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Críticas sobre Fahrenheit 451 (43)
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lectoraaburrida
 17 junio 2019
Mucho tiempo con este libro pendiente y puede que le haya pedido demasiado, o que simplemente como ocurre otras veces, no era el momento idóneo de leerlo.
Es sumamente interesante tanto el tema que toca, cómo lo hace y lo que transmite, pero se me ha hecho abrumadoramente denso.
Me quedo con los dos relatos finales que sí me han gustado, puede que por su mayor brevedad.
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AlmaLectora
 26 octubre 2017
Nos encontramos en un nuevo mundo distópico. Ya que esta es una de las novelas clásicas distopicas en las que toda novela de ciencia ficción o distopica actual se basa, junto a 1984 y un mundo feliz (las dos reseñadas en el blog)
Como os decía en este mundo distópico los libros están censurados/prohibidos. Y nuestro protagonista Montag es un bombero. Pero aquí los bomberos no se dedican a apagar fuegos sino a crearlos, quemado los libros que encuentran. Ya que el gobierno de esta sociedad ha impuesto la ley de que los libros son peligrosos y tienen que ser destruidos. Además la gente está alineada a través de la televisión. Los programas de televisión y sus protagonistas (la familia) hacen creer a la sociedad que no tienen que pensar. Que son importantes para ellos y que todo tiene que ir rápido. Por lo que la gente no piensa en nada. En medio de todo esto hay una guerra por la que la gente, al estar alineada, no muestra el menor interés. Lo que más me impactado es esa indiferencia hacia todo lo que les rodea. Como incluso los sentimientos hacia sus seres queridos son neutros, es decir, si se muere el marido de alguien no lloran en seguida buscan otro marido porque de que sirve ponerse triste...
Al principio, nuestro protagonista es igual a todos pero tras un suceso con una mujer en su casa y el encuentro con su vecina, una joven con ideas poco comunes en esa sociedad, él empieza a pensar y a ver la realidad. Algo muy peligroso y que pronto será descubierto por el jefe de bomberos.
El principio de la obra es un poco pausado ya que el autor nos muestra la sociedad y los personajes. Como actúan ante determinados sucesos y como esos sucesos calan en Montag. Pero llega un punto en que la historia coge un ritmo muy frenético en que todo pasa muy rápido y precipitado. Dándome una sensación de angustia compartida con el protagonista en esa persecución de la libertad en esa sociedad claustrofobica.
También es una obra que no da muchas pistas o expone todas sus ideas claras. Sino que te da una serie de pistas y hace que el lector reflexione sobre ellas. Lo cual a pesar de ser un libro corto es denso de leer ya que cada poco ves un punto importante para pensar y ver reflejada la sociedad actual en ese libro escrito en la década de los treinta. Algo que da escalofríos como ocurre con las otras distopias clásicas, que es cómo un libro escrito hace tantos años pueda reflejar la sociedad actual tan bien.
No es la primera vez que leo este libro por lo que en esta ocasión me lo he tomado con más calma y he leído y reflexionado mucho los puntos que expone el autor sobre las políticas de los gobiernos, cómo la sociedad se deja alienar por este poder, o como la gente que piensa o las cosas que hacen pensar son peligrosas. Y aunque ahora no parezca que nos estén prohibiendo leer creo que los precios abusivos de los libros están consiguiendo esa perdida de cultura a mucha gente, aunque sé que hay muchos medios para conseguir leer, la gente se deja guiar por las masas. Pero espero que las cosas cambien para bien...

En conclusión, un libro muy importante para ver lo importante que es la literatura para pensar y reflexionar sobre cualquier tema. Como las personas pueden ser manipulas sin darse cuenta y a pesar de mostrárselo negar todo por propia comodidad. Como un libro escrito hace tanto tiempo parezca que esté hablando de la sociedad de hoy en día.
Enlace: https://almalectora.blogspot..
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Dreammewords
 08 enero 2019
”-La gente no habla de nada. Citan automóviles, ropas, piscinas, y dicen ¡que bien! Pero siempre repiten lo mismo, y nadie dice nada diferente, y la mayor parte del tiempo, en los cafés, hacen funcionar los gramófonos automáticos de chistes, y escuchan chistes viejos, o encienden la pared musical y las formas coloreadas se mueven para arriba y para abajo, pero son sólo figuras de color, abstractas. ¿Ha estado en los museos? Todo es abstracto. Mi tío dice que antes era distinto. Hace mucho tiempo los cuadros decían cosas, y hasta representaban gente.”

Fahrenheit 451 es uno de esos libros que siempre quise leer pero de los que tenía la falsa imagen que al ser clásicos iban a tener un estilo de escritura recargado y pesado de leer; cuando lo agarré fue sin estar convencida de que fuera mi momento de leerlo, con miedo de que no me gustara pero ahora que por fin lo leí tengo que decir que no podría haber estado más equivocada.

Para empezar, Fahrenheit 451 trata de una sociedad distópica en la que los bomberos no apagan fuegos, sino que son ellos los que los inician usando como combustible nada más y nada menos que libros.
Estos bomberos son básicamente los peones del gobierno. Cada vez que alguien subversivo es denunciado, las alarmas del cuartel suenan y los trabajadores salen en búsqueda del criminal.
Guy Montag, nuestro protagonista, es uno de estos bomberos y tras la simple pregunta “¿Eres feliz?” empieza a darse cuenta que este estilo de vida no es uno que a él le gustaría vivir: algo simplemente se siente mal.
De esta forma, Ray Bradbury nos abre la puerta a reflexiones que tal vez hasta dan miedo.

Lo que más me hacía poner “incómoda” -si se quiere- es la idea de que los temas que toca el autor no solo son reales, sino que son muy actuales: gente siendo perseguida por su línea de pensamiento, las “familias” en las paredes, los caracoles en los oídos, las autopistas de alta velocidad, etc. Como bien tratan en el libro, tenemos todo el tiempo del mundo, pero nunca usamos ese tiempo para pensar, y cuando vamos en un auto a 150 km/h, por ejemplo, ni siquiera atinamos a pensar en estas cosas.

Lo más triste de toda la trama es que el gobierno ni siquiera tuvo que imponer una ley contra la literatura, la sociedad misma decidió dejar de lado todo tipo de cultura. Toda esencia que tuvieran tanto los libros como la música o las películas –su alma, básicamente- fue siendo dejado de lado por entretenimiento superfluo, pero esto no es suficiente para Montag. Él necesita o más bien desea desde lo más profundo de su corazón tener una relación que lo llene con otro ser humano. Tiene una esposa, tiene compañeros de trabajo, pero no tiene amigos ni familia: nadie con quien forme una conexión suficientemente poderosa. Claro que para esta gente eso es simplemente la vida, pero Guy necesita más, lo que él realmente quiere es vivir, no sólo existir con personas extremadamente conformistas y sintéticas.
Una de mis frases favoritas del libro dice exactamente eso: ”No son libros lo que usted busca. Puede encontrarlo en muchas otras cosas: viejos discos de fonógrafo, viejas películas y viejos amigos; búsquelo en la naturaleza, y en su propio interior. Los libros eran solo un receptáculo donde guardábamos algo que temíamos olvidar. No hay nada de mágico en ellos, de ningún modo. La magia reside solamente en aquello que los libros dicen; en cómo cosen los harapos del universo para darnos una nueva vestidura”.

Como simple contexto tenemos un mundo distópico pero no necesariamente futurista. Con los avances tecnológicos que tenemos hoy en día, se podría decir que la novela es una realidad alternativa, porque como digo es muy actual.
En este mundo hay una guerra, pero nunca se especifica nada sobre esta misma. Bien podría ser una metáfora al viaje de Montag como podría ser también una crítica al periodo histórico por el que pasó el autor, pues el libro es de 1953.

Un personaje que me pareció muy interesante fue Beatty. Hubo una escena clave en que sentí que todo su personaje estaba abriéndose en algo más profundo, pero obviamente por culpa de los spoilers no puedo decir mucho. Simplemente pensar que hay personas que por puro miedo a enfrentarse a lo real, al status quo prefieren vivir una vida infeliz que no los satisface es algo que da miedo.

El final me gustó mucho porque no es el típico que se ve hoy en día donde un grupo de cinco adolescentes vencen a un gobierno totalitario y miran al horizonte con una sonrisa en la cara.
Es un final triste pero al mismo tiempo esperanzador, porque pueden quemar todos los libros que necesiten, pero mientras estén en la cabeza y el corazón de la persona que los leyó no pueden destruirlos completamente.
Tanto Montag como el resto de personas que encuentra en el bosque se convierten en hombres-libro, y en una metáfora que me gustó bastante en la que comparan a la humanidad con el fénix, nos cuentan cómo la humanidad puede destruirse cíclicamente, pero siempre va a poder levantarse de nuevo.

En fin, es uno de esos libros que se quedan para siempre dentro del lector, en el que lo que importa no son los detalles técnicos como la pesadez de la pluma o lo rebuscada de la trama, sino el mensaje que intenta dar. Por eso para mí, se lleva 4.5 estrellas.

Ray Bradbury es un autor que definitivamente quiero seguir leyendo, y espero que me siga sorprendiendo de esta manera. Por ahora ya está encaminado a mis autores favoritos, y Fahrenheit 451 es el primero en irse a los favoritos del 2019.
De todas formas, en algún momento voy a darle una releída a esta obra en búsqueda de las 5 estrellas que se merece.
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Mar
 30 octubre 2017
Fahrenheit 451 es un libro bastante complejo al principio, sobre todo si no estás acostumbrado/a a leer ese tipo de libros, pero conforme vas avanzando te vas enterando mejor de lo que se cuenta y sucede. Tiene bastantes monólogos muy interesantes, filosóficos y éticos, que recomiendo leer más de una vez, tanto para entenderlos como para aprender de ellos, ya que aunque se trate de una distopía tiene bastante crítica social aplicable a la actualidad, como el hecho de que la gente esté obsesionada con las tecnologías, una obsesión enfermiza, casi como una esclavitud, y la gente se olvida por completa de relacionarse con la gente de verdad, la gente de carne y hueso. Todo lo que hacen, sus trabajos, sus formas de vida, dependen por completo de las tecnologías, especialmente de la televisión.

La verdad es que este libro, especialmente el principio, es una pesadilla para todo lector y escritor ya que en este mundo distópico están completamente prohibidos los libros. Si se descubre que alguien tiene libros, aunque sólo sea uno, inmediatamente llegan los bomberos e incendia la casa entera para destruir todos los libros que pueda haber dentro. Sí has leído bien, aquí los bomberos no apagan fuego, lo provocan. Además al dueño del libro lo detienen (si no se suicida antes). Aquí todo aquel que tenga un libro o que haya leído alguno, incluso aquellos que son inteligentes (filósofos, matemáticos…) está muy mal visto, son como criminales, gente que no está bien de la cabeza. Y las tecnologías no han hecho sino empeorar la situación de los libros. Lo único que importa en esta sociedad es ser feliz, y solo se puede ser feliz pasando horas y horas frente a la pantalla de una (o más) televisión viendo programas basura. Por tanto la gente siempre está en la ignorancia, nadie se pregunta el por qué, cómo, dónde… de las cosas, para ellos las cosas son como son y ocurren así porque sí. El gobierno tampoco se libra de esta ignorancia, son elegidos por su aspecto no por sus ideales o inteligencia (al menos yo lo he entendido así). Aunque sí hay ciertas personas que a pesar del desprecio y prohibición a los libros parecen saber bastante de ellos, que han leído y hasta memorizado algunos de ellos.

Conforme avanza la historia la cosa va cambiando bastante. El protagonista, Montag, no es el mismo que al principio. Evoluciona mucho y muy rápido, pero esta evolución también trae ciertos inconvenientes. Se le va dando cada vez más importancia a los libros y a los lectores, ya que si no hay nadie que lea los libros carecerían de sentido.

Este es un libro que todo buen lector debería leer al menos una vez, ya que los verdaderos protagonistas de esta historia son los libros y aquellos que adoramos leer.
Enlace: http://mitesorolibros.blogsp..
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CarmenM
 06 junio 2019
Fahrenheit 451: la temperatura a la que el papel se enciende y arde.

Cuenta la historia de un sombrío y horroroso futuro. Montag, el protagonista, pertenece a una extraña brigada de bomberos cuya misión, paradógicamente, no es la de sofocar incendios, sino la de provocarlos para quemar libros.

Novela distópica publicada en 1953 por Ray Bradbury, describe una civilización occidental esclavizada por los medios, los tranquilizantes y el conformismo.

A pesar de ser una novela con más de 60 años, y ser un clásico de la ciencia ficción, no deja de sorprender la similitud que tienen las conductas de los personajes con la sociedad de hoy en día. La televisión, la despreocupación por la juventud, la publicidad, la cultura del ocio en general.... Me deja sin palabras (en el buen sentido) la recomiendo a todos, para reflexionar hacia donde se dirige este mundo de las nuevas tecnologías, con sus cosas buenas...y las no tan buenas....
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encarnipm
 23 octubre 2018
Para empezar diré que la ciencia-ficción no es de mis géneros favoritos, si bien (como nunca me cierro a ninguna recomendación) leo de casi todo (zombis y Holocausto descartados).
Este libro me sigue demostrando que hay historias, al igual que la buena música, que son atemporales.
Una historia, aunque no hemos llegado a esos extremos, que casi relata la actualidad. Me ha gustado mucho el protagonista Guy Montag es todo un personaje capaz de salir del rebaño y no os digo más para que lo leáis. Para mi gusto, la sinopsis revela demasiado. Mención aparte la escritura de Bradbury, no será el último libro suyo que lea. Lo recomiendo!!
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Yani
 05 mayo 2018
Lo primero que sentí cuando leí Fahrenheit 451 fue dolor ¿Los libros pueden sentir dolor? Porque casi escuchaba gritos en las escenas donde los queman. Y ahí una no sabe si son los gritos propios o si de verdad los libros se quejan. Esta historia causa impresión por varias cuestiones, pero las principales se reducen a dos: la aniquilación del conocimiento y la estupidización de las masas. Suena curiosamente real, ¿no creen?

Estados Unidos, año incierto (el futuro, eso seguro). Los bomberos ya no apagan incendios, sino que los provocan cada vez que alguien da el alarma: cualquier libro que se encuentre debe reducirse a cenizas, junto con la casa. Montag es un bombero que viene sufriendo una crisis “profesional” que se profundiza cuando conoce a su vecina, Clarisse, que le genera dudas en las conversaciones.

Bradbury presenta las preocupaciones de la época, donde cada pequeño invento era un gran acontecimiento. Y de repente las personas se veían atraídas por una pantalla, por las emisiones de radio, las comunicaciones y por la inmediatez de las noticias. Ahora esto nos parece pan comido, pero en aquellos años debió haber sido tan asombroso como terrorífico. En la realidad de Montag, la familia aparece por televisión, hablando y chillando cosas sin sentido. No hay debates, los pocos libros que existen (o que se permiten) están ilustrados y cuentan historias vacías, las artes liberales están prohibidas. En cierto momento el vacío de los diálogos y la negligencia de las personas generan pánico intelectual. Y no sé hasta qué punto no se trata del eco de un pánico actual (lamento ser pesimista, pero lo soy).

Montag, casado con Mildred, no se cuestiona seriamente su labor como bombero hasta que conoce a Clarisse. Mildred y Clarisse forman un par que se pondrá en oposición todo el tiempo, mucho más en lo concerniente a la inteligencia, así que eso resulta interesante. Y hablando de mujeres, la falta de representación de las intelectuales femeninas levantó mis sospechas. Hay cosas que no deberían llamarme la atención sobre la ciencia ficción del siglo XX, pero nunca está de más plantearse la cuestión. Uno de los personajes más interesantes, además de las mujeres ya mencionadas, es Beatty, el capitán de los bomberos. Su perspectiva cínica (e, incluso, un tanto hipócrita) teje el mundo de Fahrenheit 451 con unos pocos diálogos. Redoblo la apuesta: las descripciones del narrador en tercera persona no me parecieron tan útiles para entender ese escenario como sí me pareció Beatty. de Montag no quiero hablar mucho: su personaje se comporta de manera irritante. Es un nervio expuesto (gracias por la idea, Bruce Banner), un inconformista que desea salir violentamente del molde.

El estilo de Bradbury me gusta porque, aunque utilice la tercera persona, se mete en la conciencia del personaje y extrae pensamientos (sí, aunque esté prohibido pensar). Eso acompaña a los momentos de crisis de Montag. Las frases cortas, paradójicamente, aceleran la lectura como si fuera alguno de los libros permitidos en la distopía. Sin embargo, eso no significa que carece de profundidad. Lo único que tengo para criticar con respecto a la escritura es el uso reiterado de algunas metáforas (no sé si es un error… yo lo tomaría como algo que no me gustó mucho y ya) y la vaguedad con la que se tratan ciertos temas políticos. El centro de la atención está en la opresión, por supuesto, pero me hubiera gustado saber más de ese mundo en guerra.

En definitiva, todo esto que leyeron (ojalá que se hayan concentrado) desemboca en un “lo recomiendo” rotundo. Si les gusta leer, si se ponen mal cuando ven un libro deshecho (en esta novela los queman, no hay nada para hacer…), si les asusta la calidad del entretenimiento y la educación y una infinidad de temas acordes al siglo XXI, esta es su distopía. No hay nada que pensar.

Enlace: http://desarmandoclasicos.bl..
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Sara_feerica
 06 diciembre 2017
La peor distopía que un lector pueda imaginar.
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Homolectus
 06 marzo 2020
Fahrenheit 451 (R. Bradbury), Un Mundo Feliz (A. Huxley) y 1984 (G. Orwell) son para mí, las tres grandes distopías del siglo XX, libros que todavía tienen mucho por decirnos.

Fahrenheit 451 presenta a Estados Unidos en un futuro en el que los libros se prohíben y los bomberos los queman. El protagonista, un bombero que se llama Guy Montag, comienza a cuestionar sus acciones y se revela contra su mentor, el capitán Beatty.

Fahrenheit 451 se escribió a principios de la década de 1950, poco después de que los nazis habían quemado libros y, en última instancia, seres humanos. Estados Unidos vivía bajo una neblina de miedo creada por el Comité de Actividades Antiestadounidenses del congreso y el macartismo, que trajo consigo la represión política, las listas negras y la censura de la literatura y el arte. Estas ansiedades permearon la novela.

Sin embargo, la inspiración clave de Bradbury fue la invasión de varias televisiones en blanco y negro de siete pulgadas en los hogares de las personas. Bradbury no era partidario del ludismo, ese movimiento que se opuso a la revolución industrial y destruyó los telares que amenazaban con dejar sin trabajo a los trabajadores textiles.

En la novela, imaginó un mundo donde la gente se entretenía día y noche mirando los muros digitales de sus hogares. Interactuaban con sus amigos a través de esas pantallas, escuchándolos a través de “radios auriculares” —la versión de Bradbury de los AirPods inalámbricos de Apple— insertados en sus oídos.

En ese mundo, a la gente se le atiborraba de “datos no combustibles”: palabras de canciones populares, los nombres de las capitales de los estados, la cantidad de “maíz que Iowa cultivó el año pasado”. “Tendrán la sensación de que piensan” escribió Bradbury, “y serán felices, porque los hechos de esa naturaleza no cambian”.

Si bien como lo dije al principio, el libro es una de las tres grandes distopías del siglo XX, no es el mejor libro del autor. Esto queda muy claro desde muy temprano en la historia, pues a veces los sucesos no resultan muy bien conectados entre ellos y los personajes no se logran definir claramente. Y lo digo no solo desde el punto de vista de un lector, sino con conocimiento de causa; pues la historia originalmente estaba contemplada para ser de 25000 palabras y el editor pidió otras 25000 palabras para publicarlo. Un hecho que no pasa desapercibido y se nota por momento de una forma muy marcada.

Pese a esto, un libro que habla sobre libros y sobre el poder que tienen ellos en la sociedad no puede pasar desapercibido nunca, debe ser un punto de referencia sobre el poder que tienen los libros para ayudar a mantener el equilibro de la sociedad, una sociedad que cada vez se conforma más con solo leer el titular sobre lo que pasa o le bastan solo 208 caracteres para saberse informado.
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CeciHauff
 30 diciembre 2019
Una novela breve, distópica, vertiginosa que trata sobre un régimen que censura libros. Una de mis obras preferidas. Seguro que su estilo influyó cuando escribí el guión de mi corto que se llama "Fértil", ahora que lo pienso...
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