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José Ángel Valente (Traductor)
ISBN : 8420669784
128 páginas
Editorial: Alianza (27/03/2012)

Calificación promedio : 4.11/5 (sobre 300 calificaciones)
Resumen:
Albert Camus (1913-1960) no sólo fue uno de los escritores más prestigiosos de la generación que llegó a la madurez entre las ruinas, la frustración y la desesperanza de la Europa demolida por las dos Guerras Mundiales, sino que el paso del tiempo agiganta cada vez más su figura excepcional y el valor de su obra. " El extranjero " , novela con cuya publicación saltó a la fama en 1942, tiene como referencia omnipresente a Meursault, su protagonista, a quie... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (48) Ver más Añadir una crítica
IvanValenciaA
 29 March 2019
Señalaba Sartre en su ensayo sobre El Extranjero que un problema que tenemos a la hora de leer e intentar pensar esta obra es que desde la primera línea tratamos de ver a través de nuestras normas y costumbres. Esta pretensión hace que desde esa primera línea el libro y su protagonista se nos presenten como algo extraño, lejano, que no se logra comprender. Agrega que estos sentimientos son la primera experiencia directa con el absurdo que nos entrega Camus en su obra, y que a lo largo de la misma este absurdo no hará más que crecer frente a la conciencia de un lector que no acaba de asimilar aquello que le es relatado. Pero antes de abordar esos sentimientos que nos llevan a la experiencia del absurdo y antes de comentar qué podemos entender por absurdo, es preciso mencionar un aspecto particular que arrojará luz sobre estas cuestiones.

El Extranjero, novela corta, publicada en 1942, cuenta la historia de Meursault, un hombre que sintiéndose extraño en su mundo va transitado, desinteresado, un camino que lo llevará al asesinato, al encierro y a la horca, y todo esto sin generarle sentimientos de rechazo, arrepentimiento o esperanza frente a un destino que considera inexorable. Esta novela hace parte de una trilogía en la que Camus pretendía abordar el tema del absurdo en la filosofía. La novela es la primera de la trilogía, poco tiempo después de su publicación aparece un ensayo, El mito de Sísifo, que viene a ser la exposición filosófica de lo que de manera novelada nos presenta su primera obra. La última pieza de la trilogía es una obra dramática titulada Calígula. Especialmente, los dos primeros textos, están íntimamente ligados. Una misma postura, una misma teoría, una misma cosmovisión, expresada de formas distintas, mas no excluyentes. Sartre sostiene en el mencionado ensayo que la mejor exposición sobre El Extranjero es El mito de Sísifo. Agregaría que la mejor forma de entender la teoría del absurdo expuesta en el mito es leer la novela.

En el contexto de la novela podemos poner de manifiesto un doble entendimiento del absurdo que Camus ya ha propuesto en El mito de Sísifo. Dice pues que el absurdo es sentimiento y noción. Como sentimiento el absurdo debe ser entendido como la relación que sostiene el hombre con el mundo. Esta relación es problemática. Varios lectores de El Extranjero utilizan una palabra para exponer esta situación que a mi parecer es exacta en lo que desea transmitir, a saber, divorcio. Un divorcio entre el actor y su decorado. Un rompimiento en la relación que ha poco tiempo no presentaba queja alguna. Si miramos la génesis de un divorcio, generalmente, se parte de una relación psicoafectiva estable, luego se sucede la crisis, la separación, y la conciencia de la nueva situación. Entre el hombre y el mundo esta crisis sucede cuando la persona empieza a sentir incomodidad con ese mundo que le empieza a parecer lejano y extraño y al que él se le presenta de idéntico modo. Camus menciona que esto puede suceder a raíz de los desengaños que se experimentan frente a la realidad. Ante el deseo de unidad y orden del hombre el mundo se presenta dual o plural, además desordenado, frente al deseo de eternidad el mundo le esputa su finitud y su fragilidad, su vida y sus esfuerzos se ven como superfluos frente a la certeza de la imposibilidad de evitar o evadir la miseria, el sufrimiento y la muerte. Pero este sentimiento no es aún certeza, es solo eso, un sentimiento de incomodidad y malestar, de desasosiego. En este punto el proceso ha llegado hasta el divorcio, pero aún no hay conciencia de la nueva situación.

El absurdo como conciencia es descrito de manera muy bella por Sartre. Parafraseando, dice él que la conciencia del absurdo es una especie de iluminación desoladora que revela el sinsentido, donde se puede voltear la mirada y ver al escenario que ha quedado destruido, el estado donde se alcanza una lucidez desesperanzada. El actor ahora no solo ve y sabe que el escenario que consideraba real era solo eso, un escenario, sino que ahora debe enfrentar como actor que ya no actúa un mundo sin decorados, donde quienes siguen actuando le son extraños y él es incomprendido por ellos. Se da entonces una triple extrañeza, frente al mundo, frente a los demás, y frente a sí mismo, pues ya no hay una respuesta clara al quién soy. Junto al decorado han caído sus ilusiones, certezas, esperanzas y respuestas.

Este proceso lo vive el protagonista de El Extranjero. El libro está dividido en dos partes. La primera parte podría decirse que es el absurdo como sentimiento el que se manifiesta. La segunda parte sería pues la manifestación del absurdo como noción, como conciencia. La primera parte es además el lugar donde se nos presenta y caracteriza a Meursault, donde se realiza un esbozo acerca de quién es.

La personalidad del Meursault resulta especialmente envolvente. Aunque es notorio que hay cierto alejamiento con el personaje que hace que la conexión que se puede establecer con él tarde en aparecer o sea difícil. Esto puede atribuirse a varias razones. La primera es el estilo de escritura que Camus utiliza; se trata de una primera persona distanciada, que relata como si de una tercera persona se tratase. Otra razón, íntimamente ligada a la anterior, es que Meursault nos cuenta su historia como si se tratase de un mero observador, como si ese del que habla no fuese él, no hay intimismo, no hay introspección, solo hay descripción de los sucesos. La tercera razón es mencionada al inicio de este escrito, abordamos la obra con una carga cultural, de costumbre y normas, que nos hacen chocar con el comportamiento y las actitudes del personaje; como se ha mencionado mientras muchos interpretamos un papel del que no conocemos su significado, Meursault, ya no interpreta.

Otra característica de Meursault es su soledad. Es un hombre de edad mediana cuyo único familiar mencionado en la novela acaba de morir. Las relaciones relatadas son todas endebles. Raymond es un vecino con el que solo habla a veces; su relación se empieza a estrechar a causa del suceso con la amante mora de este y su declaración de considerarlo un camarada por sus favores, pero, en todo caso, no es un gran acercamiento. Con sus demás vecinos las relaciones no son diferentes. En el trabajo parece que la única relación directa que tiene es con su jefe. Por fuera, dice, suele comer en el restaurante de otro conocido suyo, Celeste. A ese lugar va con compañeros de trabajo y ahí mismo parece ser frecuentado por personas con las que ha entablado relación. Más allá de estos espacios es la soledad la que reina en su vida. No parece disgustarle esta situación. En varias escenas del libro es puesto observando el mundo a la distancia: desde su balcón de su casa, desde el muelle, desde su banco de acusado en su juicio. La relación que establece con María tampoco es gran cosa, declara que no la ama y ni siquiera la considera su amante, para él solo es María. Sus diálogos son escasos y desprovistos de contenido importante, su relación se resume en lo meramente sensitivo.

Sumado a su soledad, en la primera parte de la novela, Meursault no parece tener una identidad propia, más aún, una conciencia. Sea, tal vez, una de las razones de la notoria ausencia de la introspección en el personaje. En cierto modo Meursault se comporta como la mujer autómata que ve en el restaurante de Celeste. Se levanta, va al trabajo, come donde Celeste, descansa el fin de semana cuando va a la playa o entretiene el tiempo en actividades fútiles. Más allá no hay nada. Es revelador cuando dice a su abogado que ha perdido la costumbre de interrogarse. Si no hay interrogación no hay reflexión. Manifestación de esto sería su falta de criterio moral que se ve desde el entierro de su madre hasta la falta de arrepentimiento por el asesinado del árabe. Nótese también que el personaje cuando no está ocupado está durmiendo, pasa poco tiempo despierto mientras no hace nada. Recuérdese el viaje en bus a Marengo, el funeral de su madre, los momentos adormilado junto a María y al mar, dormita cuando va a la playa con Raymond y María, en la cárcel duerme casi la totalidad del día, y hay muchas más escenas similares. Dormir es la mejor forma de evitar la reflexión, la pregunta, la introspección consciente.

Sartre presenta una alternativa a esta falta de identidad. Dice pues que Meursault si tiene una identidad, pero esta se reduce a la sensación. Su identidad sería entonces una sucesión de sensaciones. Si se piensa esta es una constante por lo menos en la primera parte de la historia, sin estar ausente en la segunda. Meursault siempre está describiendo cómo se siente, si tiene calor, aturdimiento, aburrimiento, está feliz, siente deseo por María, que le gusta el café con leche, y demás. En definitiva, vive el día y el momento sin preocuparse por pasado o futuro. Por ejemplo, cuando su jefe le ofrece un mejor puesto solo responde que no le incomoda su vida, solo piensa en el cómo se siente en ese instante puro, nada más. Y si se piensa en por qué mató al árabe esta hipótesis se presenta como mucho más plausible: mata al árabe a causa del calor. El lector sabrá que es cierto, dispara no contra el árabe sino contra el rayo de luz que reflejado en el cuchillo le hiere la vista y acentúa un estado de aturdimiento general a causa del calor.

En este momento que sea permitido retomar puntos pendientes. Más atrás se mencionó que el libro está dividido en dos partes y que cada parte pareciera corresponderse con alguna de las formas del absurdo, a saber, sentimiento o noción. Se dijo entonces que la primera parte se correspondería con el absurdo como sentimiento. Se ha dicho también que el absurdo como sentimiento se manifiesta en un rompimiento no consciente entre actor y decorado. Un hombre que ha sentido el absurdo y piensa que su vida tiene algún fin, califica y divide las cosas entre lo que le importa y lo que no. Cuando el absurdo llega, rompe, nada importa realmente, porque ninguna acción significa nada frente al inexorable destino del hombre que es morir. Por eso a Meursault no le importa mucho la muerte de su madre, en todo caso sucedería algún día, no le importa ser o no el camarada de Raymond, tampoco cambiar de vida cuando su jefe quiere promoverlo, no significa nada el amor de María y le da lo mismo casarse o no con ella, no le importa disparar o no contra los árabes y piensa que da igual. Las normas, costumbre y valores, ya no operan pues solo eran parte del decorado.

La segunda parte se corresponde con el absurdo como noción. Es allí donde se da la toma de conciencia de Meursault y la adquisición de una identidad. El primer lugar donde usa con propiedad el yo soy es para mencionar que es un asesino. Ahora es asesino, un reo, un condenado a muerte. El límite de su existencia es decisivo para la comprensión de su vida. Pero esta comprensión, esta noción del absurdo, no brinda esperanza, tampoco significa resignación. Esta es la rebeldía del hombre absurdo, saber que nada importa y no resignarse ni entregarse, por el contrario, reafirma la vida ante la muerte inminente, y en esa comprensión y en esa reafirmación está su libertad. Este proceso en Meursault se dará lentamente en sus largas horas en la celda, en soledad, donde empieza a preguntarse por su vida. Su conclusión magnífica será frente al capellán cuando le esputará su conclusión radical, rebelde, libertaria; no cree en nada, no le interesa Dios, no se arrepiente de nada, no imagina otra vida más allá de esta limitada existencia y si la piensa solo desearía una donde recordara esta porque, al pie del patíbulo, reconoce que fue y es feliz.

Finalmente es preciso mencionar que, aunque en algún momento Meursault parezca un simple hedonista, un amoral, o ambas cosas, no es ninguna de estas. Tampoco puede decirse que sea bueno o malo. Estas categorías no aplican en quien deja de actuar. Él solo puede ser clasificado como un hombre absurdo. Y un hombre absurdo, nos dice Camus y lo secunda Sartre, es un hombre inocente. Es inocente porque fascinado con la muerte que es fin y límite, conoce la divina irresponsabilidad -palabras de Sartre- del condenado a muerte.


Nota final:

Este escrito es apenas un acercamiento a esta obra, nada hay de novedoso o revelador en las ideas que aquí expongo. Esta característica hace que ideas aquí presentes probablemente ya hayan sido expuestas en otros lugares, por otras personas; reconozco esos trabajos y a esas personas. Finalmente, aunque no hay citas textuales, debo mencionar la no poca influencia que tiene el ensayo de Sartre sobre este pequeño texto y que me parece notoria en su lectura, mas no está de más manifestarlo.
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brownchoco
 19 August 2022
Camus nos muestra lo deshumanizado que puede llegar a ser una persona,como puede vivir sin padecer el sufrimiento de los demás ni el suyo propio,no se mueve por las emociones más bien por sus ideas y pensamientos y para nada se deja de llevar por el qué dirán.El protagonista vive en su mundo,no le afecta el amor,la muerte ni prácticamente ningún sentimiento,parece que vive por cada uno de los impulsos que le dicta su mente en cada momento,todo le resulta indiferente y comenta las cosas sin ningún tipo de filtro sin importarle las consecuencias. Una obra bastante compleja y profunda que he disfrutado Si quieres leer algo diferente donde un hombre vive una vida sin sentido bajo el engaño de una sociedad disfrazada y con un toque kafkiano ya tardáis.
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Soniagh
 12 March 2023


"El extranjero" es un clásico de la literatura universal, un ineludible narrado en primera persona y que con un lenguaje bastante sencillo y con un ritmo de lectura ágil y aparentemente facil, plantea cuestiones existenciales de gran profundad.

Meursault, el protagonista, es un hombre solitario que vive feliz y relajado en su micro mundo, anclado en la monotonía, con una vida marcada por las rutinas y completamente ajeno a lo que ocurre en el exterior. Un día recibe con total apatía la noticia de la muerte de su madre y parece que este hecho que le obliga a salir de su zona de confort más que producirle dolor le incomoda porque rompe con su cotidianidad. Este comportamiento atípico choca con los convencionalismos de la sociedad. Y desde ahí los acontecimientos se precipitan y los problemas se suceden en la vida para este pobre diablo, que ha tenido la osadía de mostrar sus sentimientos o más bien falta de ellos, de forma impúdica e incauta a todo bicho viviente que se ha cruzado en su camino.

Pero seamos honestos, ¿Es esta actitud de indiferencia realmente reprobable? ¿A quien hace daño? ¿O es que acaso nos escandalizamos ante su percepción de la vida que relativiza todo lo que ocurre en su entorno porque está más allá de los patrones de conducta marcados por la sociedad como los políticamente correctos? Porque a fin de cuentas el, un hombre inexpresivo y con un carácter un tanto asocial había elegido como filosofía de vida la indiferencia ante lo que ocurriera a su alrededor con la única pretensión de vivir tranquilo.

Y esta frialdad, está falta de pasión ante los acontecimientos de la vida que muestra el protagonista, este hombre distante y repulsivo, son tachados como comportamientos inhumanos y para el grueso de la comunidad resultan raros, de tal modo que, tal y como indica el título de esta obra, el protagonista es un extranjero, un extraño dentro de una sociedad que asfixia la diferencia, quizás por miedo a las consecuencias que puedan tener salirse del patrón.

Una lectura cruda pero interesantísima, no apta para espíritus sensibles, del genial Camus.

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Carampangue
 06 March 2019
Veo por aquí muchos reseñistas que dicen que El extranjero no les gustó, que Mersault les cayó pésimo y que no soportan la abulia del personaje. Sospecho que eso pasa porque a veces nos acostumbramos a un tipo de novela en la que nos podemos identificar con el/la protagonista, y que está destinada a hacernos sentir emociones intensas. le pedimos a la novela que nos atrape, que nos tenga al borde de la silla, y si el libro exige esfuerzo a sus lectores, nos aburre.

Por eso me propongo valorizar la novela del maravilloso narrador, filósofo y arquero de fútbol que fue Albert Camus, y aprovechar de invitar a la lectura a la comunidad. Y para eso, partamos por el estilo: la prosa de Camus es tan ajustada, precisa y simple que parece escrita sin pensar. Camus no intenta escribir florido, no se gasta en epítetos ni en comparaciones, sino que concentra sus esfuerzos en mostrarnos directamente a su personaje. Más aún, ni siquiera lo describe: conocemos a Mersault por sus actos, nos lo muestra en vez de contarlo. La primera oración del texto ya es toda una declaración de intenciones: “Hoy ha muerto mamá. O quizá fue ayer. No lo sé”. Camus no necesita decirnos que su Mersault es apático, que no le importa su madre ni nada, porque son sus actos los que nos cuentan eso. Sin embargo, por momentos aparecen destellos de poesía, como la escena de la muerte del árabe, donde la prosa de Camus, de pronto, recurre a figuras literarias, logrando un momento hermoso, donde la calurosa playa argelina parece suspendida en el tiempo.

Dichas cuatro palabras sobre el estilo y la forma, pasemos al contenido. Albert Camus es un autor con profundas intenciones filosóficas, y que en diversas obras cuestionó el sentido de la vida. Aquí es esa la pregunta que lo anima: ¿por qué vivimos?, ¿qué nos mueve a seguir cada día? Camus, con mucho coraje, se plantea esa pregunta fundamental, que es la que permite todas las demás. Y su Mersault resulta un personaje que simplemente vive cada día, al que todo le da igual porque carece de un sentido, porque vivir ésta vida o aquélla le es indiferente. Cuando su madre muere, no le da importancia: era una mujer mayor, y seguro que iba a morir algún día. Lo mismo su aventura amorosa, liviana y superficial, motivada por el placer de sentir compañía y no por sentimientos profundos.

Mersault hace cosas malas, y de hecho termina matando a un hombre, pero no porque en su corazón haya maldad, sino porque nada le importa: si las circunstancias lo empujan al bien, fantástico, y si un conocido (no me atrevo a decir amigo) le pide que mienta a la policía, pues tampoco eso es problema para él. Mersault nos repugna porque no tiene pasiones en su corazón: si el sentido original de la palabra monstruo era “ajeno a la naturaleza”, Mersault es monstruoso porque es ajeno a los hombres: tiene el corazón vacío.

(Y aquí cabe preguntarse: ¿no es acaso Mersault como muchos hombres y mujeres de hoy? ¿Consumistas, superficiales, estableciendo relaciones sentimentales no por amor sino por comodidad, y más preocupados porque no les spoileen Game of Thrones que por el bienestar de sus familias?)

En fin. Mersault es juzgado por la muerte del árabe, y en el juicio se le achacan cosas que, siendo verdad, nada tienen que ver con el asesinato: se le acusa de no mostrar tristeza en la muerte de su madre, de iniciar una relación afectiva un día después de su muerte, con ligereza, o de ir a ver una película cómica en ese fin de semana. En definitiva, se lo condena por no ser un humano sino un monstruo.

Ya en la segunda parte de la novela, Camus se vuelve más reflexivo, y hace que Mersault aproveche su tiempo en la cárcel para preguntarse acerca del sentido de vivir. Y llega a una conclusión decisiva: si, por una parte, la vida no tiene sentido, es un viaje absurdo y lo mismo da una que otra, por otra parte cada vida es única, y cada uno de nosotros posee la oportunidad de seguirla hasta el final, disfrutando el viaje, que es el único que tenemos.
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Guille63
 14 May 2023
Como conclusión: encantado en lo literario, escéptico en lo filosófico.

Más que una obra literaria, que lo es, "El extranjero" es un tratado filosófico sobre cómo vivir, cómo sobreponerse al sin sentido de vivir y cómo enfrentarse al absurdo de la muerte. No comparto su existencialismo pasivo, el conformismo aceptante de lo que hay. Quizás haya quien pueda llegar a vivir esa conformidad alejado de todos y de una forma satisfactoria e incluso feliz, pero a mí, más allá del egoísmo y la insolidaridad que implica, se me hace un imposible.

Pero, filosofías aparte, la escritura me ha parecido magnífica. La personalidad del personaje casa perfectamente con la sobriedad del texto, su economía de medios, la neutralidad fría que se mantiene hasta casi el final. Solo lo imprescindible debe ser dicho. Hay un esmerado mimo por el detalle, por la palabra precisa, por trasmitir el hedonismo de los pequeñísimos placeres; las descripciones son contenidas, muy visuales, remitiendo siempre a las sensaciones físicas. Y ese fantástico estallido final, rápido, implosivo al que le sigue una calma reflexiva, feliz. Brillante.

Asocio esta obra con la famosa novela kafkiana del insecto. Pareciera como si Camus hubiera querido reescribir el final de aquella.

A ver si no (cuidado, a partir de aquí destripo el argumento de la novela):

Antes del suceso que lo cambia todo, las vidas de los protagonistas de ambas novelas transcurren en una monotonía apacible, nada apasionante pero tampoco desagradable, incluso placentera en sus pequeñas cosas. Tras el acontecimiento, los dos protagonistas se descubren entes inhumanos en los ojos de quienes los rodean, uno en apariencia y progresivamente en todo su ser y el otro por su absoluta falta de deseos, sentimientos, moral, por su indiferencia absoluta ante los otros y la vida. En ambos casos, bicho y extraño, producen repulsa en aquellos que los juzgan, en una sociedad que los ve como individuos de otra especie, distintos e inquietantes y, por tanto, peligrosos. En ambos casos, el veredicto es la condena a muerte.

En las dos obras el acontecimiento que inicia el cambio es ajeno a ellos. En el caso de El extranjero es menos evidente. Aunque Meursault dispara, al menos el primero de los disparos lo acomete como ido, como si la cosa no fuera con él, como si, de la misma forma que se produce, pudiera no haber sucedido, sin motivación alguna, como algo que le ocurre.

Tras el suceso, en su celda, Meursault despierta al absurdo de la misma forma que Sansa lo hizo en su habitación. Pero ese descubrimiento no es instantáneo en el extranjero. En un principio mantiene sus hábitos acomodaticios, pasivos, de conformidad con las circunstancias en un mundo donde nada importa mucho y todo es lo mismo.

“si me hubiesen hecho vivir en el tronco de un árbol seco sin otra ocupación que la de mirar la flor del cielo sobre la cabeza, me habría acostumbrado poco a poco. Hubiese esperado el paso de los pájaros y el encuentro de las nubes”

A medida que trascurre el juicio, Meursault descubre la mirada de los otros (hecho que ya empezó a producirse en el entierro de la madre) y con ello su vida, que había consistido en un tranquilo y sosegado día a día, sensible únicamente a las sensaciones físicas, sin ningún tipo de reflexión pero sin estar sujeto a normas ajenas a él, cambia con el enfrentamiento consigo mismo, con él en medio de los otros, con él en la vida y, por encima de todo, con él ante la muerte. Descubre el sin sentido, el absurdo. Toda esperanza no crea más que dolor. Cambiar de vida es una completa ilusión. Nada importa, las relaciones humanas son fantasmas sin trascendencia, nada es relevante, da igual una cosa que otra.

Pero, y aquí está el gran cambio, la respuesta de Meursault ante su recién descubierta “inhumanidad” no podía diferir más de la del insecto de Kafka. Si Sansa se deja morir, sintiéndose separado del mundo, infeliz, el personaje de Camus se revela, estalla ante la muerte próxima, su indiferencia desaparece y su primera reacción ante el absurdo es de cólera

“¡Qué me importaban la muerte de los otros, el amor de una madre! ¡Qué me importaban su Dios, las vidas que uno elige, los destinos que uno escoge, desde que un único destino debía de escogerme a mí y conmigo a millares de privilegiados que, como él, se decían hermanos míos! ¿Comprendía, comprendía pues? Todo el mundo era privilegiado. No había más que privilegiados. También a los otros los condenarían un día. También a él lo condenarían. ¿Qué importaba si acusado de una muerte lo ejecutaban por no haber llorado en el entierro de su madre?”

Y tras la tormenta, vuelve la calma, una calma que es ya muy distinta a la que hasta ese momento había caracterizado su vida; en estos últimos momentos la calma se hace reflexiva, propia en un sentido profundo. Había, por primera vez, tomado los mandos

“Como si esa gran cólera me hubiese purgado del mal, vaciado de esperanza, delante de esta noche cargada de signos y de estrellas, me abría por primera vez a la tierna indiferencia del mundo. al encontrarlo tan semejante a mí, tan fraterno al cabo, sentí que había sido feliz y que lo era todavía”

Al fin y al cabo, había comido cuando había sentido hambre, había bebido cuando había sentido sed, había follado cuando había sentido deseo. Y ahora, en su momento final, Meursault se presenta orgulloso, fuerte como para no necesitar las mentiras consoladoras que el hombre ha inventado para afrontar su vida y su muerte (el ateísmo de Meursault es el más perfecto posible: no se rebela ante la idea de la existencia de Dios, no lo niega, simplemente no lo considera, es un problema inexistente, irrelevante, sin importancia alguna), y repudiando a esta sociedad ciega e ignorante de la que se siente orgullosamente distanciado se enfrenta con su final.

“Para que todo sea consumado, para que me sienta menos solo, me quedaba esperar que el día de mi ejecución haya muchos espectadores y que me reciban con gritos de odio.”
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Citas y frases (29) Ver más Añadir cita
NurytaNuryta21 October 2022
Al encontrarlo tan semejante a mí, tan fraternal, en fin, comprendía que había sido feliz y que lo era todavía. Para que todo sea consumado, para que me sienta menos solo, me quedaba esperar que día de mi ejecución haya muchos espectadores y que me reciban con gritos de odio.
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CarampangueCarampangue06 March 2019
Por primera vez desde hacía mucho tiempo pensé en mamá. Me pareció que comprendía por qué, al final de su vida, había tenido un «novio», por qué había jugado a comenzar otra vez. Allá, allá también, en torno de ese asilo en el que las vidas se extinguían, la noche era como una tregua melancólica. Tan cerca de la muerte, mamá debía de sentirse allí liberada y pronta para revivir todo. Nadie, nadie tenía derecho de llorar por ella. Y yo también me sentía pronto a revivir todo. Como si esta tremenda cólera me hubiese purgado del mal, vaciado de esperanza, delante de esta noche cargada de presagios y de estrellas, me abría por primera vez a la tierna indiferencia del mundo. Al encontrarlo tan semejante a mí, tan fraternal, en fin, comprendía que había sido feliz y que lo era todavía. Para que todo sea consumado, para que me sienta menos solo, me quedaba esperar que el día de mi ejecución haya muchos espectadores y que me reciban con gritos de odio.
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IvanValenciaAIvanValenciaA30 March 2019
Al final, sólo recuerdo que desde la calle y a través de las salas y de los estrados, mientras el abogado seguía hablando, oí sonar la corneta de un vendedor de helados. Fui asaltado por los recuerdos de una vida que ya no me pertenecía más, pero en la que había encontrado las más pobres y las más firmes de mis alegrías: los olores de verano, el barrio que amaba, un cierto cielo de la tarde, la risa y los vestidos de María. Me subió entonces a la garganta toda la inutilidad de lo que estaba haciendo en ese lugar, y no tuve sino una urgencia: que terminara cuanto antes para volver a la celda a dormir.

Pág. 135.
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YalonsoYalonso10 August 2022
Al principio de la detención lo más duro fue que tenía pensamientos de hombre libre, por ejemplo, sentía deseos de estar en una playa y de bajar hacia el mar.
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SoniaghSoniagh12 March 2023
Quizá no estaba seguro de lo que me interesaba realmente, pero en todo caso, estaba completamente seguro de lo que no me interesaba.
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Cuando la medicina se empeña en alargar la vida de un individuo más allá de su consciencias o de su bienestar, ¿es lícito pedir la muerte? ¿Es moral? ¿Se puede hablar de homicidio o de suicido? "No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio, y ese es el suicidio", escribió Albert Camus. A falta de solución, la ley legisla según las sociedades y la ética en boga.
Jorge Linares fue fundador y director del Programa Universitario de Bioética (2012-2017) y director de la FFyL de la UNAM (2017-2021)
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