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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
11 abril 2018
Hoy vengo con otra relectura, pero este es de esos libros que los leería veinte veces de ser necesario. Seguramente os habrá pasado desapercibido, pero tanto en el sorteo del primer aniversario como en el del segundo, hubo un libro de Anne Brontë. En el primero fue esa maravilla llamada La inquilina de Wildfell Hall, y en el segundo y último sorteo fue su otra novela, Agnes Grey, que es mucho más conocida a nivel popular. No habrá más en próximos aniversarios, porque son las dos únicas novelas que Anne tuvo tiempo de escribir. Murió muy joven, jovencísima, como todos los hermanos Brontë, y no le dio tiempo a más, pero fueron suficientes para dejar sobrada muestra de su talento.

Os preguntaréis el por qué de incluir siempre un libro de Anne Brontë en los sorteos de aniversario cuando las famosas son sus hermanas. La familia Brontë era una familia con genio... no en cuanto al temperamento (que también y mucho), sino en cuanto a eso que la RAE llama "una capacidad mental extraordinaria para crear". Charlotte, Emily y Anne eran muy distintas entre sí, y es algo que además puede apreciarse en la obra que dejaron como legado. Las historias a las que dieron vida no podrían ser más diferentes, y aun así (casi) todas rozan la genialidad. Pero siempre, desde siempre, una de las hermanas ha quedado injustamente tapada y ensombrecida por las otras dos, y yo, que ya desde pequeña me llamaban en mi casa la "la defensora de los pobres", es la hermana Brontë a la que siempre reivindico cuando me preguntan: Anne, la pequeña Anne.

Agnes Grey es una joven de 19 años que ha vivido siempre excesivamente protegida por su familia. Siendo la pequeña de la casa, tanto sus padres como su hermana Mary le han evitado siempre cualquier esfuerzo o responsabilidad, pero ella siempre ha tenido la inquietud interior de trabajar y de demostrar que puede hacer muchas más cosas de las que su familia cree. Cuando su padre pierde mucho dinero en una inversión por culpa de un mal golpe de fortuna, las apreturas económicas se asientan en el hogar de los Grey, y es entonces cuando Agnes decide, a pesar de la oposición inicial de su familia, llevar a cabo lo que lleva mucho tiempo anhelando: ser institutriz, y así ayudar en lo que pueda a su familia al tiempo que les ahorra su manutención y cuidados.

Agnes nos narra en primera persona su historia, y es a partir de esta situación familiar cuando tenemos dos partes diferenciadas en la narración, que además se corresponden con las dos casas en las que sirve Agnes a lo largo de la lectura. Para su primer trabajo, Agnes parte una mañana hacia la recia mansión de Wellwood, donde le espera la familia Bloomsbury. Allí tendrá que hacerse cargo de la educación de tres de sus cuatro hijos. Agnes confía en sus cualidades, perseverancia y preparación a pesar de su inexperiencia, pero lo cierto es que no está preparada para lo que allí se encuentra ni para las humillaciones de las que será objeto. En su segunda casa, Horton Lodge, donde entra para ser institutriz sobre todo de las dos hijas del matrimonio Murray, aun sin llegar a encontrarse un panorama mucho mejor y sentirse muy sola, surgirán elementos, personas, relaciones y situaciones que harán de su estancia en Horton Lodge una experiencia muy distinta a la de la primera casa.

Esto es una simple introducción a lo que podréis encontrar en el libro, porque no quiero destripar más de lo necesario. Lo cierto es que Anne lo escribió basándose en sus propias experiencias en las casas en las que trabajó como institutriz, así que la novela tiene muchos tintes autobiográficos además de narrar sin extenderse en detalles las tareas que una institutriz debía llevar a cabo. El hecho de que Agnes Grey nos narre sus vivencias en primera persona da más pie a imaginar las semejanzas entre las casas donde trabaja Agnes y aquellas en las que trabajó Anne Brontë, aunque quizás esto sea más acusado en la primera casa que en la segunda, donde ya introduce más elementos ficticios y/o novelados que se alejan en muy determinados aspectos de lo que fue su vida a poco que se conozca sobre ella.

La vida de una institutriz victoriana no era nada fácil, y Anne pasó por muchas situaciones incómodas, humillantes y desesperantes, lidiando con padres incompetentes que malcriaban a sus hijos y menoscababan su autoridad, y niños/adolescentes groseros y consentidos que, sabiendo que tenían vía libre para hacer lo que quisieran ante la negligente mirada de sus padres, hacían insportable su vida e irrealizable su cometido... y nada mejor que escribir una primera novela sobre algo que ella conocía de primera mano. El resultado en Agnes Grey es una novela realista, honesta, narrada de manera lineal y con esa prosa que parece sencilla y que precisamente necesita de mucho talento para mostrarse así de asequible ante el lector. Anne era tan, tan distinta escribiendo a sus hermanas... Mesurada, contenida, cercana... Agnes Grey nos narra su historia de manera sensata, humilde y sin florituras. Lejos quedan los elementos románticos y góticos que caracterizan a las otras dos Brontë, y eso es algo que me encanta de Anne: que supo tener su propia personalidad para contar sus historias a su manera sin querer seguir la estela de nadie. Ni en Agnes Grey, ni mucho menos en La inquilina de Wildfell Hall, donde metió el dedo en la llaga hablando de un tema del que en aquella época no se hablaba en la literatura y mucho menos de la mano de una mujer (los malos tratos dentro del hogar).

Volviendo a Agnes Grey, este personaje representa el arquetipo de institutriz en aquella época. Muy jóvenes (en ocasiones apenas eran 3 o 4 años mayores que sus propios alumnos), eran señoritas que habían recibido una educación esmerada pero que se veían abocadas a trabajar para aportar dinero a la familia o para exhimirla de su manutención en una época de inestabilidad económica en la que muchas familias de clase media perdieron todos sus ahorros por un motivo u otro. No estaba bien visto que trabajasen en las mismas tareas que cualquier muchacha de clase baja, así que la única salida que tenían era la de entrar a trabajar como institutrices en casas de gente acomodada. Una vez en la casa, su posición dentro de ella tenía límites difusos, porque aunque convivían en muchos casos durante años con la familia, obviamente no pertenecían a ella. Tampoco formaban parte de la servidumbre ordinaria, así que no terminaban de encajar en ninguna parte: los señores de la casa no las trataban como a una igual, y los criados las miraban con malos ojos por estar varios peldaños por encima de ellos.

En Agnes Grey vemos reflejados todas y cada una de estas particularidades, pero lo que prima sobre todo es el propio personaje de Agnes. Una muchacha sobreprotegida en su casa que sin embargo no tiene miedo a enfrentarse a un mundo del que no ha visto ni conoce nada, y que a pesar de lo mal que lo pasa, de lo mal que la tratan, de lo sola que se encuentra, de la nula vida social que tiene, de que es marginada por aquellos que son superiores a ella socialmente pero no intelectualmente... a pesar de que ella, en alguna página, a sus escasos veintipocos años se pregunta si esa es la única vida que puede esperar y a la que puede aspirar, se muestra fuerte, decidida, valiente, con una moral intachable, inocente e ingenua para algunas cosas pero demostrando a cada momento lo extremadamente bien que se conoce, para lo bueno y lo malo. Jamás pierde pie y siempre se muestra fiel a sí misma.

Agnes Grey es una lectura fantástica y de una calidad indudable, y a quien le den un poco de miedo los tochos clásicos, de entre las dos novelas de Anne es la más asequible sin lugar a dudas, por su narrativa sencilla y sus escasas 250 páginas. de hecho es su novela más famosa. Admito que en eso, por mucho que ame este libro, no puedo estar de acuerdo, porque la novela que le equipara a sus hermanas, la que grita a voces su talla como escritora, lo valiente que era y las muchas excelentes obras que podría habernos regalado de haber tenido tiempo, es su otra novela, La inquilina de Wildfell Hall. Me encantaría poder traeros también este año su reseña, pero la relectura con el trajín que llevo la veo complicada (se intentará, en todo caso).

Sé que estoy abusando de vuestro tiempo y vuestra paciencia, así que lo voy dejando aquí. Cojo lo dicho al principio de la reseña. Siempre, siempre, defenderé el talento de Anne Brontë. Es difícil destacar entre Charlotte y su archiconocida Jane Eyre y Emily y sus turbadoras Cumbres borrascosas, pero nunca, jamás, se debe perder de vista a Anne, porque hacerlo sería un craso error. Y ya que este rinconcillo me permite defender, fangirlear y mostrar mi lado groupie literario, pues eso, que coloco y promociono a Anne subliminalmente donde puedo y como puedo.

Leed Agnes Grey. de verdad. Es una lectura que todo lo que tiene de sencilla en apariencia, lo tiene de incuestionable en calidad narrativa.
Enlace: https://inquilinasnetherfiel..
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