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Editorial: Joaquin Mortiz (05/09/1962)

Calificación promedio : 5/5 (sobre 1 calificaciones)
Resumen:
En la celda de una cárcel -cuya ubicación en el tiempo y el espacio nos es desconocida- se hallan presos cuatro hombres condenado cada uno por uno o varios crímenes. El Doctor debe haber matado a su esposa; Alex, a una prostituta o a un luchador de catch; Eugene, a su mujer o al amante de ésta (o quizá a ninguno de los dos); Match, a su madre, o tal vez a su padrastro. Cada quien evoca su pasado y narra sus crímenes, los cuales lo mismo pueden ser verdaderos que fal... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (1) Añadir una crítica
joseluispoetry
 29 septiembre 2019
Evidentemente que La compasión divina, de Jean Cau, quien fuera secretario particular del premio nobel francés Jean Paul Sartre, está fuertemente permeada por la corriente existencialista. Es un juego a coro de cuatro voces más la del narrador que hace deliciosa su trama. Hay un personaje maravilloso que se desprende de los ya mencionados en la presentación, y es Guitare de amour, un luchador amigo de uno de los protagonistas que resulta encantador y que seguramente fue cobrando independencia de Jean Cau a la hora de narrar, este gígoló o amante libertino a la manera de Rodolfo Valentino es de los personajes que se imponen al narrador. Cuatro hombres esperan en una cárcel y sólo tienen dos opciones, el encierro permanente y la muerte. Pero lo que importa es lo que se devela en ese inter. Una novela extraordinaria.
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Citas y frases (5) Añadir cita
joseluispoetryjoseluispoetry17 septiembre 2019
El gato agazapado junto al agujero del ratón. Espera. La espera eterna que existe desde que hay gatos y ratones, y seguirá existiendo mientras queden ratones y gatos. Tiempo en suspenso. Tiempo que se mece. Tiempo que se esquiva. Tiempo coagulado de la espera y el miedo. El gato aguarda; su espera es tan deliciosa que le da igual de seguro que el ratón asome el hocico fuera del agujero y venga a corretear al alcance del zarpazo. El ratón, por su parte, adivina que va a morir, pero ¿cómo resistir esa curiosidad, cuyo castigo sabe que es la muerte? Jamás ha visto a un gato cara a cara. Y saltará. El ratón verá los ojos dilatados, los colmillos de marfil, el hocico rosa; oirá el rugido de alegría victoriosa del monstruo. Durante una fracción de segundo, verá lo que siempre soñó ver... Hay un momento en el que, en un abrir y cerrar de ojos, la vida cae hacia la muerte; en el que todos los diques se rompen; en el que la carne conoce el pavor de sentir esta vida que se le escapa; en el que extrañas oleadas de claridad, remolinos de lucesitas, la corroen como el radium. Y toda la tierra y todo lo que debe ser sabido es dado en este relámpago. Después, todo vuelve a caer en las tinieblas y en la muerte. El hocico rosa, los colmillos de marfil, los ojos dilatados y, enfrente, una bolita gris de carne aterida. En este instante, ratón, lo comprendes todo. Eres toda la sabiduría y toda la ignorancia. Algo así como la universalidad fulgurante de Dios.
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joseluispoetryjoseluispoetry01 octubre 2019
Nadie duerme. Cada cual escucha el crujido de los jergones de los otros tres. Suspiros. Toses. Todos esos ruidos nocturnos que emanan de las camas de los matrimonios que han tenido una discusión y no pueden dormir. Una angustia pega en las paredes de la celda con sus húmedas alas de murciélago. La angustia se transforma de murciélago en sapo. Y éste, en el suelo de la celda, se hincha y engorda con nuestro silencio y nuestros sudores. Se infla tanto que apenas cabemos. Aplasta nuestros cuerpos contra la pared y el contacto de su piel fría y pustulenta nos seca la garganta. El doctor tiene la lengua pegada al paladar. Alex castañea los dientes como el perro que se mordisquea el pelo para acabar con las pulgas. Eugéne, como cuando tiene miedo, se protege el sexo con las manos; Match se araña el pecho. El aire se enrarece. Vamos a morir de asfixia, pero sale el sol, salta a la celda, atraviesa al sapo con un rayo y ya estamos todos en pie, con la cara terrosa y ojeras grises bajo los ojos.
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joseluispoetryjoseluispoetry17 septiembre 2019
Con su burda camisa fuera del pantalón, el Doctor, que se ha despertado, anda de un lado para otro gruñendo. Viene a contar que una vez, en un tren, se dedicó a examinar con la mayor atención a sus vecinos, preguntándose porqué no querría a todo el mundo. ¿Por qué queremos a unos más que otros? Si se piensa bien, no existe contestación lógica a esta pregunta. ¿Qué me impide querer -incluso apasionadamente- a estas personas que leen o que dormitan en el compartimiento de este vagón? Las preguntas como éstas me impresionan profundamente, ¡se los juro a ustedes! Tanto valen los unos como los otros, y lo que me llena de un asombro infinito, es el hecho de que decidamos amar a un ser determinado. He llegado a la conclusión de que no se le quiere.
-Entonces, ¿a quién se quiere?
-¡A nuestra detestable persona, señor Match! Amar sólo consiste en amaestrar a alguien que nos ame, como se amaestra a un perro a que nos traiga las pantunflas.
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joseluispoetryjoseluispoetry17 septiembre 2019
Después de un bronca con mi padre fregaba la vajilla con más cuidado, los cacharros brillaban como nunca, y la cocina quedaba limpia como los ampos del oro. En aquella obsesión de orden había una cosa que aterrorizaba al niño. Hubiera deseado que explotase. Esperaba, como una liberación, que se rompiese algún plato o que escapase algún rincón de la cocina de la actividad de la escoba. Pero no, no quedaba miga, ni mota de polvo, ni colilla sin recoger, ni sin llevar, rápidamente, como un tesoro, al cubo de la basura. En eso consiste la ferocidad, o más bien la crueldad; en esa profunda atención hacia todas las cosas, en esa precisión, en esa suavidad...
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joseluispoetryjoseluispoetry18 septiembre 2019
Delante de un muerto se piensan cosas tontas. Estas mismas. ¿Durante cuánto tiempo se queda uno ahí, de pie, mirando a un muerto? Alex no lo sabe. Un muerto es una cosa sedante. No habla, no se mueve.
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