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ISBN : 8401022401
Editorial: PLAZA & JANES (17/01/2019)

Calificación promedio : 3.64/5 (sobre 7 calificaciones)
Resumen:
Una novela de gangsters ambientada en el Madrid de los años 40. Acababa de cumplir los diecisiete años cuando maté a un hombre. Ahora, tras tanta vida transcurrida, con los recuerdos de aquel tiempo difuminados en una confusa mezcla de sentimientos contradictorios que han ido sustituyendo a las imágenes concretas, soy aún capaz de recordar aquel momento: el seco estampido del disparo, aquella mirada en la que en un solo y último instante se mezclaron la sorpresa, ... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (7) Ver más Añadir una crítica
Beatriz_Villarino
 08 febrero 2019
No sé si decir que la novela que acabo de leer es un novelón o un peliculón, tal es la forma de narrar que tiene el autor. Sólo sé que me ha encantado; y he de confesar que la empecé con algo de reticencia pues, en general, no me gusta leer sobre la época de la posguerra española, cada vez la encuentro más dolorosa y, en particular, no me gusta lo relacionado con la mafia, el submundo del hampa y todo el horror que conlleva. Está claro que me voy volviendo más sensible. Aun así comencé Las cenizas de la inocencia y quedé enganchada desde el principio. No he podido dejarla hasta terminar. El título hace referencia al tema principal, cómo un chico, apenas un adolescente que malvive con su madre en una habitación, desde que su padre se alistó en el bando republicano y a los pocos días les avisaron de que había desaparecido en la guerra, es capaz de aguantar todo el dolor posible, todo el miedo imaginable que viene de los chantajes, los trapicheos, las mentiras, hasta conseguir salir de ese submundo y, con el paso de los años, volver a ser feliz.
Eso es lo que le ocurre a Emilio, el protagonista que cuenta su historia tal y como la recuerda en su mente, a través de imágenes, unas más vívidas, otras más difuminadas, que aportan a la trama una estructura cinematográfica.
Emilio el Monaguillo «—Porque me paso el día repartiendo hostias», sin tener mayor aspiración que vivir alguna que otra aventura en su existencia gris, marcada por la escasez, la privación y un entorno opresor, del que difícilmente pudieron salir muchas víctimas de la guerra a las que les tocó quedar en el lugar equivocado, en el barrio equivocado, es capaz de enfrentarse a esa Madrid tirana que se encarga de quitar oportunidades para colocarse, es cierto que ayudado por el destino, frente a ella y conseguir aprovechar la libertad que la capital de España ofertó también en la posguerra.
Fernando Benzo construye de forma magistral todo este mundo de falso (y no tan falso) lujo, de falsa esperanza y de verdadero espanto que envuelve a sus personajes, hasta el punto que Madrid es otro personaje más. Hay momentos en los que convergen varios acontecimientos a diferentes individuos en lugares distintos, y mientras la ciudad se muestra protectora con unos es despiadada con otros. Para conseguir este efecto, las constantes personificaciones de la capital son fundamentales «para superar el mal humor que le dejaban las visitas a Montesquiza», «cubriendo toda aquella ciudad sometida a un hambre sumisa y a un rencor mal disimulado», «Hasta aquellas calles no llegaban los “simones”, como entonces se llamaba a los taxis, que llenaban de vida la zona de Preciados»; así como los antónimos con los que es descrita «Resultaba desconcertante aquel brusco contraste que existía entre la ciudad y sus alrededores».
Asimismo también abundan las antítesis en el resto de personajes, que remarcan lo falso de lo que se ve en discrepancia con la verdad de cada uno «En el escenario, Asia irradiaba seguridad […] Cuando no estaba actuando, Rosita era una joven de frágil dulzura» «Yo no creo en la venganza […] Pero yo creo en la justicia. Y lo que ha ocurrido no es justo» «Las historias que corrían sobre él eran contradictorias e incompatibles pero, en todo caso, todos los relatos incluían muerte» «Empecé a convencerme de que aquel premio de don Matías se había convertido, en realidad, en una condena a perpetuidad».
No quiero desvelar demasiado del argumento, merece la pena leerlo, sorprenderse con las acciones de unos donnadie enfrentados al poder reinante en el barrio, un poder que tenía sometida a la población, desde influyentes contrabandistas, que no se escondían ante nadie, hasta especuladores capaces de liquidar a todos aquellos que trabajaban a sus órdenes sin la menor contemplación, sin sentir un ápice de aprecio por quienes se jugaban la vida una y otra vez para sacarse algo de dinero mostrando una lealtad teñida por el miedo, que no servía de nada si quienes movían los hilos de esas pobres marionetas en sus manos no estaban de acuerdo con los resultados. Estos traficantes, jefes de la mafia reinante eran seres superiores, dioses que podían hacer y deshacer a su antojo pues dormían con la tranquilidad de estar protegidos por estafadores instalados en la policía, «—De acuerdo, comisario. Pero si quiere seguir recibiendo mi dinero, necesito ver resultados. […] —Los tendrá, señor Lanza», terroristas encubiertos, protegidos por un gobierno al que no le interesaba saber qué cosas o indagar determinados detalles que harían peligrar sus cargos y posiciones. Es cierto que con el tiempo, unos lograron continuar en puestos respetables, hacerse millonarios a costa de la miseria de los demás, pero también lo es que, algunos cayeron por el camino sin que las autoridades, por las mismas razones, hiciesen nada por aclarar sus asesinatos. Y es que cuando uno no es de fiar no puede confiar en nadie.
Fernando Benzo, del que no había leído nada, ha sabido recrear todo este mundo de amistades eternas, venganzas continuas, rencores acumulados y miedos constantes, fruto de una situación dantesca que sumió al país en el infierno, aunque a algunos treneros, correos, matones, estraperlistas, soplones, timadores y chorizos de tres al cuarto les tocara residir en los círculos más profundos de éste.
La narración comienza in medias res, justo cuando todo el horror ha terminado, cuando Madrid comienza a olvidar, o a no temer, el pasado. El narrador en primera persona, Emilio, es a su vez uno de los protagonistas, es uno de los que se vio atrapado por esa ciudad que durante tanto tiempo le dio la espalda para recompensarlo más tarde. al mismo tiempo que va contando cómo pasa a ser Emilio el Monaguillo, cómo empieza a salir adelante con las enseñanzas y la amistad incondicional de Nico, cómo al introducirse, sin querer, en el escalón más bajo de la mafia, sus seres queridos quedan expuestos a una vulnerabilidad total, cómo logra salir de ella, Emilio recuerda diferentes personajes y hechos que marcaron su vida hasta hacerlo llegar donde terminó.
La narración está plagada, pues, de digresiones que nos ponen en situación sobre quién es ese nuevo personaje, sobre cómo comienza el paso siguiente de la historia, o acabó en anterior; para ello, a veces el narrador cambia a tercera persona omnisciente, sin dejar, por lo tanto, ningún cabo suelto. Todo tiene explicación en Las cenizas de la inocencia, todo va encaminado a retratar un lugar envuelto en maldad, en vileza «El Tuerto pasó de ser un preso sin esperanza a ser un agente de checa con mando en plaza […] Cuando Mosquera (el Tuerto) reapareció, había cambiado de nombre y de bando, lo cual no le costó mucho porque nunca sintió apego alguno por lo uno ni por lo otro […] se encargó también de encabezar a los hombres que le dieron la paliza a Nico […] y el Tuerto fue también el hombre que apareció muerto en las obras de unos bloques de viviendas que la empresa de Lanza estaba realizando…». de esta forma el lector está continuamente ansioso por saber qué va a ocurrir después, de qué se va a enterar. Otra técnica utilizada con gran maestría es dejar esta digresión sin terminar, para retomar lo que había dejado anteriormente o simplemente presentar otra situación. Los finales de cada escena son dignos de la mejor novela negra por la expectación que conllevan, o dignos del mejor cine negro americano, en donde cada escena se corta para dejar que la imaginación del espectador vuele y luego ofrecer lo que había pensado el guionista. Benzo borda este procedimiento narrativo. En más de una ocasión me he equivocado, y sorprendido, con lo que capítulos después ha ocurrido.
Algo de agradecer es que no es una novela partidista, se exponen tropelías de ambos bandos porque, no hay que ser ingenuos, en una guerra vale todo con tal de ganar o salvar la vida. Pero una vez terminada la contienda quienes ostentan el poder son los que comenten las mayores atrocidades, por miedo a perderlo «El objetivo era cortar de raíz cualquier riesgo de subversión por pequeño que fuera […] en poco más que una suposición o en un mero soplo de algún vecino, se le podía complicar mucho la vida al sospechoso».
En la narración encontramos otros recursos, literarios o lingüísticos, que consiguen un ritmo ágil, una lectura rápida; llaman la atención los diálogos, de gran fuerza expresiva pues a la vez que tienen la función de informar sobre el asunto que se trata, retratan a la perfección al personaje; es como si el lector estuviese frente a una imagen y el protagonista se confesara ante él:
—Y ya ves… Tanto prometerte un futuro maravilloso y va el muy imbécil y se deja matar en el frente… —Marita acertó a oírle una breve risita sarcástica—. El gran revolucionario probablemente acabó tirado en alguna cuneta con el pecho abierto a tiros. Viva la revolución social…
Dio otra larga calada a su cigarrillo antes de seguir.
En el ejemplo anterior podemos ver cómo el diminutivo aumenta el sarcasmo pretendido. También las sinestesias refuerzan el terror «Olía a una desagradable mezcla de moho y orines. No había ninguna luz y, una vez cerrada la puerta, el silencio era tan espeso como la oscuridad».
Las descripciones reflejan, con repulsión, el mundo indecente que pueblan los seres más obscenos e inmorales, consiguiendo un ambiente casi naturalista, hiperbólico, paradójicamente, por la realidad expuesta «Varias migas saltaron de su boca a la mesa, pero él no pareció darse cuenta. Una vez que hubo tragado el trozo de torrija, le dio un sorbo al vaso con café y una ligera espuma se unió al azúcar en las puntas de su bigote».
El sarcasmo del narrador se evidencia también en la manera partidista de plantear las noticias periodísticas de la época, y consigue que acuda a lector una triste sonrisa por el humor contenido «Los hechos conducían a la sólida conclusión de que aquello había sido un intento de robo con un final precipitado […] primera crónica sobre su muerte con una educativa reflexión sobre los riesgos de meterse en asuntos sucios».
El polisíndeton consigue, de forma majestuosa, ralentizar las imágenes que interesan, para que tanto la víctima, como el lector se percaten sin prisas de ello, siempre con el disfrute de uno frente al terror del otro «Pero en el momento en el que la puertecilla del retrete se abrió con brusquedad y vio el cañón de la pistola delante de su cara y oyó el breve y sordo zumbido del silenciador, que sonó como un escupitajo lanzado al centro de su frente…».
Mediante el paralelismo anafórico refuerza la comparación que Emilio establece entre su vida y el otro protagonista principal: Madrid.
como si aquel ojo amoratado y aquel labio partido […] hubiese sido herido por toda nuestra vida de estrecheces y renuncias, toda la incomodidad […] todo aquel tiempo perdido […] toda la sorda tristeza […] se transformó en una oscura niebla que se extendía más allá de nuestra habitación y de la corrala, cubriendo toda aquella ciudad sometida a un hambre sumisa y a un rencor mal disimulado.
Los pronombres catafóricos aseguran la tensión, al ser imposible intuir a quién se refieren hasta que le interesa al narrador «Se los toparon al poco de entrar en el túnel […] —Podéis considerarnos unos colegas de oficio. Y queremos vuestras planchas de impresión».
Y, por supuesto, el vocabulario, típico de la época ayuda al lector a sentirse inmerso en el Madrid de la posguerra: «se sacó un cigarrillo de liar y lo encendió con su yesca», «trabajos esporádicos de tendera», «empecinada afición por el Soberano», «los chuscos, unos repugnantes panes de almorta», «un grupo especializado en las sacas», «sólo buscaba epatar a sus invitados», «se les conocía como zazous».
Gran novela en todos los sentidos, escrita con una sintaxis perfecta que ofrece un gran realismo objetivo, y con un final de película en el que se premia al bueno y castiga al malo (aunque no a todos, pero así es la vida).

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YoleoNovela
 03 febrero 2019
~ Acababa de cumplir los diecisiete años cuando maté a un hombre.
~ Aquel disparo, de alguna forma, también me mató a mí. O, al menos, mató a la persona en la que me estaba convirtiendo. Aquella noche alguien murió para que yo renaciese.
~ Otra vida fue interrumpida. La vida de alguien que era yo y que ya no fui nunca más.
Así comienza “Las cenizas de la inocencia”. Un thriller con una tonalidad vintage, de otra época. La historia se remonta a los difíciles años 40. Una época sombría y desesperada después de la guerra. El hambre, la locura y la desesperación castigaban a la sociedad madrileña. Bajo este contexto, Fernando Benzo, escribe su última novela.
~ Aquella época en la que todos éramos víctimas, los que morían y los que mataban.
Toda la trama se desarrolla en torno al Dixie, un local clandestino y peligroso con reglas propias, donde una orquesta, la única especializada en jazz en Madrid y de toda España se dedicaba a tocar cada noche. Allí acudían los personajes más pudientes de la sociedad, aquellos hombres que se dedicaban a negocios de dudosa procedencia y las más exuberantes mujeres.
Esta novela tiene como principal protagonista a Emilio “El Monaguillo”, hijo de Marita “La Olorosa”, un muchacho que el hambre y la necesidad le arrebataron su juventud e inocencia mezclándose en el mundo del estraperlo y el mercado negro madrileño.
Como villanos, los dos jefes de las bandas de estraperlistas, Matías Sampedro y Jorge Lanza, enfrentados por hacerse con el mercado del otro. Raimundo Giralda, dueño del club Dixie. El Comisario Gante, miembro de la Policía Armanda y corrupto hasta la médula. Asia Luján, cantante del Dixie. Nico, joven que trabaja para Matías Sampedro. El Ruso, matón a sueldo de Matías Sampedro. Marita “La Olorosa”, madre de Emilio “El Monaguillo”. Eulogio Durán, falangista de los de antaño, personaje de poca monta en la trama de la novela, que representa a los tipos duros que se abrían paso a golpes en el mundo. Hay otros personales de segunda, como Armando Mosquera, “El Tuerto” que en su papel de figurante, comete todo tipo de fechorías.
El argumento es creíble y sólido. Una trama diferente con una atractiva intriga hasta las últimas páginas. Lectura a dos voces; una en primera persona, donde Emilio “El Monaguillo” narra su historia, una vida de contrastes que cambia drásticamente desde que conoce en un lance de buena fortuna a Nico, quien se convertirá en su amigo. Y en tercera persona, narra la historia de los demás personajes de la novela y el movimiento de la sociedad madrileña.
Intensidad, intriga y buena literatura. Ha sido agradable pasar el tiempo entre gánsteres de los años 40, teniendo como telón de fondo la ciudad de Madrid, como si fuera el Chicago de al Capone. Un Madrid atestado de estraperlistas, rateros y timadores.
La novela es una reconstrucción perfecta de la sociedad de la época, un espejo de las florecientes redes del mercado negro, especuladores del momento y tipos astutos trabajando al margen de la ley.
Ha sido como un drástico viaje en el tiempo a la década de los 40, a una sociedad difícil que se resistía y luchaba por la salir de la decadencia.
Leer esta novela ha sido entrar en otro mundo y he tenido una agradable sensación y empatía por ciertos personajes igual que he sentido desprecio hacía otros.
No es una novela a menospreciar. Es una mirada al pasado, un relato de las trágicas consecuencias de la guerra, una historia novelada, llena de aventuras, de posibilidades y promesas.
Lealtad, amistad, amor, redención, culpa y miedo por la supervivencia, son valores y sentimientos que hay detrás de esta novela.
Y el final, no sabes cómo va a terminar. de eso se trata ¿Verdad? Espero que la disfrutéis tanto como yo.
Os recuerdo que hay una playlist de Spotify. Buena música de jazz para ambientar, aún más, esta novela.
https://open.spotify.com/playlist/3BFGUszd3hMTgc41ztvEOh?si=xevBdRH6RF6WBGJcDrZfNw
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LaPetitaLlibreria
 14 febrero 2019
Fernando Benzo me ha sorprendido con una novela que se asemeja más a un guion de película debido a una prosa muy visual, tiene fuerza vital propia, sus diálogos añaden agilidad y dinamismo a la lectura a su vez que una ironía más directa que indirecta.
Las cenizas de la inocencia se nos presenta con una portada muy atractiva donde se juega con el rojo de la sangre, el negro de la muerte y a su vez parece que estemos viendo una imagen a través de una persiana, el lector es un curioso que está a punto de descubrir los años 40 y lo que conllevan para los menos afortunados y aquellos que seguirán el camino menos transitado y más peligroso de la vida.
Un título poco metafórico que nos adelanta como la infancia y la inocencia han desaparecido dejando lugar a una adolescencia y madurez sombría.
La narración está en primera persona, conoceremos así a Emilio el monaguillo y no por su devoción a ir a misa sino más bien por repartir hostias.
La historia arranca en la adolescencia de Emilio quien vive o mejor dicho sobrevive con su madre Marita “la olorosa” tras la desaparición en la guerra civil de su padre tras haber sido llamado a filas en el bando republicano. Su vida es gris hasta que conoce a Nico quien se convertirá en su mejor amigo y le introducirá en el local Dixie, un lugar que si hubiera estado en Chicago seria frecuentado por al Capone pero que al estar en Madrid es el lugar perfecto donde confluyen los poderosos y no buenos samaritanos de la sociedad.
Un lugar del que me gustaría destacar su jazz en la voz de Asia, su humilde cantante quien junto a la madre de Emilio son los dos personajes femeninos que a mi modo de ver tienen más fuerza que el compendio de los masculinos.
Conoceremos a personajes como Matías Sampedro y Jorge Lanza dos mafiosos estraperlistas enfrentados y con la intención de eliminar al otro, dos gánsteres que dominan las calles como Dioses de barro por la fuerza del miedo. La policía en sus altas esferas esta corrupta y lo que parece una época de tranquilidad y estabilidad tras la guerra esconde un submundo que resurgirá con fuerza.
Las historias de estos personajes y algunos otros están narrados en tercera persona cambiando la visión más intimista de Emilio por una más global, puntualizando en que el autor da su propio espacio y carácter a la ciudad de Madrid transformándola en un ser cruel con unos y benévolo con otros.
Así entramos en un mundo clandestino donde los personajes tienen dos caras, aquella que muestran de lo que quieren ser y la real donde hay más sombras que luces.
Eso sí, muchos de ellos deberán acabar pasando cuentas con las consecuencias de sus actos.
Esta historia que nos presenta Plaza & Janés me sobrecogió desde la primera página donde un Emilio adulto nos explica de manera muy vivida como y cuando mató a un hombre y sus sentimientos respecto a ello.
Estamos frente a la historia de la vida de un hombre y de una ciudad. Una biografía marcada por el desdén, el odio, la supervivencia y el amor.
Bienvenidos al Dixie.

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Domiar
 23 febrero 2019
Las cenizas de la inocencia, Fernando Benzo
Hola a todos.
¿Qué tal va todo? ¿Tan liados como yo? Como estoy estudiando una oposición y el tiempo no me sobra precisamente, he decidido hacer unas mini reseñas hasta que pasen los exámenes y pueda volver a disponer de mi tiempo, así no tendré que dejar el blog totalmente abandonado. Espero que os gusten.
Para empezar os traigo una novela negra ambientada en los años 40, en plena posguerra. Se trata de Las cenizas de la inocencia, de Fernando Benzo. El libro está encuadernado en tapa dura, está editado por Plaza y Janés y tiene 313 páginas.
Madrid, años 40. La vida de Emilio "El Monaguillo" , hijo de Marita "La Olorosa", transcurre entre partidos de fútbol y las clases desinteresadas del párroco del barrio. Ambos viven sumidos en la pobreza, pero dentro de su miseria son felices. Marita es una madre divertida y nada al uso con la que es imposible aburrirse, un poco coqueta tal vez, con sus novios de ida y vuelta que suelen durar poco. Siempre ilusionada, siempre feliz, al menos eso parece visto desde fuera...
Esta rutina viene a interrumpirla Nico, un joven maleante que decide tomar a Emilio como aprendiz de delincuente y así acabará conociendo el club Dixie. El Club más oscuro de Madrid, y también el más atípico, un club donde suena el mejor jazz americano y donde brilla con luz propia una prometedora cantante, aún desconocida para el gran público, Asia Luján, que cuando se baja de los escenarios vuelve a convertirse en la anodina Rosita Muñoz. En este club, propiedad de Raimundo Giralda, es donde en oscuros reservados viven sin mezclarse los dos grandes jefes de los negocios turbios madrileños, Don Matías, un hombre normal e incluso frugal en sus costumbres, pero con un gran poder gracias a la información que obtiene de los chicos que recoge de los orfanatos y a los grandes beneficios que obtiene con el contrabando de todo lo que se puede encontrar en el mercado negro, en pleno auge gracias al limitado uso de las tarjetas de racionamiento. Y como contrapunto tenemos al aristocrático Jorge Lanza, heredero de un gran apellido de rancio abolengo pero sin ningún beneficio que ha recuperado su esplendor gracias a sus oscuros tejemanejes. Cuando los intereses de ambos hombres choquen la guerra será inevitable.
Como tercero en discordia tenemos al repugnante comisario Gante, que se vende al mejor postor o a todos los postores a la vez, y que únicamente busca su propio beneficio, utilizando su cargo para medrar entre la miseria que le rodea.
La historia es buena, la ambientación me ha gustado mucho, es otro de esos libros que se leen y se imaginan en el blanco y negro que asociamos a la posguerra. Los personajes están bien definidos y la trama es interesante. Como punto negativo diré que me ha costado entrar en la historia a pesar de no ser un libro extenso y también que no es una novela de lectura rápida. Aún así es una historia amena y entretenida con la que pasar un buen rato.
LAS CENIZAS DE LA INOCENCIA, SIETE Y MEDIO.
PD: La de cosas que se pueden hacer a bordo de un tren...
Enlace: http://readinginmyroom.blogs..
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Cmiu
 01 febrero 2019
Al principio me pareció interesante la idea de una narrativa española acerca del mundo gánster y por eso mi elección.
La historia comienza durante los años 40, años de la posguerra en Madrid donde vive el protagonista junto con su madre.
El protagonista de la trama se llama Emilio, que siendo casi un adolescente conoce a su amigo Nico, un contrabandista, que le enseña el local Dixie, local peligroso donde los criminales se reparten el negocio bajo la ley del más fuerte y las pautas de la corrupción del poder, evadiéndose así de la penosa vida que llevaba junto a su madre en una época española muy complicada.
Emilio y Nico disfrutarán de una vida que les permitirá superar la penuria que les rodea en esa época tan dura hasta que se ven obligados a enfrentarse a dramáticas decisiones que cambiarán su destino para siempre.
La novela comienza narrando la historia de Emilio, siendo casi un niño primero y un hombre después. El autor nos relata la aventura de la vida de Emilio desde que fuera un chico menor de edad, convertido en delincuente y marcado por la sangre de su primera víctima, todo ello por conseguir dinero fácil, hecho que marca su vida y lo atormenta durante toda su vida como persona adulta.
La novela de Fernando Benzo está bien construida y de fácil lectura si bien el hilo argumental no ha acabado de engancharme del todo aunque es bien cierto que la novela tiene partes en que te mantiene en tensión.
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Las críticas de la prensa (1)
Abc05 abril 2019
El exsecretario de Estado de Cultura publica «Las cenizas de la inocencia», su séptima novela.
Leer la crítica en el sitio web: Abc
Citas y frases (5) Añadir cita
LaPetitaLlibreriaLaPetitaLlibreria13 febrero 2019
Aquél era un mundo sin culpables ni inocentes y lo que entonces sucedió no puede ser juzgado con los criterios morales de este otro tiempo tan lejano y distinto a aquél. Porque aquello ocurrió en un mundo en el que no había espacio para el arrepentimiento o el pecado, en el que el dolor ya no era capaz de causar heridas ni las heridas hacían ya sangrar, en el que la muerte estaba desprovista por igual de culpa y de bravura.
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Beatriz_VillarinoBeatriz_Villarino08 febrero 2019
Allí, con mi traje gris ajustado, mi camisa blanca, mi corbata oscura, mis zapatos de suela fina y con una maleta de cartón colgando de mi mano, era yo y no ellos el que parecía disfrazado. Y me lo dejaron bien claro las pocas miradas que se molestaron en fijarse en mí, miradas fugaces y secas como el pinchazo de un dardo envenenado de sarcástico desdén.
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YoleoNovelaYoleoNovela02 febrero 2019
Acababa de cumplir los diecisiete años cuando maté a un hombre.

Aquel disparo, de alguna forma, también me mató a mí. O, al menos, mató a la persona en la que me estaba convirtiendo. Aquella noche alguien murió para que yo renaciese.

Otra vida fue interrumpida. La vida de alguien que era yo y que ya no fui nunca más.
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Beatriz_VillarinoBeatriz_Villarino10 febrero 2019
La lealtad no surge por un capricho del destino, como todas esas zarandajas del amor. Cada uno elige por quién y hasta cuándo siente lealtad por otra persona. Eso es lo que le da su fuerza. Que la lealtad sea una elección personal.
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YoleoNovelaYoleoNovela02 febrero 2019
Aquella época en la que todos éramos víctimas, los que morían y los que mataban.
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