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Crítica de LAKY


LAKY
25 agosto 2020
Vivian Dalton es una operadora de la centralita de Wooster, Ohio. Wooster es una ciudad pequeña en la que todo el mundo se conoce. Por eso, la tentación de escuchar las conversaciones es grande: siempre van a saber de quién hablan los comunicantes y es posible que se enteren de algún trapo sucio. Por eso, todas las operadoras escuchan conversaciones. Vivian también, por supuesto. Lo que nunca hubiese podido esperar es que en una de esas conversaciones se iba a enterar de algo realmente escandaloso que concierne a su propia familia.

Ese día, Betty Miller, una de las mujeres más ricas, poderosas e influyentes del pueblo, paladín de la moral, recibe una llamada. Una mujer a la que Vivian no puede identificar le cuenta un chisme. Un secreto, algo escandaloso, que tiene que ver con el marido de la propia Vivian.

Betty lo contará, eso está claro. Betty no puede callarse algo así y, además, le tiene una especial inquina a Vivian. Lo que ésta no sabe es cómo ni cuándo lo contará pero lo que sí tiene claro es que ha de intentar minimizar el poder de la devastación que se avecina.

El punto de partida del libro me ha gustado muchísimo. Y es que me hizo recordar mi infancia. Cuando era niña nosotros aquí, en la ciudad, teníamos teléfono con línea directa. Pero mis abuelos maternos, que vivían en un pequeño pueblo de Valladolid, tenían teléfono en casa pero no línea directa ya que todos los teléfonos del pueblo estaban conectados a una centralita. No una centralita como la de Wooster, sino algo mucho más modesto. Sólo había una operadora, Manuela “la Tacana” (no me preguntéis de dónde le venía el mote porque lo desconozco) y tenía el negocio en su propia casa. Eso sí, en nada se diferenciaba de Vivian y sus compañeras porque Manuela escuchaba todas las conversaciones. Y tenía la misma vena cotilla así que, si dabas una noticia a tus abuelos, tenías que tener presente que todo el mundo la iba a conocer en breve y no precisamente porque éstos la contasen.

Ohio no es Valladolid ni Wooster el pueblo de mi madre, ni tampoco los personajes son similares. Pero a mí me ha llevado a mi infancia y sólo por eso me ha merecido la lectura.

Pero no sólo por eso, no os vayáis a creer. La verdad es que el libro empieza de una forma bastante seria y formal, con un ritmo tirando a lento y una piensa que no va a pasar gran cosa. Y se equivoca, claro. Porque en cuanto va cogiendo confianza, la historia se va desarrollando y llevándonos por unos derroteros que no hubiésemos esperado. Es un libro lleno de sorpresas, para los personajes y para el propio lector.

La historia se desarrolla en la Navidad del año 1952. Una época muy distinta, con una forma de vida y una moral muy diferente a la actual. Y en un escenario muy concreto. La época y el lugar son importantes para el desarrollo de la historia; algo como lo que le pasa a Vivian no hubiese tenido apenas importancia en una ciudad como Nueva York, pero en un lugar como Wooster las reglas son distintas. Todo el mundo mira a todo el mundo, todos se conocen, todos se critican. Hay quien dicta las reglas –gente como Betty Miller- y los demás deben amoldarse a ellas. Y cuidado con no hacerlo. Pero, como se suele decir, quién esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Y es que el secreto referente al marido de Vivian y una trama paralela referida al robo de un banco de la localidad, la huida de dos de los trabajadores del banco con el dinero (un hombre y una mujer, ella casada con otro), van a llevar a los habitantes de Wooster por la calle de la amargura. Poco a poco, se va desenredando la madeja y se van descubriendo muchos secretos. al final, quizás el referente al marido de Vivian no sea el peor de todos.

La novela se estructura en cincuenta y dos capítulos de corta extensión más un epílogo. Es un narrador omnisciente quien nos va contando la historia, siempre focalizando en Vivian, protagonista absoluta. Lo hace con un estilo cuidado, preciso, en el que predomina la narración sobre el diálogo y la precisión sobre el ritmo. Pero, a pesar de no ser una lectura rápida, lo cierto es que te va envolviendo en su red de secretos y llega un momento en que ya no se puede parar de leer: sale tu vena cotilla y necesitas saberlo todo, todito, todo.

Los personajes están muy bien desarrollados. Especialmente Vivian, la protagonista absoluta. Una mujer muy estricta, que lleva a su familia con mano de hierro, que va ver cómo pasa estar en boca de todos. Es una mujer con sus luces y sus sombras, que a veces no nos gustará pero que, dado lo bien caracterizada que está, entenderemos perfectamente. Junto a ella tenemos a su marido y a su hija adolescente Charlotte, a Betty Miller, a los ladrones del banco, etc… Junto a los personajes, muy reales, los escenarios están igualmente bien descritos, tanto en su faceta espacial como temporal.

Conclusión final

La operadora” es una novela llena de secretos familiares que nos habla de la vida de varias personas en una pequeña ciudad americana en los años cincuenta. Me ha gustado mucho.
Enlace: https://librosquehayqueleer-..
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