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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
28 noviembre 2017
Referirse a Catherine Morland es conceptualizar una tabula rasa:

"Nunca aprendió ni comprendió nada que no le hubieran enseñado de antemano y, en ocasiones, ni siquiera así, porque solía ser bastante distraída y, a veces, obtusa"

Además Jane nos dice que, unas veces por falta de interés y otras por pereza, a nuestra protagonista le apasionan poco los conocimientos. Por referirnos a algunos, de la horticultura le gusta recoger flores, y de la música solo le interesan las teclas de una vieja espineta; tampoco demuestra tener dotes para el dibujo.

Pero no todo va a ser negativo. La autora le otorga algunos rasgos positivos:

"... que tenía un talante afectuoso, un carácter alegre y abierto, libre de toda afectación; que sus modales acababan de liberarse de la torpeza y timidez infantiles, y que su aspecto físico resultaba agradable y, en sus días buenos, parecía incluso guapa. En cuanto a su mente, era tan ignorante y falta de información como suele serlo la de una joven de diecisiete años"

Con todo este bagaje Catherine Morland es lanzada al mundo y a la vida social de la mano de los dulces y bondadosos Mr y Mrs Allen, de Fullerton, quienes la invitan a acompañarlos a Bath; con el beneplácito de su familia, accede gustosa.

Este viaje es el que determina su madurez gracias a las nuevas vivencias y experiencias que le ha reservado el destino. A lo largo de la lectura vemos cómo se va desprendiendo de su ingenuidad juvenil, y solo al final descubrimos a la nueva Catherine Morland, quien es calificada por Jane Austen como heroína. Puede parecernos que es un tratamiento algo exagerado, pero conforme avanzamos en la novela justificamos ese adjetivo; al lector le queda claro que para sobrevivir a esa época hay que tener verdaderos poderes, sobre todo el de clarividencia.

La abadía de Nothanger ya perfila el estilo personal de la autora: agilidad y sencillez narrativas, acompañadas siempre de reflexiones morales y lecturas comparativas. Los maravillosos diálogos y descripciones, pincelados de ironía y comicidad, nos descubren a una Jane Austen deliciosa y magistral.

Sería injusto decir que es simplemente una novela romántica con tintes cómicos; los que amamos su obra reconocemos otras ideas y pensamientos, y es un deleite viajar y recrearnos en su sociedad. Jane Austen tuvo que participar en conversaciones donde, por ser mujer, era considerada de una inteligencia inferior, y expresaba su voz y opinión a través de sus personajes.

Henry Tilney cree tener un alto concepto de la inteligencia femenina, opinando que no todas las mujeres participan de la misma inteligencia y tampoco son comparables. Desde la caballerosidad y la empatia modula las conversaciones dependiendo de la dama en cuestión; vemos como con Mrs Allen trata sobre la calidad de las muselinas, mientras que con su hermana entabla diálogos y razonamientos inteligentes y profundos, tal y como reconoce Catherine:

"Tengo un concepto elevadísimo de la inteligencia de todas las mujeres del mundo, y en particular de aquellas con quienes casualmente hablo"

Mi querido Darcy, en Orgullo y Prejuicio, nos pinta un cuadro diferente sobre la educación y las áreas en que hay que instruir a las mujeres:

"Una mujer debe tener un conocimiento profundo de música, canto, dibujo, baile y lenguas modernas. Y además poseer un algo especial en su aire y manera de andar, en el tono de su voz, en su trato y modo de expresarse; pues de lo contrario no merecería el calificativo más que a medias"

Jane Austen es rompedora. Defiende su inteligencia, argumentada en todos sus personajes (ya sean diversos y diferentes, profundos o superficiales), hilándolos en la trama con un tono de ironía y evitando quedarse simplemente en el romanticismo y la comicidad. En el retrato social que describe afloran además otras inquietudes: la historia, la política, las capacidades y debilidades humanas. La alegría y naturalidad de ese retrato social se acompaña en muchas ocasiones del típico egoísmo y mezquindad inherente a todas las personas de todos los tiempos, cualidad compartida tanto por hombres como por mujeres.

Si rascamos un poco en sus escritos percibimos esa reivindicación de la mujer en la familia, la sociedad y, en definitiva, en la historia, tal y como reconoce Catherine.

"Los hombres me resultan casi siempre estúpidos, y de las mujeres apenas si se hace mención alguna"

Este pensamiento lo refuerza con Anne Elliot en Persuasión.

Catherine Morland posee una mente limpia y pura que debe pulirse por medio de la educación social, y así poder alcanzar el objetivo final: el reconocimiento y éxito en la buena sociedad, y un matrimonio ventajoso, conveniente, en el que el amor no es el elemento esencial sino el título que otorga este éxito y, si al final el amor viene añadido, ya podemos decir que fueron felices y comieron perdices.

La heroína de la abadía enriquece su mente al mismo tiempo que su vida social se amplía. Cada uno de los personajes con los que contacta y se relaciona le aporta conocimientos y experiencias nuevas y vitales que la moralizan y la condicionan, perdiendo durante trayecto su ingenuidad y blancura.

Los hermanos Elionor y Henry Tilney le enseñan el valor de la amistad, la honestidad, el respeto... sobre todo Henry, quien por medio de sus argumentaciones y diálogos (siempre dentro de los cánones del comportamiento caballeresco) la va enriqueciendo y puliendo de ideas e inquietudes, al tiempo que le vacía de otras propias modulando todo su interés romántico, reflejado en las novelas góticas que tanto la entusiasman y animan. Se sabe por la autora que, en la sociedad rural un tanto lineal y tediosa, se encontraban pocas diversiones.

Al final Henry Tilney no resulta el protagonista romántico al uso, sino que más bien parece un personaje pragmático al que se le ha encomendado un fin, casarse con Catherine Morland, y el amor que esta le profesa, sumado a sus deberes, son las llaves que abren su culto corazón.

Por otro lado están los hermanos Thorpe; Isabella y John son la sal y pimienta de la novela. Con ellos Catherine madura a pasos agigantados, despertando sus sentidos al mismo tiempo que desactiva su pereza e indolencia. Los Thorpe solo disponen de inteligencia social, pues carecen de recursos económicos, tan importantes y necesarios en la burguesía agraria de la época. Buscan un matrimonio lo más conveniente posible y, una vez elegidas las presas, su potencial es inmenso. En todos los pasajes en que participan, animan y enriquecen la novela. Su arribismo social no tiene limites, pues el fin justifica los medios: si hay que mentir se miente, si hay que coquetear se coquetea.

Catherine aprende de los Thorpe a mantener duelos de voluntades y fortalezas, de los cuales sale vencedora cuando es capaz de romper esos hilos visibles e invisibles que ellos tejen y manejan, pues en todo momento intentan doblegarla y manipularla.

Al final los Thorpe son simples jóvenes desesperados, y solo procuran sobrevivir en la buena sociedad, aunque las maneras y formas que utilizan no sean las más honestas. Particularmente, Isabella como personaje me encanta, con todos esos matices, argumentos y dobleces en una época donde las mujeres debían ser ejemplares y dóciles; todos los recursos que despliega obnubilan y paralizan a nuestra heroína.

Sobre la trama no voy a contar nada más. Hay que leer y descubrir a Jane Austen y, sí todavía no conocéis La abadía de Northanger, a los elementos austenianos nombrados arriba añado los valores familiares (entre ellos los fraternales), el costumbrismo y realismo, así como la inamovilidad de las clases... más concretamente la posición de la mujer en el contexto social, cuyo fin es procurar la felicidad doméstica.

También resalto toda su escenografía y ambientación pues, para todos los que hemos leído y releído su obra, creo que nos sería fácil deambular por todos esos sitios con la desenvoltura que permiten la familiaridad y el reconocimiento de los lugares siempre amados y queridos. Todo ello, narrado con tanta dulzura y mimo sin dejar a un lado la ironía y comicidad... que puedo decir, si soy su humilde servidora. Ya no tengo palabras.
Enlace: https://inquilinasnetherfiel..
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