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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
17 diciembre 2017
Ainssss, creo que me va a quedar largo, pero qué ilusión me hace hablaros de Sentido y sensibilidad :)

O Juicio y sentimiento. O Sensatez y sentimiento... No quiero empezar guerrera. Sé que cuando Alba decidió cambiar el título dijo que Sentido y sensibilidad era/es un disparate de traducción, que a la sensibilidad del corazón se le denomina sentimiento... Yo todo eso lo entiendo. Pero estoy segura de que a día de hoy habrá gente que lea Juicio y sentimiento y piense que se ha descubierto un nuevo libro de Jane Austen o algo así. Es casi preferible decir el título en inglés y ya está (y eso voy a hacer yo a partir de ahora). A mí, y tengo este título en la estantería desde hace ocho años, sigue sin salirme llamarlo Juicio y sentimiento, y eso que soy de lo menos purista que pulula por ahí en cuanto a esta autora y su obra. Tendrán toda la razón, pero...

Debates aparte sobre el continente, procedo con lo que importa, el contenido. ¡Vamos que nos vamos! :)

Cuando hace unos meses reseñé la novela Persuasión, creo que no dejé lugar a dudas de que era mi favorita de la autora que homenajeamos este mes de julio. Podría haber intentado moderarme un poco, pero no tenía por qué: la adoro. Así que mejor o peor, quedó como quedó: objetividad (seguramente) bajo mínimos, sinceridad y pasión a raudales.

Hoy el reto no es menos peliagudo, porque reseño mi segunda novela favorita de Jane Austen, pero como ya eché el resto en cuanto a Jane como mujer además de escritora, hoy intentaré no excederme mucho. También aviso, aunque imagino que se sobreentiende, que es solo mi opinión personal, como siempre. Adoro todas sus obras, todas tienen cosas que me maravillan... pero no puedo evitar ordenarlas en mi cabeza según la historia, sus personajes y lo que me transmiten. Y tengo muy claro que no sigo el orden establecido y habitual, pero es mi orden y a estas alturas no va a cambiar, qué se le va a hacer :)

La narración comienza con la muerte del señor Henry Dashwood, de Norland Park, que deja tras él a su esposa, tres hijas adolescentes y un hijo más mayor, fruto de su primer matrimonio, que es quien lo hereda casi todo, casa familiar incluida. Este hijo, John Dashwood, tiene muy buenos propósitos y a una bruja como esposa, que le convence de que no le dé a sus hermanastras ni un penique más de lo que se estipula en el testamento. Así pues, las hermanas Dashwood (Elinor, Marianne y Margaret), junto con su madre, se ven obligadas a abandonar Norland Park sin apenas renta con la que subsistir, y se mudan a la lejana Devonshire, a un cottage que un primo lejano, sir John Middleton, amablemente pone a su disposición.

Aquí comienza el cambio de vida para esta familia, aunque para cada una de las dos hermanas mayores lo hace de manera distinta. Elinor llega a Devonshire con el corazón ocupado: el hermano de la bruja anteriormente citada, Edward Ferrars, se parece poco a su hermana, y con su carácter honesto, sencillo, tímido y nada pretencioso, se gana el afecto de Elinor durante los meses en que se tratan antes de abandonar Norland Park. Solo hay un problema: Elinor ahora es pobre, y de Edward Ferrars, primogénito de una familia de la alta sociedad, se espera que haga un buen matrimonio, y aparentemente a causa de esto la cosa no acaba de concretarse.

Por su parte, Marianne, quien cree que el amor solo llega una vez en la vida, que espera a un caballero andante que le robe el corazón, que cree que cuando estás enamorada hay que expresarlo a los cuatro vientos y que se entere todo el mundo, encuentra a su amado ideal en Willoughby, un apuesto y elegante joven que pasa temporadas en Devonshire en casa de su tía, y que no solo la rescata cual hidalgo bajo la lluvia, sino que lee poesía, ama la música, y es igual de imprudente que ella a la hora de expresar sus sentimientos. El pobre coronel Brandon, que se enamora de la joven casi a primera vista en casa de sir John (¡y que ya tiene la ¡ancianísima! edad de 37 años!), poco puede hacer a ojos de la enamorada Marianne.

Con todo esto la trama está servida. El personaje que sostiene esta novela es Elinor Dashwood... la novela, la historia y a su propia familia. Es prudente, práctica, tiene sentido común, nunca da nada por hecho y no emite juicios previos. Toda su familia le recrimina su forma de ser, su compostura y prudencia ante los eventos de la vida, pero la vida siempre acaba dándole la razón. Siente, sufre, padece, se mortifica como todo el mundo, pero no ve la necesidad de cargar con sus sufrimientos a quienes le rodean. Su dolor es suyo, de nadie más. Siempre es la confidente de sus conocidos, quienes la sobrecargan con sus secretos y pesares, y siempre antepone la confianza que en ella depositan a su propio bienestar y beneficio. Tanto en sus propias penas como en las ajenas, es el sostén de los demás. Marianne es todo lo contrario. La reina del drama: si ella sufre, todos los demás deben saberlo y sufrir con y por ella; solo ella siente, solo ella padece, si no muestras tus sentimientos como ella es porque no los tienes, porque no lo estás pasando mal... su ligereza y afectación son el modo adecuado de comportarse; quien se modera es porque realmente no siente nada, y no tiene mérito alguno. Demuestra prejuicios, hace escarnio de los demás, menosprecia... presume de personalidad pero en muchos momentos parece que solo sigue la senda de su amado Willoughby.

Es difícil no empatizar más con una hermana que con la otra, y a mí, sintiéndolo mucho, creo que se me está viendo el plumero. Son uña y carne, se adoran, solo quieren lo mejor la una para la otra, y Jane Austen escribió una verdadera relación entre hermanas que, por experiencia propia, conocía muy bien. Eso que siempre decimos de "yo me meto con él/ella porque es mi hermano/a pero ya te guardarás tú bien de decir algo malo sobre él/ella" se puede aplicar perfectamente a esta historia... pero aun así, a pesar de adorarla y respetarla, Marianne es muy injusta con Elinor a lo largo de todo el libro: se cree superior a ella en sentimientos, en capacidad de amar, y se lo reprocha constantemente a lo largo de las páginas. Realmente como personaje la evolución de Marianne es mayor que la de Elinor; llega un punto en el que compara su comportamiento con el de su hermana y se avergüenza por no querer ni poder ser capaz de afrontar sus desdichas como ella, pero el final de su trama en particular para mí da mucho sobre lo que hablar. Mucho. Pero es un final del que no se puede hablar sin desvelarlo, así que me quedo con las ganas.

Esta, por tanto, es sobre todo la historia de dos hermanas, Elinor y Marianne, pero no hay que quedarse solo en eso, al igual que no hay quedarse solamente en las dos historias de amor/desamor que protagonizan. Nunca, en ninguna de las obras de Jane, hay que quedarse en la vertiente romántica, porque nos estaríamos perdiendo una fantástica recreación de la época y su sociedad, tanto en sus virtudes como en sus defectos. Observamos el poder del dinero y la mezquindad y avaricia que surgían de él; el arribismo de las clases medias sociales dispuestas a todo con tal de medrar; las imposiciones, limitaciones y obligaciones que suponía pertenecer a una determinada clase social, ya fuese alta o baja (las altas por su obligación a hacer buenos matrimonios y las medias-bajas por su imposibilidad de hacerlos); los sacrificios de una moral que en aquellos tiempos regía la vida de muchas mujeres; las consecuencias de ser fiel a uno mismo, ya fuesen propias o sobre los demás.

También, en cierto modo, Jane critica el Romanticismo como movimiento cultural que comenzaba a emerger cuando fue escrita por primera vez la novela a finales del siglo XVIII. Marianne sería la representación de este movimiento en la historia, la lucha por los ideales, la idealización del amor, la búsqueda de la libertad y hacer uso de ella y del libre albedrío alejándose de las restrictivas convenciones sociales... Jane fue mucho más incisiva con una de las vertientes de este movimiento, la literatura gótica, en La abadía de Northanger. Aquí lo hace de un modo más mesurado pero incontestable en cualquier caso, y más viendo cómo se desarrollan los acontecimientos a lo largo de la historia.

Pero que nadie se me asuste, que Jane se puso seria cuando tocaba, pero sacó la fina ironía a pasear cuando quiso contrarrestar las tribulaciones de esta familia. ¡Y cómo me sigue haciendo sonreír este libro! La manipulación que la señora de John Dashwood hace del petimetre de su marido es s-o-b-e-r-b-i-a; todo empieza con un "tienes razón" y termina llevándoselo a su terreno y engatusándolo para que haga lo que ella quiere. El señor Palmer, siempre desganado, apático, nada sociable... es que es genial, no tengo otra palabra para describirlo; es buena gente, pero no quiere que se le note. Un gran personaje humorístico muy a su pesar, y me estoy riendo yo sola mientras hablo sobre él. O Lucy Steele... ay, la mala pécora de Lucy Steele, siempre sibilina, siempre diciendo "lo que no quiere decir" y sus miradillas de reojo a ver si ha dado donde más duele. El incisivo humor de la autora, y el fiel reflejo que hace de las absurdeces de la cortesía, los buenos modos y la conducta a seguir en sociedad, campan a sus anchas a lo largo de toda la historia, e incluso Elinor tiene un humor muy fino que de vez en cuando se le escapa sacándote una sonrisa.

Jane usa contrapuntos constantemente en la historia. El buen juicio de Elinor y la emocionalidad de Marianne; el carácter tímido e introvertido de Edward con la extroversión y encanto de Willoughby; la idiotez e imprudencia de la señorita Steele y la astucia y artería de su hermana Lucy; el matrimonio Palmer es un contrapunto cómico en sí mismo; Edward y su hermano Robert; Willoughby y el coronel Brandon... A través de sus personajes Jane siempre nos muestra todas las facetas humanas, sus blancos, sus negros y también sus grises, con los que busca la redención dentro de la obra y de cara al lector de algunos personajes. Y todo, todo lo que ocurre en la historia tiene su por qué, está relacionado con el contexto general del libro, no sobra nada, no falta nada. Una precisión en la estructura que resulta increíble en una obra novel como era esta.

Así pues, el drama y la comedia se dan la mano continuamente en una historia de la que Jane Austen concluyó el primer borrador, una novela epistolar, con solo 19 años, reescribiéndola ya en su estructura definitiva un par de años después (aunque la novela tal y como nos ha llegado fue revisada otros 12 años más tarde). El cómo fue capaz de transformarla en la obra que ha llegado hasta nuestros días es algo que siempre me ha maravillado, porque nada en el resultado final hace pensar en la primera estructura de la narración. Se dice que en sus inicios (muy vagamente, eso sí) las dos hermanas representaban a las hermanas Austen: Elinor a Cassandra y Marianne a Jane misma, y si esto fuese así, con el devenir de la historia Jane dejó bien claro que carácter era preferible para ella. También se notan cambios con respecto a la personalidad de la autora y las edades con las que escribió sus diferentes obras: en esta novela, escrita en la adolescencia tardía de Jane aunque luego fuese revisada años más tarde, Marianne considera a las mujeres de 27 años acabadas sin posibilidad de encontrar ya el amor... muchos años más tarde, Jane Austen le dio a Anne Elliot, protagonista de Persuasión, precisamente 27 años de edad y una segunda oportunidad en la vida y en el amor. ¿Casualidad? Yo no lo creo, Jane hilaba muy fino y revisaba todo lo que escribía hasta la saciedad; yo lo que veo es un guiño, o una compensación, en su última novela finalizada con respecto a la primera que escribió... y si estoy montando una película, pues allá yo con mi felicidad :)

Mi conexión con este libro, por circunstancias que no vienen al caso, es muy superior a la que tengo con obras mucho más queridas a nivel popular como Orgullo y prejuicio. Sé que es difícil competir con Darcy o Lizzy, pero si me preguntáseis a mí por donde seguir después de leer O&P, os diría que lo hiciérais con Sense and Sensibility. Es además mucho menos densa que otras obras suyas como Mansfield Park o Emma, que pueden costar algo más si no se está acostumbrado a la prosa de la autora. Os hará sonreír, os dará en qué pensar, tendréis todo lo mejor de la prosa de Jane Austen y de las singularidades que le han hecho célebre, y os sentiréis identificados en muchas cosas (casi seguro, y a pesar de la distancia que dan más de 200 años de diferencia y una sociedad completamente distinta), con uno o varios personajes, o con pinceladas de todos al mismo tiempo.

Me releo ahora y me doy cuenta de que casi todo el rato digo Jane, así a secas... Jane. Como si fuese amiga mía o algo. O es que quizás lo es y lo ha sido siempre. Para mí, en pocas palabras, la primera novela publicada de Jane Austen ya fue una obra maestra. Poco más puedo decir. Que ya he dicho mucho, pensaréis vosotros... pues no sabéis lo mucho que se me ha quedado en el tintero, pero no quiero abusar de vuestra paciencia :)
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