultad de las comunicaciones, los traslados en canoas a través del pantano o la carestía de alimentos a la que se veían abocados durante el frío e inclemente invierno en que la tierra no daba nada de sí, que potencian la sensación de aislamiento de las familias.
En definitiva, La voz de los árboles es una novela pausada que rebosa amor por la naturaleza y en la que los árboles son los grandes protagonistas. Una historia que nos enseña a luchar por conseguir nuestros sueños por muchas piedras que encontremos en el camino.
Enlace: https://bookeandoconmangeles..
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Poemas
 10 febrero 2018
Sobre todo al principio, cuando la autora se explaya explicando el máximo detalle sobre los manzanos y sus cuidados se me hizo un poquito pesado pero eso solo son unas cuantas páginas. Una vez que George emprende su camino en busca de aventura y de los enormes árboles centenarios de California la historia se vuelve entretenida y agradable, tierna y conmovedora (aunque con momentos duros como la vida misma).
Después de tanta sangre y vísceras y de otras lecturas llenas de crímenes, intrigas y suspense me ha encantado leer una novela que trate sobre la lucha y la persecución de los sueños. Además, me ha hecho valorar el esfuerzo de los agricultores (en nuestro caso) que se pasan la vida luchando para que la cosecha salga adelante para que nosotros podamos ir al supermercado a comprarnos una cuantas manzanas limpias y brillantes
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MaiteMateos
 18 marzo 2019
La autora Tracy Chevalier, de origen norteamericano pero afincada en Inglaterra, combina dos voces en esta novela, la tercera y la primera persona entrelazadas con el estilo epistolar, para narrar la historia impregnada de crudeza de los pioneros norteamericanos a través de la ficticia familia Goodenough, especialmente a través del periplo del protagonista principal, Robert Goodenough en su huida hacia el oeste y aprovecha para hacer un guiño a personajes históricos como el de John Chapman, conocido también como Johnny Applesed, convertido en leyenda entre los primeros pioneros americanos; a Billie y Nancy Laphan, copropietarios de un bosque de sequoyas en California y a William Lobb, un aventurero buscador de plantas y semillas que participó en la creación de los exóticos jardines ingleses del siglo XIX.
Pero la voz de los árboles es más que una novela histórica de aventuras con una ambientación impecable y evocadora, pues trata de la búsqueda de la identidad, de la lucha por la vida retratada en toda su crudeza y del respeto por la naturaleza, especialmente en torno a la pasión por los árboles, duros y tan implacables en la búsqueda de su propio espacio como los mismos pioneros. Porque, solo una vez acallada la voz de Sadie Goodenough, la madre, comenzamos a oír la voz de sus hijos, Robert y Martha, a través de sus cartas, voces que buscan también, como los árboles, su propio espacio.
La novela está llena de descripciones de sequoyas, de cedros, de pinos rojos y especialmente de manzanos, cuya fruta es el símbolo de la discordia que crece entre la familia Goodenough, símbolo del paraíso que nunca existió, que no pudo ser, frente al “Paraíso perdido” de Milton.
Enlace: https://maitemateos.wordpres..
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Citas y frases (1) Añadir cita
BookeandocmBookeandocm08 octubre 2018
James Goodenough era un hombre sensato, pero las manzanas eran su debilidad; desde la infancia, cuando su madre le daba unas manzanas muy dulces en ocasiones especiales. Los dulces eran poco habituales, porque el azúcar era caro, pero el sabor dulce de una tarta de manzana salía casi gratis, porque una vez plantados, los manzanos daban poco trabajo. Se estremeció al recordar los primeros años en el Pantano Negro sin manzanas. Tuvo que pasarse sin ellas tres años para comprender lo importantes que habían sido en su vida y darse cuenta que le apetecían más que el whisky, el tabaco, el café o el sexo.
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