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ISBN : 8416537119
254 páginas
Editorial: Hoja de Lata Editorial (01/06/2016)

Calificación promedio : 4.2/5 (sobre 80 calificaciones)
Resumen:
Corren los años treinta en Madrid y las trabajadoras de un distinguido salón de té cercano a la Puerta del Sol ajustan sus uniformes para comenzar una nueva jornada laboral. Antonia es la más veterana, aunque nunca nadie le ha reconocido su competencia. A la pequeña Marta la miseria la ha vuelto decidida y osada. Paca, treintañera y beata, pasa sus horas de ocio en un convento y Laurita, la ahijada del dueño, se tiene por una «chica moderna». Únicamente Matilde tien... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (53) Ver más Añadir una crítica
Beatriz_Villarino
 15 October 2018
Sorpresa, más que agradable, al leer Tea rooms. Mujeres obreras. El contraste del título es el que vamos a encontrar en la novela. Tea Rooms evoca la modernidad del idioma, lo exótico de la bebida, poco usual en España y una cierta distinción al sugerir una habitación exclusivamente destinada para el sosiego y la charla agradables. Inconscientemente acuden a la mente largas tardes en las que la conversación cotidiana nos hace cómplices al recoger anécdotas o contratiempos de un círculo cercano. Toda esta exquisitez se desvanece como el humo del cigarro que coronaría tea rooms para mezclarse con otro más denso y grasiento que envuelve la cocina de la que saldrán los pasteles, el chocolate, el té. Un humo que oprime hasta que, esas mujeres obreras que completan el título, quedan empequeñecidas, anuladas por una modernidad que no parece tenerlas en cuenta.

Luisa Carnés es un misterio más de esta España que olvida pronto. La escritora tuvo éxito en su momento, pero una vez exiliada, su obra desapareció de nuestro país y no llegó a formar parte del elenco de escritores de la generación del 27 pese al elevado número de novelas y cuentos escritos tanto en España como en México, y que despertaron bastante interés y sensibilidad en su público coetáneo. Otro ejemplo de mujer invisible. Otro ejemplo de mujer inteligente y comprometida que queda olvidada en una sociedad patriarcal, machista, que teme perder su posición privilegiada.

Tea rooms cuenta, con una narrativa rompedora y vanguardista, una parte de la historia de Matilde, una mujer joven que sufre las crisis socioeconómicas y políticas de principios del siglo XX. Crisis que fueron despiadadas con la gran mayoría del pueblo español, el obrero, y especialmente crueles con la mujer, puesto que será ella la más explotada y humillada aun por la propia mujer.

Matilde no tiene apellidos, está a medio identificar. Tampoco lo tienen, ni les hace falta, Laurita, Marta, Paca, Antonia. Desde que Matilde entra a trabajar en la pastelería pasa a ser “la joven” o “una”, como el resto de compañeras sin identidad «una, a lo suyo» «a ver, una al teléfono»; no son mujeres «aquí no son ustedes más que dependientas», y así son tratadas, sin una pizca de sensibilidad o humanidad. Hay una curiosa diferencia con los empleados, ellos sí tienen apellido; aunque oprimidos no se les priva del todo de una personalización; encontramos al camarero Cañete o al cocinero Pietro Fazziello. Pero no nos equivoquemos, tildados con apellidos sufrirán consecuencias parecidas a las de las chicas si no se atienen, ellos o sus familiares, a la voz del que manda. En el caso de Cañete, sus flirteos con la encargada llevarán hasta la pastelería a su mujer, otra innominada que, como si de un objeto se tratara, pierde hasta el nombre en la sociedad, una vez casada: «la mujer de Cañete». La mujer de Cañete acude allí a denunciar a “la otra” delante de todos por intentar robarle a su marido. Ni por un momento se le pasa por la cabeza que pueda ser él el culpable de la situación «¡Que lo sepan todos que esa mala mujer está robando el pan de mi hija! ¡Esa puta! ¡Una tía golfa!».

No hay sentimientos en el mundo obrero. Es un ambiente que oprime, que despersonaliza, que embrutece. No hay lugar para lamentaciones o denuncias o exigencias; la impotencia es lo que caracteriza a los obreros, paralizados por el miedo y por no saber qué hacer «Fazziello golpea sobre los bloques de hielo lentamente. de pronto, se sienta en el último peldaño de la escalera y llora».

Hay en la novela una certera crítica social dirigida a esa clase acaudalada que temerosa de perder su estatus intenta quitar de en medio a quienes puedan arrebatarle sus privilegios a través del estudio y el razonamiento, por eso «el “ganso” con sus raquíticos once años, aprende a comprar el periódico a las siete de la mañana, a abrirlo por la página de anuncios [...] y [...] a mentir «Tú cuántos años tienes?. Catorce». Y se critica sobre todo a una sociedad con muy poco interés en alfabetizar a la mujer, que sigue «cultivando la religión y soñando con lo que ella llama su “carrera”: el marido probable».

En Tea Rooms observamos una reivindicación social del obrero, pero ante todo de la mujer «Es necesario que las compañeras de trabajo que no estén asociadas se asocien inmediatamente». Si no aflora una conciencia de clase nunca dejarán la miseria, y la miseria las hace miserables «la miseria amodorra tu pudor en esta ocasión», las embrutece «En la búsqueda, un vestido rosa cae sobre un papel pringoso y allí se queda» y les anula cualquier vestigio moral «del modo más indiferente y discreto posible, se agacha e introduce el dinero en uno de sus zapatos».

Luisa Carnés denuncia, con una lucidez y claridad espectaculares la situación de la mujer de principios del XX, una mujer que siempre dependerá de algo o alguien para subsistir, de quien raramente se aceptará algo de autonomía.

Esta circunstancia viene expuesta de la mano de las protagonistas de la novela como si entre todas formaran una sola, como si conformaran a la mujer que, como Antonia, debió ocultar su estado de casada, hasta que enviudó, para que no la echasen del trabajo. O como la clienta que no es servida por el camarero hasta que «solicitaba con los ojos al esposo un signo de aprobación». O como la mujer de Cañete a quien ya se lo dice su marido «ocúpate de tu hija»; el resto de asuntos, incluidas las infidelidades, son cosa del hombre. O como Laurita, muerta a consecuencia de un aborto clandestino por temor a que su novio la rechace. O como Marta, que «se ha echado a la vida» al ser despedida por robar dinero de la caja para comprarse unos zapatos. Entre todas modelan a la mujer resignada que acepta unas condiciones laborales infrahumanas, unas condiciones que, por malas que sean, siempre serán mejores que quedarse en la calle porque, en el fondo, no pueden hacer otra cosa, no están acostumbradas a pensar. Matilde, la protagonista, recapacita y sabe lo que quiere y no se va a conformar con menos. Exige de la vida un trabajo digno y poder elegir al hombre que quiera, no conformarse con el primero que le pida relaciones. Ambiciona una vida libre, lejos del «embrutecedor trabajo doméstico».

Pero si la lectura se hace interesante al conocer la vida de la España del siglo XX, y casi del XXI, no es menos enriquecedora la narración. Destaca la importancia del narrador que, unas veces es omnisciente, sobre todo cuando expone algún monólogo interior o pensamiento de un personaje «Parece que he estado inspirada, piensa Antonia». Otras veces funciona como narrador testigo «En cuanto a Paca, ¡oh!, esa, con su cara pálida y humildita de beata, cualquiera adivina lo que piensa». Y siempre aporta amenidad a lo narrado, bien mezclando sucesos de forma abrupta o directa para cambiar de tema «Se habla de elevar una queja a la dirección. Probablemente, todo se quedará en palabras. Otra cosa: ingresará en el establecimiento una ahijada del propietario», bien realizando incursiones en la propia narración «le ha valido desde el primer día el respeto de la encargada: “Esa escuerzo” (Antonia es mucho más comedida para colocar adjetivos...)».Incluso, en ocasiones, el narrador se apropia de la voz de Matilde «Matilde va a la cabina lentamente [...] “El que se vaya puede darse por despedido”. Y todas las cabezas [...] se agachan medrosas». Pero aun cuando predomina una narración externa la variedad de técnicas y recursos es admirable.

Los diálogos pertenecen a la modalidad oral, con oraciones incompletas o con localismos, como el laísmo tan típico madrileño, que acercan al lector al ambiente del pueblo «ya ve, Antonia, con quince años en la casa y ganando un duro... y callandito» «la han salido bien las cuentas». Asimismo las onomatopeyas -rrrr-, chist aportan frescura a la narración. Sin embargo encontramos palabras cultas hálito, apotegma, dilecto, conterráneo, préstamos de otras lenguas que se unen al lenguaje vulgar en un sugerente contraste «Cocktail... Ahí va, coño ¿dónde tienes los ojos» «Por diez jodíos reales que gana una [...] los sandwichs [...] como pudding». Y un vocabulario relacionado con los avances modernos, con la tecnología o la ciencia que aporta tintes vanguardistas, incluso surrealista a veces; la personificación del cine frente a la despersonalización de los niños aporta una imagen incitante: «donde comienzan a evolucionar los verdes y blancos del cinema de enfrente [...] han aparecido [...] varias cabezas greñudas y numerosos ojos sin color.» Asimismo la importancia de lo básico queda remarcada en la personificación de los zapatos, que adquieren la personalidad contrastiva de quien los lleva «los zapatos torcidos avanzan rápidos, suicidas, mientras que los zapatos impecables subrayan un paso estudiado, elegante».

La singularidad de las obreras desaparece, todas son una o simplemente cosas «no es más que un aditamento del salón»; mujeres embrutecidas que han asumido su animalización «Mientras lava, gruñe» «¿Qué harán esas burras?» o su invisibilidad; de ahí que los diálogos señalados no lleven el nombre de quien replica. Da lo mismo. La mujer no tiene voz, no es esencial saber quién dice qué porque lo más probable es que no tenga importancia

—Tanto postín
—Yo me alegro
—Pues vaya una ventaja...
—Bueno, pero de todos modos, me alegro...
[...]
—¡Chist!
—No me da la gana callar...

Y sin embargo, calla; no puede replicar en el trabajo porque será despedida y no puede participar en conversaciones culturales porque no ha tenido tiempo o interés en preocuparse. Se autoexcluye. Sus problemas son mucho más básicos «Antonia no entiende nada de esto. ¡Qué ganas tienen estas gentes de sofocarse!» El estilo indirecto libre aporta un tinte fresco a la narración, el relato cobra agilidad, así como las frases cortas y las nominales que, sutilmente dan una idea del desconcierto en el que están inmersas las protagonistas; no hay tiempo para sentimientos, lo fundamental es la esencia de las cosas; los momentos de dolor se acortan, como si la mujer no tuviese tiempo de compadecerse. Cuando surgen adjetivos suelen ser valorativos consiguiendo de nuevo acentuar el contraste en el que vive la mujer. Por un lado la modernidad no le aporta el más mínimo consuelo «Marta despacha torpemente [...] se siente muy sola. Átomo en medio de una apretada muchedumbre...». Por otro el surrealismo que envuelve determinadas situaciones adquiere tintes naturalistas que ahondan en el miedo y la desesperación «Enfrente está la encargada, con una fría sonrisa en los labios delgados. Se le ven unas encías descarnadas y pálidas». Las metáforas opresivas contribuyen a intensificar los momentos de monótona tensión «El sopor agobia y sobre los párpados pone plomo el calor. Los ventiladores zumban».

Y, para dejar constancia de que no caben sentimentalismos, la narradora rodea de números a las trabajadoras. Números premonitorios, agoreros «la fecha del día, un negro 13». Números amenazadores «y callandito. Ya hay veinte en la puerta». Números controladores «—Oye Matilde: ¿tú no has visto el regalo? —...treinta, treinta y una —cuidado, está mirando—, treinta y dos, treinta y tres...». Números opresores «—Catorce pesetas kilo —¿Así que, cuarto de kilo valdrá? —Tres cincuenta» —¿Y los cien gramos? —Una cuarenta».

Pero en toda esta miseria hay algo enternecedor; en las descripciones costumbristas encontramos pinceladas de humor «la señora pide una naranjada, y al niño un pastel de crema. No, a mí, un bocadillo de jamón y un vaso de leche. La madre aprueba [...] pero cuando el camarero se aleja le da al chico un puntapié por debajo de la mesa».

Y encontramos ironías denunciantes «intervino la fuerza pública, disparando “al aire” y ocasionando dos bajas entre los obreros».

La pena es que tanto el humor como la ironía certifican más la miseria de un pueblo que, de forma preocupante, se sitúa más cercano a la actualidad de lo que deseáramos.

¡Chapeau! por esta sinsombrero.

Enlace: http://elblogaurisecular.blo..
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herbookss
 17 February 2021
Madrid, años 30. A través del día a día y la rutina en un prestigioso salón de té, un lugar donde se hacen dolorosamente evidentes las diferencias entre clases sociales, la autora nos muestra a un grupo de mujeres obreras que representan a muchas de esas época. Mujeres que trabajan desde niñas, en un puesto precario por un mísero sueldo que apenas da para nada pero del que no pueden prescindir porque, en muchos casos, es el único ingreso que entra en casa. Jornadas interminables de diez horas o más, sin parar, accediendo a todo lo que les pidan y sin poder siquiera protestar o exigir alguna mejora porque la consecuencia es quedarse sin trabajo automáticamente y entonces qué comes.
Pero no solo nos muestra la vida de estas mujeres, sus pensamientos, sus ideas, las costumbres y obligaciones estúpidas que las atan y doblegan, que apenas les dejan respirar y que las empujan a tomar decisiones desesperadas. También es un perfecto retrato costumbrista de la época. Todo se ve desde el mostrador. Aún no ha estallado la guerra pero se nota el ambiente agitado, huelgas, manifestaciones... A través de los clientes que van entrando al salón vemos las diferentes realidades que conviven en ese convulso momento.

Esto no es una ficción. Si bien está escrito de forma novelada la autora sabía bien de lo que hablaba, puesto que ella misma lo vivió. al terminar su jornada escribía sobre lo que experimentaban ella y sus compañeras, además de una forma totalmente autodidacta e independiente, abriéndose camino poco a poco en el mundo de la literatura. Y así, a buen ritmo, sin forzar pero sin apenas dar tregua, Luisa va evidenciando, denunciando, dando a conocer una injusticia tras otra. Su historia tiene un objetivo, sabe perfectamente lo que quiere transmitir y lo consigue, vaya si lo consigue.

Podría estar hablando de este libro y de Luisa durante horas pero creo que con este os hacéis una idea. Leedlo, vale la pena. Que no os asuste el tema, os vais a indignar, sí, pero la narración es muy amena, con ritmo, cada situación y tema que presenta fluye de una forma natural, nada queda forzado y además seguro que os hace reflexionar. Creo que leerlo es una pequeña forma de hacer justicia
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Beavazquez_
 03 May 2023
[GAL] Hai xa tempo que Eugenia Tenenbaum falou por primeira vez de Luisa Carnés e o marabillosa que é. E eu, que me fío moito das recomendacións desta muller, o ano pasado pedinlle aos RR.MM. o libro do que vos falo hoxe: "Tea Rooms. Mujeres obreras".
E despois de lelo eu pregúntome como puiden vivir ata agora sen coñecer a esta escritora, da que dende xa quero ler ata as súas listas da compra se é que aínda se conservan. E, sobre todo, pregúntome por que a todas nos sonan tanto apelidos como Lorca, Alberti, Aleixandre e non nos sona o nome de Luisa Carnés. E quero pensar que esta ocultación non é premeditada, pero cústame moito, porque Carnés foi igual de prolífica que os seus compañeiros de xeración e, se se chegase a espallar a súa obra como é debido, seguramente igual de relevante a nivel histórico.
Pero enfados a un lado, o que viña dicirvos con todo isto é que leades
Tea Rooms. Neste libro, que realmente está baseado nas vivencias da propia Carnés, coñecemos como é o traballo dun grupo de mulleres nun salón de té en Madrid e como estas se ven influídas polo ambiente crispante que hai debido ás revoltas de obreiros e obreiras que loitan por acadar uns dereitos laborais mínimos. A protagonista principal é Matilde, que provén dunha familia humilde e debe traballar para axudar a manter o seu fogar. Pero no salón atopamos tamén a Antonia, Marta, Laurita... Cada unha cunhas circunstancias diferentes, pero que teñen en común a dependencia dun xefe autoritario e dunha encargada que, a pesar de ser unha currela máis, ten aires de grandeza (igual que pasa na actualidade, vamos!).
Eu lía esta historia e non podía deixar de pensar na obra de teatro "As que limpan" de A Panadaría e sorprendíame ver o pouco que avanzamos no último século.

[CAS] Hace ya tiempo que Eugenia Tenenbaum habló por primera vez de Luisa Carnés y lo maravillosa que es. Y yo, que me fío mucho de las recomendaciones de esta muller, el año pasado le pedí a los RR.MM. el libro del que os hablo hoy: "Tea Rooms. Mujeres obreras".
Y después de leerlo yo me pregunto cómo pude vivir hasta ahora sin conocer a esta escritora, de la que desde ya quiero leer hasta sus listas de la compra si es que aún se conservan. Y, sobre todo, me pregunto por qué a todas nos suenan tanto apellidos como Lorca, Alberti, Aleixandre y no nos suena el nombre de Luisa Carnés. Y quiero pensar que esta ocultación no es premeditada, pero me cuesta mucho, porque Carnés fue igual de prolífica que sus compañeros de generación y, si se llegase a difundir su obra como es debido, seguramente igual de relevante a nivel histórico.
Pero enfados a un lado, lo que venía a deciros con todo esto es que leáis Tea Rooms. En este libro, que realmente está basado en las vivencias de la propia Carnés, conocemos como es el trabajo de un grupo de mujeres en un salón de té en Madrid y cómo estas se ven influidas por el ambiente crispante que hay debido a las revueltas de obreros y obreras que luchan por conseguir unos derechos laborales mínimos. La protagonista principal es Matilde, que proviene de una familia humilde y debe trabajar para ayudar a manter su hogar. Pero en el salón encontramos también a Antonia, Marta, Laurita... Cada una con unas circunstancias diferentes, pero que tienen en común la dependencia de un jefe autoritario y de una encargada que, a pesar de ser una currela más, tiene aires de grandeza (igual que pasa en la actualidad, ¡vamos!).
Yo leía esta historia y no podía dejar de pensar en la obra de teatro "As que limpan" de A Panadaría y me sorprendía ver lo poco que avanzamos en el último siglo.
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begocp
 08 November 2021
Mi primera lectura de Luisa Carnés, nombre de una escritora a la que solamente conocía por referencias al vuelo, surgidas aquí o allá en algunos estudios sobre el exilio o la literatura femenina. Un nombre como tantos otros, olvidados por los lectores, negados en los libros de texto, minusvalorados o directamente obviados en los estudios críticos. Nombres de mujer casi siempre, claro. Pero un nombre en este caso que esconde a una narradora con cierto éxito en su época, una joven de origen humilde que se formó como escritora de manera totalmente autodidacta y que firma esta magnífica novela. Un libro que lanzo directo a mi estantería de privilegiados, de clásicos, de imprescindibles. ¿Cómo formarse como filóloga, como especialista en literatura contemporánea, y no leer a Luisa Carnés? ¿Cómo pasar por las aulas de la facultad, con sus listas de lecturas obligatorias, y no encontrarla? La historia tantas veces repetida.

Matilde, protagonista principal -al menos en los primeros alientos de la obra-, reproduce dentro de la novela parte de la biografía de la propia Luisa Carnés. Una joven de familia pobre, que vive en un ambiente de miseria pero que muestra una actitud de lucha, de protesta, de no conformarse; y que se ve obligada a "diez horas de trabajo, cansancio, tres pesetas" en un lujoso salón de té al que, pese a las nefastas condiciones laborales de los empleados, acuden gentes de bien de la sociedad madrileña. Un duro contraste sobre el que se sostiene la tesis central de la obra. Junto a ella, se nos van presentando otras figuras femeninas, la mayor parte dependientas que, como Matilde, se desloman día tras día por un mísero jornal mientras asistimos a los pequeños retazos de sus humildes vidas. La historia, ambientada en los años 30, descubre desde las primeras líneas las desigualdades sociales de la época, el contraste entre los salones lujosos en los que señoritas, familias, tertulianos y gentes de bien meriendan y se relajan, y la miseria de los barrios bajos, el hambre de las obreras, que desayunan bollos rancios escondidas bajo el mostrador, que roban una peseta de cuando en cuando o sobreviven a los cambios de vestuario en cuartuchos malolientes. Entre todos ellos, jefes de mal carácter y encargadas faltas de la más mínima humanidad, personajes sobre los que descansa el devenir diario de los trabajadores.

Luisa Carnés describe de manera realista el día a día del salón de té, pero lo hace centrándose en mostrarnos sin filtro alguno las miserias que dañan el ánimo y la salud de las trabajadoras. La voz narrativa va colándose en los espacios ocupados por las chicas, empezando por la trabajosa caminata inicial de Matilde en busca de un empleo. Retazos de conversaciones, flashes en los que se libera de manera impresionista una mezcla entre sonidos de la calle, anuncios publicitarios, y pensamientos... Los pensamientos de la protagonista -la mayor parte de las veces-, en ocasiones los de otros personajes, pero siempre una voz muy sensorial, muy trabajada, y que constituye uno de los efectos más brillantes de la novela. Se cuenta todo de manera objetiva, precisa, realista y, al tiempo, somos capaces de observar, de escuchar, de intuir incluso en ocasiones, la intimidad de las obreras de Luisa Carnés. También sobre esa narración se asienta el contenido social de la obra, pues en ella prioritariamente reside la función de denuncia que, aunque aparece con cierta frecuencia, no entorpece en modo alguno el relato principal ni lo usa como mera excusa. de hecho, Luisa Carnés es capaz de introducirnos dentro del salón de té, dejarnos observar y escuchar desde una posición de privilegio, mientras da rienda suelta a una extraordinaria capacidad para el diálogo realista, ágil, habilidoso, natural.

En el contenido social de la obra destaca fundamentalmente la focalización sobre el colectivo femenino, al que se atiende mostrando cómo las malas condiciones laborales de los obreros en la época se muestran aún peores en el caso de las mujeres, obligadas a la explotación por parte de los patronos, o bien a la sumisión a sus maridos. Las alternativas, de sobra conocidas, llegan hasta la prostitución. Carnés despliega ante nuestros ojos la denuncia de estas situaciones, poniéndonos frente a ellas a través de las pequeñas historias de las trabajadoras del salón, puestas siempre en contraste con las jóvenes de clase privilegiada. al tiempo, la narración se vuelca sobre una idea: la "Mujer Nueva", uno de los alegatos de la segunda República, la búsqueda de la mujer independiente, autónoma, dueña de su propio destino y alejada del ángel del hogar sumiso al varón. Matilde es también quien, aunque de manera discreta, alza la voz en algunos momentos, dando salida a una visión utópica de la sociedad, de raíz comunista, bajo la que se sueña con un país igualitario en que desaparezca la desigualdad social.

Luisa Carnés, narradora de éxito en los años 30, exiliada, olvidada. Parte importante de aquella maravillosa generación de mujeres a la que ahora conocemos como "Las sinsombrero". Mujeres que vivían, escribían y se formaban en el mismo ambiente y registro que los tan conocidos autores del 27 y, sin embargo... La historia conocida. Pero no por conocida debemos de dejar de denunciarla. La mejor forma de hacerlo, leyéndolas, editándolas, atesorándolas en las bibliotecas y llevándolas a las aulas. Gracias a la editorial Hoja de Lata por su pequeño (gran) granito de arena.
Enlace: http://rustisymustis.blogspo..
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Monica_Ruano
 01 December 2022

Desde que he terminado este libro no he podido dejar de imaginar a Luisa estando en nuestro presente. Porque a pesar de que Tea Rooms se sitúe en el 1933, su sentido reivindicativo, de lucha, encajaría muy bien a día de hoy. No partimos de la misma situación, claro está, pero seguimos teniendo que reivindicar desigualdades. En su estructura y totalidad me parece una obra casi atemporal (salvando las distancias).

Hay una protesta clara: la denuncia social de la situación en el mundo laboral de la mujer pero también en los hogares y los cuidados, todas aquellas circunstancias que las rodeaban, todo eso peso sobre sus hombros. de ahí viene lo de “Mujeres obreras”. Y es que Luisa apunta en muchísimas direcciones: condiciones laborales y económicas, clases sociales, jerarquías, condiciones de la mujer en sus hogares, los cuidados, el matrimonio o el aborto.

No me puedo ni imaginar el impacto que tuvo que tener (o que yo deseo que tuviese) esta obra en sus lectores y lectoras cuando salió en pleno 1933.
Me resulta una obra incendiaria para su fecha, con alto voltaje de denuncia social, que tiene un lenguaje claro y directo, y plantea las situaciones sin rodeos. Y todo esto es a través de una novela con sus personajes que están dentro de la atmósfera de un salón de té (esto se debe a una propia experiencia laboral de Luisa) con pequeñas pero claras indicaciones de sus circunstancias personales que dicen mucho y nos posicionan en la narración. Dentro de este salón se dan todas las interacciones a través de las cuales Luisa nos presenta todo aquello que quiere manifestar. Las protagonistas son: Matilde, Marta, Paca, Antonia y Laurita. Cada una de ellas es un perfil de mujer y es así como Carnés nos da pinceladas de los ideales de la mujer en los años 30, también de sus creencias y situaciones.

Cuando me quise dar cuenta ya se estaba terminando y es que hay una cosa que hay que tener clara: no tiene un desenlace como tal. Porque es el planteamiento determinado, no hay solución alguna, de la problemática que se vivía en ese instante. de haber tenido desenlace hubiese sido inverosímil. Se estaban empezando las primeras protestas, huelgas, sindicatos, todavía quedaba mucho por hacer.

Me gusta pensar que ya en aquellos años había mujeres como Luisa Carnés, concienciada y dispuesta a luchar por ella y sus compañeras. Y qué pena que el precio a pagar fuese el exilio.
Pero ahora te estamos recuperando, tu voz ya estaba, ahora solo le estamos dando el espacio que se merece.
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Citas y frases (25) Ver más Añadir cita
PigasusPigasus06 March 2023
Aquí las únicas que podrían emanciparse por la cultura son las hijas de los grandes propietarios, de los banqueros, de los mercenarios enriquecidos; precisamente las únicas mujeres a quienes no les preocupa en absoluto la emancipación, porque nunca conocieron los zapatos torcidos ni el hambre, que engendra rebeldes [...] En los países capitalistas, particularmente en España, existe un dilema, un dilema problemático de difícil solución: el hogar, por medio del matrimonio, o la fábrica, el taller o la oficina. La obligación de contribuir de por vida al placer ajeno, o la sumisión absoluta al patrono o al jefe inmediato. De una u otra forma, la humillación, la sumisión al marido o al amo expoliador.
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LavidamurmuraLavidamurmura02 March 2022
Habla el enemigo, a quien se odia y se teme, y de quien no se puede prescindir. Habla autoritario, soberbio. Seguro de ser obedecido. Seguro de la sumisión absoluta de "su" personal. Él es la gran llave del estómago de cada uno de aquellos débiles seres y cada chiquillo de cada mujer inherente a tales seres infortunados. Es el enemigo que a veces hace demagogia de ocasión: "El patrono y el obrero son un solo cuerpo". (No tiene en cuenta que lo que él come no le nutre al complemento de su cuerpo -el jornalero-). El enemigo está viendo durante un cierto número de años -muchos, por lo general- el torso encorvado de "su" cuerpo; encorvado por la penuria, humillado. Una vez advierte que en sus sienes hay pelos blancos, que sus miembros enmohecen. "Tú ya no me sirves". Y a otra cosa. Ahí se queda el pobre cuerpo, con su vejez sobre la espalda. [...] Si se hubiera tratado de su cuerpo, de su organismo auténtico, y no de una metáfora ocasional y vil, por lo embustera, el enemigo hubiera reaccionado de distinta manera.
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PigasusPigasus06 March 2023
Matilde ha visto de cerca, ha tocado la tragedia del hogar, la felicidad, la paz del hogar cristiano, tan preconizado por curas y monjas. El marido llega a él cansado de trabajar – cuando hay trabajo–. Allí hay unos chiquillos que gritan, que lloran, y una mujer mal vestida y gruñona, que ha olvidado hace muchos años toda palabra agradable y cuyas manos huelen insoportablemente a cebolla. [...] El marido piensa que las cosas de la casa se hacen por sí mismas (¡milagrera meseta del fámulo Isidro!) y no le da importancia alguna al trabajo de su mujer, el embrutecedor trabajo doméstico. «Me echas en cara el pan que como, pero bien que me lo gano».
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RojaBlancaYSangreSuciaRojaBlancaYSangreSucia25 May 2022
Existe un dilema, un dilema problemático de difícil solución: el hogar, por medio del matrimonio, o la fábrica, el taller o la oficina. La obligación de contribuir de por vida al placer ajeno, o la sumisión absoluta al patrono o al jefe inmediato. De una o de otra forma, la humillación, la sumisión al marido o al amo expoliador.
¿No viene a ser una misma cosa?
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sinoloveo_nololeosinoloveo_nololeo25 July 2023
Los problemas de orden «material» (social) no han adquirido aún bastante preponderancia entre el elemento femenino proletario español La obrera española [...] sigue deleitándose con los versos de Campoamor, cultivando la religión y soñando con lo que ella llama su "carrera": el marido posible.
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Videos de Luisa Carnés Caballero (2) Ver másAñadir vídeo
Vidéo de Luisa Carnés Caballero
Luisa Carnés, por Antonio Plaza (Imprescindibles, TVE).
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