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Crítica de IvanValenciaA


IvanValenciaA
29 marzo 2019
Señalaba Sartre en su ensayo sobre El Extranjero que un problema que tenemos a la hora de leer e intentar pensar esta obra es que desde la primera línea tratamos de ver a través de nuestras normas y costumbres. Esta pretensión hace que desde esa primera línea el libro y su protagonista se nos presenten como algo extraño, lejano, que no se logra comprender. Agrega que estos sentimientos son la primera experiencia directa con el absurdo que nos entrega Camus en su obra, y que a lo largo de la misma este absurdo no hará más que crecer frente a la conciencia de un lector que no acaba de asimilar aquello que le es relatado. Pero antes de abordar esos sentimientos que nos llevan a la experiencia del absurdo y antes de comentar qué podemos entender por absurdo, es preciso mencionar un aspecto particular que arrojará luz sobre estas cuestiones.

El Extranjero, novela corta, publicada en 1942, cuenta la historia de Meursault, un hombre que sintiéndose extraño en su mundo va transitado, desinteresado, un camino que lo llevará al asesinato, al encierro y a la horca, y todo esto sin generarle sentimientos de rechazo, arrepentimiento o esperanza frente a un destino que considera inexorable. Esta novela hace parte de una trilogía en la que Camus pretendía abordar el tema del absurdo en la filosofía. La novela es la primera de la trilogía, poco tiempo después de su publicación aparece un ensayo, El mito de Sísifo, que viene a ser la exposición filosófica de lo que de manera novelada nos presenta su primera obra. La última pieza de la trilogía es una obra dramática titulada Calígula. Especialmente, los dos primeros textos, están íntimamente ligados. Una misma postura, una misma teoría, una misma cosmovisión, expresada de formas distintas, mas no excluyentes. Sartre sostiene en el mencionado ensayo que la mejor exposición sobre El Extranjero es El mito de Sísifo. Agregaría que la mejor forma de entender la teoría del absurdo expuesta en el mito es leer la novela.

En el contexto de la novela podemos poner de manifiesto un doble entendimiento del absurdo que Camus ya ha propuesto en El mito de Sísifo. Dice pues que el absurdo es sentimiento y noción. Como sentimiento el absurdo debe ser entendido como la relación que sostiene el hombre con el mundo. Esta relación es problemática. Varios lectores de El Extranjero utilizan una palabra para exponer esta situación que a mi parecer es exacta en lo que desea transmitir, a saber, divorcio. Un divorcio entre el actor y su decorado. Un rompimiento en la relación que ha poco tiempo no presentaba queja alguna. Si miramos la génesis de un divorcio, generalmente, se parte de una relación psicoafectiva estable, luego se sucede la crisis, la separación, y la conciencia de la nueva situación. Entre el hombre y el mundo esta crisis sucede cuando la persona empieza a sentir incomodidad con ese mundo que le empieza a parecer lejano y extraño y al que él se le presenta de idéntico modo. Camus menciona que esto puede suceder a raíz de los desengaños que se experimentan frente a la realidad. Ante el deseo de unidad y orden del hombre el mundo se presenta dual o plural, además desordenado, frente al deseo de eternidad el mundo le esputa su finitud y su fragilidad, su vida y sus esfuerzos se ven como superfluos frente a la certeza de la imposibilidad de evitar o evadir la miseria, el sufrimiento y la muerte. Pero este sentimiento no es aún certeza, es solo eso, un sentimiento de incomodidad y malestar, de desasosiego. En este punto el proceso ha llegado hasta el divorcio, pero aún no hay conciencia de la nueva situación.

El absurdo como conciencia es descrito de manera muy bella por Sartre. Parafraseando, dice él que la conciencia del absurdo es una especie de iluminación desoladora que revela el sinsentido, donde se puede voltear la mirada y ver al escenario que ha quedado destruido, el estado donde se alcanza una lucidez desesperanzada. El actor ahora no solo ve y sabe que el escenario que consideraba real era solo eso, un escenario, sino que ahora debe enfrentar como actor que ya no actúa un mundo sin decorados, donde quienes siguen actuando le son extraños y él es incomprendido por ellos. Se da entonces una triple extrañeza, frente al mundo, frente a los demás, y frente a sí mismo, pues ya no hay una respuesta clara al quién soy. Junto al decorado han caído sus ilusiones, certezas, esperanzas y respuestas.

Este proceso lo vive el protagonista de El Extranjero. El libro está dividido en dos partes. La primera parte podría decirse que es el absurdo como sentimiento el que se manifiesta. La segunda parte sería pues la manifestación del absurdo como noción, como conciencia. La primera parte es además el lugar donde se nos presenta y caracteriza a Meursault, donde se realiza un esbozo acerca de quién es.

La personalidad del Meursault resulta especialmente envolvente. Aunque es notorio que hay cierto alejamiento con el personaje que hace que la conexión que se puede establecer con él tarde en aparecer o sea difícil. Esto puede atribuirse a varias razones. La primera es el estilo de escritura que Camus utiliza; se trata de una primera persona distanciada, que relata como si de una tercera persona se tratase. Otra razón, íntimamente ligada a la anterior, es que Meursault nos cuenta su historia como si se tratase de un mero observador, como si ese del que habla no fuese él, no hay intimismo, no hay introspección, solo hay descripción de los sucesos. La tercera razón es mencionada al inicio de este escrito, abordamos la obra con una carga cultural, de costumbre y normas, que nos hacen chocar con el comportamiento y las actitudes del personaje; como se ha mencionado mientras muchos interpretamos un papel del que no conocemos su significado, Meursault, ya no interpreta.

Otra característica de Meursault es su soledad. Es un hombre de edad mediana cuyo único familiar mencionado en la novela acaba de morir. Las relaciones relatadas son todas endebles. Raymond es un vecino con el que solo habla a veces; su relación se empieza a estrechar a causa del suceso con la amante mora de este y su declaración de considerarlo un camarada por sus favores, pero, en todo caso, no es un gran acercamiento. Con sus demás vecinos las relaciones no son diferentes. En el trabajo parece que la única relación directa que tiene es con su jefe. Por fuera, dice, suele comer en el restaurante de otro conocido suyo, Celeste. A ese lugar va con compañeros de trabajo y ahí mismo parece ser frecuentado por personas con las que ha entablado relación. Más allá de estos espacios es la soledad la que reina en su vida. No parece disgustarle esta situación. En varias escenas del libro es puesto observando el mundo a la distancia: desde su balcón de su casa, desde el muelle, desde su banco de acusado en su juicio. La relación que establece con María tampoco es gran cosa, declara que no la ama y ni siquiera la considera su amante, para él solo es María. Sus diálogos son escasos y desprovistos de contenido importante, su relación se resume en lo meramente sensitivo.

Sumado a su soledad, en la primera parte de la novela, Meursault no parece tener una identidad propia, más aún, una conciencia. Sea, tal vez, una de las razones de la notoria ausencia de la introspección en el personaje. En cierto modo Meursault se comporta como la mujer autómata que ve en el restaurante de Celeste. Se levanta, va al trabajo, come donde Celeste, descansa el fin de semana cuando va a la playa o entretiene el tiempo en actividades fútiles. Más allá no hay nada. Es revelador cuando dice a su abogado que ha perdido la costumbre de interrogarse. Si no hay interrogación no hay reflexión. Manifestación de esto sería su falta de criterio moral que se ve desde el entierro de su madre hasta la falta de arrepentimiento por el asesinado del árabe. Nótese también que el personaje cuando no está ocupado está durmiendo, pasa poco tiempo despierto mientras no hace nada. Recuérdese el viaje en bus a Marengo, el funeral de su madre, los momentos adormilado junto a María y al mar, dormita cuando va a la playa con Raymond y María, en la cárcel duerme casi la totalidad del día, y hay muchas más escenas similares. Dormir es la mejor forma de evitar la reflexión, la pregunta, la introspección consciente.

Sartre presenta una alternativa a esta falta de identidad. Dice pues que Meursault si tiene una identidad, pero esta se reduce a la sensación. Su identidad sería entonces una sucesión de sensaciones. Si se piensa esta es una constante por lo menos en la primera parte de la historia, sin estar ausente en la segunda. Meursault siempre está describiendo cómo se siente, si tiene calor, aturdimiento, aburrimiento, está feliz, siente deseo por María, que le gusta el café con leche, y demás. En definitiva, vive el día y el momento sin preocuparse por pasado o futuro. Por ejemplo, cuando su jefe le ofrece un mejor puesto solo responde que no le incomoda su vida, solo piensa en el cómo se siente en ese instante puro, nada más. Y si se piensa en por qué mató al árabe esta hipótesis se presenta como mucho más plausible: mata al árabe a causa del calor. El lector sabrá que es cierto, dispara no contra el árabe sino contra el rayo de luz que reflejado en el cuchillo le hiere la vista y acentúa un estado de aturdimiento general a causa del calor.

En este momento que sea permitido retomar puntos pendientes. Más atrás se mencionó que el libro está dividido en dos partes y que cada parte pareciera corresponderse con alguna de las formas del absurdo, a saber, sentimiento o noción. Se dijo entonces que la primera parte se correspondería con el absurdo como sentimiento. Se ha dicho también que el absurdo como sentimiento se manifiesta en un rompimiento no consciente entre actor y decorado. Un hombre que ha sentido el absurdo y piensa que su vida tiene algún fin, califica y divide las cosas entre lo que le importa y lo que no. Cuando el absurdo llega, rompe, nada importa realmente, porque ninguna acción significa nada frente al inexorable destino del hombre que es morir. Por eso a Meursault no le importa mucho la muerte de su madre, en todo caso sucedería algún día, no le importa ser o no el camarada de Raymond, tampoco cambiar de vida cuando su jefe quiere promoverlo, no significa nada el amor de María y le da lo mismo casarse o no con ella, no le importa disparar o no contra los árabes y piensa que da igual. Las normas, costumbre y valores, ya no operan pues solo eran parte del decorado.

La segunda parte se corresponde con el absurdo como noción. Es allí donde se da la toma de conciencia de Meursault y la adquisición de una identidad. El primer lugar donde usa con propiedad el yo soy es para mencionar que es un asesino. Ahora es asesino, un reo, un condenado a muerte. El límite de su existencia es decisivo para la comprensión de su vida. Pero esta comprensión, esta noción del absurdo, no brinda esperanza, tampoco significa resignación. Esta es la rebeldía del hombre absurdo, saber que nada importa y no resignarse ni entregarse, por el contrario, reafirma la vida ante la muerte inminente, y en esa comprensión y en esa reafirmación está su libertad. Este proceso en Meursault se dará lentamente en sus largas horas en la celda, en soledad, donde empieza a preguntarse por su vida. Su conclusión magnífica será frente al capellán cuando le esputará su conclusión radical, rebelde, libertaria; no cree en nada, no le interesa Dios, no se arrepiente de nada, no imagina otra vida más allá de esta limitada existencia y si la piensa solo desearía una donde recordara esta porque, al pie del patíbulo, reconoce que fue y es feliz.

Finalmente es preciso mencionar que, aunque en algún momento Meursault parezca un simple hedonista, un amoral, o ambas cosas, no es ninguna de estas. Tampoco puede decirse que sea bueno o malo. Estas categorías no aplican en quien deja de actuar. Él solo puede ser clasificado como un hombre absurdo. Y un hombre absurdo, nos dice Camus y lo secunda Sartre, es un hombre inocente. Es inocente porque fascinado con la muerte que es fin y límite, conoce la divina irresponsabilidad -palabras de Sartre- del condenado a muerte.


Nota final:

Este escrito es apenas un acercamiento a esta obra, nada hay de novedoso o revelador en las ideas que aquí expongo. Esta característica hace que ideas aquí presentes probablemente ya hayan sido expuestas en otros lugares, por otras personas; reconozco esos trabajos y a esas personas. Finalmente, aunque no hay citas textuales, debo mencionar la no poca influencia que tiene el ensayo de Sartre sobre este pequeño texto y que me parece notoria en su lectura, mas no está de más manifestarlo.
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