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Raúl Gabás Pallas (Traductor)
ISBN : 8425432529
Editorial: Herder Editorial (02/09/2013)

Calificación promedio : 4.25/5 (sobre 2 calificaciones)
Resumen:
Ningún otro lema domina hoy el discurso público tanto como la transparencia. Según Han, quien la refiere solamente a la corrupción y a la libertad de información, desconoce su envergadura. Esta se manifiesta cuando ha desaparecido la confianza y la sociedad apuesta por la vigilancia y el control. Se trata de una coacción sistémica, de un imperativo económico, no moral o biopolítico. Las cosas se hacen transparentes cuando se expresan en la dimensión del precio y se... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (1) Añadir una crítica
Ber
 22 febrero 2019
Me ha gustado bastante. La tesis del libro es simple: el concepto de transparencia, llevado a la práctica, no es tan bueno como parece y lo está inundando todo.
Se remonta a los orígenes de lo que llama la sociedad de la transparencia hasta Rousseau, y explica cómo ya en su nacimiento adquiere tintes autoritarios. El francés dice que su ley máxima es "no hagas nada que no puedan saber los demás". de hecho, estuvo en contra del teatro por considerarlo oscuro y falso, y opinaba que era mejor que viviéramos en ciudades pequeñas, donde todos podemos saber todo de todos. Para él, el ciudadano ideal era aquel que hacía su casa no hacia dentro, sino hacia fuera, para que todos pudiesen verlo. Un poco chungo, el Rousseau.
Es fundamental el significado que le da a la pornografía, para él cualquier cosa puede ser pornográfica en cuanto pura exhibición, cuando ha perdido cualquier posible lectura personal por carencia de deixis. Está eliminada la libre interpretación, el mensaje es directo entre el objeto y el ojo receptor. La posibilidad de cualquier hermenéutica es totalmente masacrada.
La transparencia se ha convertido hoy día en una forma de regulación de la sociedad, en una máquina de hacer iguales. No solo abarca la política o la economía, sino que se adentra en cualquier aspecto de la sociedad, termina con la privacidad, te hace vivir de cara al mundo y no a ti mismo.
Pero hay algunos problemas: ni siquiera las personas son transparentes consigo mismas, como Freud indicó con el yo, el ello y el superyó. El humano es incoherente, está en lucha desgarrada continuamente consigo mismo.
Me ha encantado esta reflexión: la transparencia es una consecuencia de la desconfianza, de una sociedad donde la lealtad se ha perdido y la única forma de conseguir transparencia es el control. Este control, además, no es visto como algo opresor (que lo es), sino que lo asociamos a nuestra libertad individual porque nos sentimos más informados.
Mola, además, que el autor no se pierde en un frenesí de léxico incomprensible como suelen hacer los filósofos. Es simple y va directo al grano. Es guay.
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Citas y frases (1) Añadir cita
AvendanoJohnAvendanoJohn21 agosto 2020
"Según Benjamin, para las cosas que están «a servicio del culto [...] el que existan es más importante que el hecho de ser vistas». Su «valor cultual» depende de su existencia y no de su exposición. La práctica de cerrarlas en un espacio inaccesible, de sustraerlas con ello a toda posibilidad de verlas, eleva su valor cultual. Así, determinadas imágenes de vírgenes permanecen veladas casi durante todo el año. Ciertas estatuas de dioses en la cella solo son accesibles a los sacerdotes. La negatividad de la separación (secreto, secretus), de la delimitación y del encierro es constitutiva para el valor cultual. En la sociedad positiva, en la que las cosas, convertidas ahora en mercancía, han de exponerse para ser, desaparece su valor cultual a favor del valor de exposición.En lo que se refiere a este último, la mera existencia es por completo insignificante. Todo lo que descansa en sí se demora en sí mismo, ya no tiene ningún valor. Las cosas se revisten de un valor solamente cuando son vistas. La coacción de la exposición, que lo entrega todo a la visibilidad, hace desaparecer por completo el aura como «aparición de una lejanía». El valor de exposición constituye el capitalismo consumado y no puede reducirse a la oposición marxista entre valor de uso y valor de cambio. No es valor de uso porque está sustraído a la esfera del uso, y no es ningún valor de cambio porque en él no se refleja ninguna fuerza de trabajo. Se debe solamente a la producción de atención."

Considero que las ideas se comportan de la misma manera que los objetos artísticos... la privacidad de lo que pensamos termina volviéndose un objeto mercantil en la medida en que lo publicamos... Quizás hay cosas, que tienen valor para alguien porque no se saben y no tienen por qué saberse.

Según Han, autor del texto que cito, en La sociedad de la transparencia, problematiza ese querer saber todo del otro, el exigir transparencia, propio de estos tiempos, donde la exigencia de la transparencia no solamente se da en las esferas públicas, sino en las privadas, en la familia, en la iglesia...

Diría Foucault que toda voluntad de saber es una voluntad de poder; ¿no es eso lo que queremos al buscar en lo íntimo del Otro? ¿encontrar algo para "a*poder*arnos"?. Si sabemos que el poder se ejerce y no se tiene: el saber busca ejercer un poder sobre el otro [al igual que los españoles escribían sobre los indígenas, lo pecadores que eran, para entregarles un dios que no era suyo, puesto que si sabían de ellos, podían evangelizarlos, apoderarse de su estructura mental; desgraciadamente, les funcionó]...

Además que el saber tiene una profunda relación con 'la verdad' y, cuando una 'verdad' se ve amenazada, el portador de ésta busca todos los medios para eliminar al otro [ya sea convirtiéndolo en un falso positivo o invitándolo a que piense de la misma manera])

En conclusión, saber del otro, primero, elimina esas fronteras entre lo íntimo y lo público: convierte lo privado en mercancía. Segundo, el publicar algo, o buscar en lo íntimo del Otro, responde a la voluntad de poder o, mejor dicho, a la voluntad de ejercer poder sobre otro.

Finalmente, y porque no está de más repetir, no se quiere saber del otro para que exista confianza; sino para alienarlo, eliminar la Otredad. Toda voluntad de saber es una voluntad de poder. En esta sociedad que exige transparencia, se busca controlar y ser controlado por medio de la información [solo es buscar el escándalo de Cambridge Analytica para enterarse de esto, no hay que ser muy listo].

Para cerrar, me desagrada encontrarle razón de ser a las palabras de Han.
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Vidéo de Han Byung-Chul
Raimund Herder presenta «La sociedad paliativa», el último ensayo del filósofo surcoreano Byung-Chul Han.
En la actualidad vivimos en una sociedad que ha desarrollado una fobia al dolor, en la que ya no hay lugar para el sufrimiento. Este miedo generalizado se refleja tanto en lo personal como lo social, e incluso en la política. El imperativo neoliberal «sé feliz», que esconde una exigencia de rendimiento, intenta evitar cualquier estado doloroso y nos empuja a un estado de anestesia permanente.
En este ensayo, Byung-Chul Han parte del supuesto de que en Occidente se ha producido un cambio radical de paradigma. Las sociedades premodernas tenían una relación muy íntima con el dolor y la muerte, que enfrentaban con dignidad y resignación. Sin embargo, en la actualidad, la positividad de la felicidad desbanca a la negatividad del dolor, y se extiende al ámbito social. al expulsar de la vida pública los conflictos y las controversias, que podrían provocar dolorosas confrontaciones, se instaura una posdemocracia, que es en el fondo una democracia paliativa.
Ya disponible en librerías y a través de nuestra página web: https://www.herdereditorial.com/la-sociedad-paliativa
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