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Marian Ochoa de Eribe Urdunguio (Traductor)
ISBN : 8416542996
Editorial: Impedimenta (28/09/2017)

Calificación promedio : 2.62/5 (sobre 4 calificaciones)
Resumen:
Genialidad, locura y grandeza. La última y más madura novela del rumano Mircea Cărtărescu, uno de los más poderosos escritores europeos actuales, en una obra que le ha llevado a ser comparado con Pynchon, Kafka y Kundera.

Considerada unánimemente por la crítica la obra cumbre de Mircea Cărtărescu hasta el momento, «Solenoide» es una novela monumental en la que resuenan ecos de Pynchon, Borges, Swift y Kafka. Estamos ante el largo d... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (4) Añadir una crítica
Beatriz_Villarino
 07 abril 2020
Casi ochocientas páginas después de haber empezado esta novela, de letra pequeña además y con poco margen para escribir mis llamadas, he terminado, por fin, de leerla. Digo por fin, no porque me aburriese sino porque tengo tantas anotaciones que no sé por dónde empezar.
Solenoide es la autobiografía ficticia, imagino, de Mircea Cărtărescu. Confesiones de lo que le ocurre en una vida externa bastante anodina, frente a lo que vive en su interior; experiencias alucinantes en las que despliega la angustia que siente en una sociedad miserable, la sátira con la que golpea a una política ineficaz, lo onírico que puebla su subconsciente de miedo y terror ante su propia inseguridad, lo posmoderno que niega una verdad absoluta, el esperpento con que degrada a unos seres hipócritas y despiadados, el expresionismo con el que ataca al materialismo, a partir de elementos surrealistas, simbólicos, con los que explora sus emociones hasta que descubre la fuerza con la que afrontar un futuro esperanzador.
Pero Solenoide es también un tratado de escritura. Términos coloquiales confluyen con otros propios de la biología, las matemáticas, la física, la astrología, la literatura, y nos obligan a ir al diccionario una y otra vez hasta que nos damos cuenta, como el protagonista, de nuestras múltiples carencias «músculos piloerectores, revelación feérica, billones de creodas, sistema kárstico, sarcopto, rozagantes mejillas, anfitriones heteróclitos, enorme palma de agromegálico, sucesión teratológica, teseracto de ceniza, estatua criselefantina, carne hialina…».
El protagonista escribe un diario en el que confiesa ser un escritor frustrado. Su poema La caída refleja con humor negro lo que supuso su entrada en la literatura. Así pues se dedica a la enseñanza en un colegio de Bucarest, al que acude, como casi todos sus compañeros, de forma mecánica, sin ninguna motivación. Esta frustración no es nueva, lo acompaña desde la infancia, etapa asociada al miedo y la soledad, a enfermedad y privaciones. Los recuerdos difuminan la realidad hasta que su verdadera vivencia aparece en los sueños, en alucinaciones que lo atrapan y consiguen envolver al lector hasta que se siente partícipe de esas obsesiones. Leyendo los sueños del protagonista recordamos nuestras pesadillas olvidadas, la inseguridad que nos acompañaba, el miedo a la soledad, a la marginalidad existencial y, por lo tanto, al hastío, «Mi vida tiene un único eje que va de mi casa a la escuela, tal y como los que se han roto la columna vertebral viven encerrados en un corsé de escayola».
La realidad no es natural, todo depende de las emociones, de cómo podamos hacerle frente según el momento; los sentimientos cambian y abarrotan la mente, se superponen hasta crear un caos ordenado que no es verdadero, es independiente de la realidad mostrada. No hay una verdad absoluta sino la que hemos afrontado según el punto de vista. «Yo también me compré un cubo de Rubik […] lo dejé así, resuelto desde el primer momento, con una superficie perfecta, pero no podía evitar pensar en el trágico desorden de las caras ocultas en su interior».
En este caos que puebla nuestra mente, el lenguaje es la base de todo; influye en el pensamiento hasta crear una realidad, tan alejada a veces de la verdad, que tenemos la impresión de vivir en un realismo mágico «La niña pelirroja transformó de repente aquella pobre ciudad de provincias en una ciudad luminosa […] hasta que, de padre desconocido dio a luz a Ortansa. Y Ortansa se convirtió en una joven dos veces más maravillosa que su madre. Porque el tiempo pasaba a la velocidad de los grandes huracanes».
La mente es el lugar donde vivimos realmente, en ella se mezclan lo vivido y lo imaginado; las pesadillas se funden no solo en los sueños sino, sobre todo, en la realidad, hasta que consiguen deformarla consecuentemente. Lugar donde los personajes despiadados sufren una degradación esperpéntica. Lugar que constituye una lección moral para los que asistimos de lejos a esa amalgama imposible de formas humanas y animales «el camarada director Borcescu […] su cara está repleta de unas manchas rosas y otras más oscuras que la gruesa capa de maquillaje solo consigue resaltar […] ahora es un lagarto hipnótico con la piel del rostro estirada».
Creo que, los múltiples temas que trata, políticos, religiosos, artísticos, económicos, pueden englobarse en dos grandes ideas: la existencia vacía, o el miedo que experimentamos ante ella, y la búsqueda constante de otra que valga la pena.
La existencia vacía es la que llevamos al rodearnos de gente cruel, como la profesora de Historia, la señora Rădulescu, gente indiferente como la mayoría de profesores del colegio «mujeres que tejen eternamente macramés», gente envidiosa que solo ansía lo de quienes consideran rivales «Ganan lo mismo que nosotros, que nos quedamos ciegos de tanto corregir», gente racista y cobarde que se cree mejor que los demás«¡y ya está! El anillo había desaparecido en el bolsillo del gitano…», gente sin aspiraciones, por lo que se someten a organizaciones sectarias que prometen imposibles, y exigen a los demás los mismos absurdos que ellos no pueden conseguir «¡Abajo los accidentes!, ¡No a la agonía! ¡Abajo la infelicidad! ¡Basta de dolor en el trigémino!», personas hastiadas, oprimidas, agobiadas por el quehacer rutinario. Olvidan que sentirse realizadas es lo más importante de la existencia, personas que, en el fondo, son débiles puesto que viven una vida gastada «su voz brotaba llena de ceniza, de una laringe con las cuerdas vocales quemadas».
El protagonista también vive en ese vacío; sus miedos son constantes, se siente frustrado, incapaz, inseguro, continuamente vigilado por sus padres, sus cuidadores, sus compañeros. Esta presión desemboca en una percepción deformada, sobrenatural, que se alimenta de imágenes oníricas. Los sueños recurrentes son un catálogo de sus angustias: el miedo a no cumplir las expectativas que se tienen de él se transforma en llegar tarde (en los sueños) a sus clases; perderse por los pasillos de la escuela denota el desasosiego ante situaciones que no va a poder controlar. La importancia que supone la opinión que de él tienen los demás se refleja en el visitador de sus sueños, aquél que observa mientras el protagonista queda aterrado ante un posible sufrimiento. La insatisfacción personal también es evidente en las imágenes surrealistas en las que pierde los dientes de manera traumática. Este descontento se transforma en terror al fracaso como parte de la Humanidad, cuando su realidad existencial se diluye en la verdad del compañero gitano, con la que obliga al lector a reflexionar sobre la posibilidad de asimilar la existencia de la que formamos parte.
Cărtărescu nos hace ver que nuestro mundo es una decadencia, reflejo de nuestro propio cuerpo decadente; por eso el protagonista-autor está en búsqueda continua de lo que realmente vale la pena. El color verde, símbolo de cambio, adquiere una importancia fundamental. Todo lo que lo rodea es verde; como un consciente Gregor Samsa está predispuesto al cambio, a la metamorfosis porque, al contrario que el personaje de Kafka, él anhela la vida, la energía, aunque llevado por un determinismo absoluto se vea atrapado en la persecución y la toxicidad, «aquel ser frágil y verdoso era evidentemente una enana […] me contemplaba y sonreía sardónica […] que quería ser benévola, pero que solo conseguía resultar grotesca».
La angustia ante la pérdida constante lo acompaña desde la infancia, por eso guarda sus dientes de leche, el cordón que lo unía a su madre, su pelo largo de niña, la mala salud… él mismo se desvanece al morir su gemelo y al fracasar como escritor; nadie lo recordará. Cuando se da cuenta de que solo puede liberarse del horror si renace, es cuando toma conciencia del poder que como nuevo ser humano es capaz de transmitir. Solo nos salvaremos de la mezquindad a través del amor puro que sentimos por un niño «Y de repente sentí amor, sexual y cerebral al mismo tiempo […] el amor que está por encima de la fe y la esperanza».

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WSinclair
 22 septiembre 2021
No quiero visitar Bucarest. Para mí es una ciudad mágica de la que solo pueden hablar los viajeros de Oriente, esos privilegiados que conocen otros imperios y otras épocas que yo me niego a emplazar en este mundo y en este tiempo. de Bucarest no sé nada, pero llevo habitando en su leyenda desde que era un crío: una atmósfera gris, tenue y macilenta, pero de intensas nieves y frondosos bosques, desborda mi imaginación cuando invoco la Rumanía de la que me hablaba mi tío cuando se fue a ese lejanísimo país —siempre lo he considerado mucho más lejano que Japón, Chile o Haití— a buscarse la vida. Recuerdo los relatos de ciudades como Brașov, Constanza, Bucarest…, con sus castillos, sus plazas y calles, con sus gentes y su idioma, que no he visto jamás, pero que sitúo en los extrarradios de una Europa completamente desconocida, pero tan familiar como los tebeos de mi infancia.
Hacía apenas un año desde mi última excursión a esa ciudad de mis ensueños, cuando, a la vez que editaba Don de desobediencia —algunos de cuyos poemas se escriben en tierras rumanas—, escribía Los gusanos —que transcurre en los Cárpatos, cerca de Brașov— y leía los retazos autobiográficos de Cărtărescu en El ojo castaño de nuestro amor. Un verdadero viaje de sensibilidades en el que una Rumanía mítica se desplegaba ante mi escritorio, más espléndida y más ruinosa que la real —la que nunca existirá para mí— y, a la vez, más cercana que mi propio barrio. Pues bien: un año después he vuelto a viajar al Bucarest de mi infancia, acompañado de nuevo por Cărtărescu, todo un conocedor de su ciudad, explorador del envés del mundo y, al mismo tiempo, constructor de su leyenda mágica.
Podría hablar de cómo me ha acompañado Solenoide en unas semanas interiormente turbulentas; de cómo su obsesión por lo incognoscible y su tremenda búsqueda de la redención humana son algunos de los problemas que más me han hecho pensar y escribir y sufrir desde que tengo un poco de conciencia del mundo y, en fin, por los que prefiero dedicar mi tiempo a los libros antes que a salir a tomar cervezas; podría comentar su trama, interpretar la resonancia de sus imágenes oníricas, podría incluso discutir sobre la conveniencia o no de la estructura de la obra. Podría hacer todo eso y, sin embargo, no podría hacerlo; porque yo he sentido muchas cosas con este libro, a veces tedio, a veces pasión, unas veces éxtasis, otras veces repulsa; pero, sobre todo, no he sentido indiferencia. Podría hablar de Solenoide, pero no podría hacerlo, porque irremediablemente debería hablar de mí mismo: de cómo su lectura se ha empalmado a mí y me ha servido de hogar, de espejo y de horizonte, y de cómo he encontrado recuerdos, anhelos enterrados, sombras encapotadas con mi nombre y mi historia.
Solenoide tiene algo que decir para los que extienden sus antenas y buscan algo más que palabras, trama y certezas. Este libro no es una novela, sino una pregunta, una texto histérico que puede leerse de principio a fin, pero también abriendo sus páginas al azar y dejándose llevar amorosamente, acompañado en el abismo, seguro y protegido en el infierno. Su estructura es como un laberinto con forma de espiral, en el que uno se introduce y se pierde, pero cada vez hace más frío, cada vez más frío, porque estamos cada vez más cerca del centro gélido, del punto donde no hay calor humano ni palabra pronunciable. Es un libro de mística moderna, un acercamiento a lo inexpresable e incomprensible: un intento, tan vano como heroico y tan trágico como noble, de expresar con voz humana el misterio que supone estar vivos y tener una conciencia en un cuerpo, estar rodeados de infinito y, sin embargo, ser tan limitados en el espacio y en el tiempo. ¡Rómpanse las fronteras!, parece gritar Solenoide; y hasta las de la muerte y el sueño y la extinción humana pretende romper la sensibilidad de Cărtărescu, explorador del más allá que, sin embargo, está condenado a usar el idioma de la lengua, la boca y la saliva.
No puedo hacer una “reseña” sin hablar de mí mismo; y lo siento mucho por quien sea capaz de hablar de este libro de manera técnica, erudita y «literaria», porque me parece que estará tirando su tiempo y su esfuerzo a la basura. Cuando un libro nos abre el camino hacia nuestro interior, es absurdo seguir orientándose con las brújulas de siempre. Hay que descubrir la propia, macerarla, convivir con ella y aprender a entender sus direcciones. Lo “literario” se queda corto, como siempre; pues la literatura no es más que lenguaje, o sea, un signo que nos habla de algo más que de sí mismo. ¿Hacia qué tierras desconocidas señala Solenoide, qué símbolos tremendos aguardan sus brújulas?… Hah, es este uno de esos libros-presagio que parecen anunciar otros horizontes y otras alboradas que ya se acercan, que ya se acercan…
Decenas de imágenes bailotean en mi imaginación cuando pienso en Solenoide. sus personajes, pero, sobre todo, los lugares de ensueño y las búsquedas sin esperanza que son las únicas que merecen la pena en la vida. Y Bucarest: esa ciudad que, durante las últimas semanas, ha vuelto a ser el centro de mi biografía, a pesar de no conocer el idioma que allí se habla ni la luz con la que el cielo ilumina sus despertares.
Gracias, literatura, por conocer lo que no existe y hacer existir lo que no conozco.
Enlace: https://dariomendezsalcedo.w..
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queridobartleby
 16 marzo 2019
Es el libro más ambicioso de Cartarescu hasta la fecha. En las 800 páginas del libro están presentes las obsesiones del autor, que ya venían produciéndose en sus anteriores libros: las distintas dimensiones, los sueños recurrentes, la realidad vivida y la aparición de lo fantástico; interviniendo también en ella. Se aprecia la influencia de Borges en la trama de la búsqueda de un manuscrito. Kafka también está presente en multitud de escenas. Como lo está Bucarest, descrita de forma realista en las vivencias en los barrios o tamizada a través de una visión mágica.
Cartarescu ha ido elaborando un diario a través de los años y en el libro nos va narrando etapas de su infancia , con sus padres, con sus amigos. Nos habla de la pobreza de aquellos años, que influyó en su contagio de la tuberculosis. Tuvo un hermano gemelo que murió y del que obsesivamente se acuerda.
Debido a la enfermedad tiene que acudir a un Sanatorio, enclavado en un bosque, que supone para él, el sorprendente descubrimiento de la naturaleza. A pesar del rígido autoritarismo en el Sanatorio, la vida con sus compañeros, pero en especial la atracción de la particular personalidad de Traian, harán más llevadera su estancia allí.
Nos hablará de su vida rutinaria de maestro y los compañeros de la escuela, en especial Irina, con la que mantiene más afinidad.
Junto a sus datos biográficos, simultanea sueños que ha ido teniendo en su vida y que tiene apuntados en sus diarios, algunos los transcribe tal cual del diario. En muchos sueños se producen en el despertar la visión de lo que él llama "visitadores", apariciones fugaces de personas junto a la cama.
Otra trama que va alternándose son una serie de hechos aparentemente dotados de irrealidad donde aparece una especie de visionario llamado Virgil, al que le siguen los piquetistas. Se alterna también la búsqueda de un manuscrito, homenaje a Borges.
La narración de Cartarescu es potente e imaginativa; alterna hábilmente realidad y ficción.
Quizás en algunos momentos hay cierto exceso y repetición, lo que no impide que sea una obra de gran relevancia.
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Sarita
 21 septiembre 2019
No se por dónde está empezar. Me he leído este libro por una recomendación en un reto lector. Me atrajo el nombre y la recomendación.
Es un libro de 800 y pico páginas. El tocho más absurdo e infumable que he leído jamás.
Realmente no sabría explicar la trama porque no tiene.
El diario de un esquizofrénico que no se sabe muy bien si lo es él o el autor.
Estuve apunto de abandonarlo, pero la curiosidad por saber hacia dónde llevaba ese galimatías de palabras enlazadas y paranoias sin fin llevaba. A ningún sitio.
Señor Cartarescu no basta escribir mucho y tener mucho dominio lingüístico. Su libro es un auténtico sinsentido. Un pastel.
Enlace: https://tomateuncafeconsara...
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Las críticas de la prensa (1)
confabulario04 mayo 2018
Solenoide, la novela más reciente del escritor rumano Mircea Cartarescu, reconocido recientemente con el Premio Formentor 2018 por el conjunto de su obra, es un relato en el que descubre cómo la memoria y la historia son laberintos en para entrever el universo y los mecanismos del alma.
Leer la crítica en el sitio web: confabulario
Citas y frases (1) Añadir cita
Beatriz_VillarinoBeatriz_Villarino08 abril 2020
teníamos nueve años, nos quedaba tanto tiempo hasta los setenta o los ochenta que no nos habría costado nada afirmar que viviríamos eternamente.
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Video de Mircea Cartarescu (1) Ver másAñadir vídeo
Vidéo de Mircea Cartarescu
Recomendación de «El ojo castaño de nuestro amor», de Mircea Cartarescu por Fernando Rodríguez Lafuente en «La noche en 24 horas» (9 de mayo de 2016) de TVE.
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