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Crítica de Inquilinas_Netherfield


Inquilinas_Netherfield
04 abril 2018
Este es el tercer libro que reseño de José Vicente Alfaro en el blog, así que huelga decir lo mucho que me gusta cómo escribe y sobre lo que escribe, las historias que cuenta, dónde nos lleva con sus libros (en el tiempo y el espacio)... Por eso, cuando supe que este autor sacaba nuevo libro, me apunté sin dudarlo a la LC organizada por Laky y que se está llevando a cabo durante todo el verano. En este caso nos traslada a la India del siglo V d.C., donde varias subtramas (dos de ellas en la capital del imperio gupta, Pataliputra, y otra en el reino de los sakas) acaban confluyendo en mayor o menor medida en la trama predominante. Os adelanto que me ha gustado mucho, como siempre, y que he vuelto a devorar el libro... como siempre.

La historia comienza con Kumaragupta, rey de reyes del imperio hindú, quien debe lidiar con varios frentes en la corte del imperio gupta: por un lado se enfrenta a la envidia de su propio hermano, quien por nacimiento debería haber sido emperador en su lugar, y por el otro al rencor que su primera esposa, Dattadevi, le guarda tras haber tomado una segunda esposa y haberla repudiado. Además sufre pesadillas constantes por culpa de crueles actos cometidos en su etapa como general, y siente que su religión hindú no es suficiente para apaciguar la culpa y enmendar su conciencia; por ello busca en las enseñanzas del budismo una paz que le enfrenta contra el sacerdote real, su principal consejero, quien piensa que se está debilitando de cara a sus enemigos y ante su pueblo.

Por otro lado, dos hermanos, Madhuk y Sarasvati, de apenas trece y once años, llegan a Pataliputra con una misión que no conoceremos hasta el final de la historia. Mientras consiguen los medios para llevarla a cabo, deben sobrevivir en la capital del imperio gupta, y sus destinos se separan temporalmente: Madhuk acaba en casa de un matrimonio formado por Bindusar y Harshali, pertenecientes a la casta brahmán, la más importante de la sociedad hindú; Sarasvati, por su parte, encuentra su camino en el prestigoso burdel de la kuttani Madunisha, quien trata a todas sus chicas como hijas. A pesar de la distancia física, ambos no pierden jamás de vista el motivo que les ha llevado hasta la ciudad.

Por último, abandonamos Pataliputra para irnos al reino de los sakas, donde las montañas acogen a varias aldeas alejadas de las doctrinas hindúes. Hasta aquella zona viaja el ejército del emperador para capturar una facción rebelde del ejército saka que se esconde en el bosque. Las tribus indígenas se mantienen neutrales, no quieren saber nada de unos ni de otros, pero el ejército imperial no admite un no por respuesta.

Una vez más hay que quitarse el sombrero ante este autor por la labor de documentación que hace sobre cada cultura que protagoniza sus novelas, y por cómo se esfuerza en transmitirla usando como vehículo motor la historia en sí misma pero sin dar clases universitarias ni entorpecer la trama. En El laberinto del hindú utiliza un método similar al que ya usó en El llanto de la isla de Pascua: si en aquella era un padre el que le transmitía toda esa información a una hija ávida por conocer la historia de su pueblo, en esta es un padre que educa a su hijo adoptivo en una cultura y una religión que apenas conoce. Y así, a través de las enseñanzas que Bindusar inculca en Madhuk, nos adentramos en los principios que regían la sociedad hindú (las cuatro grandes clases o castas sociales, las cuatro etapas de la vida del individuo...), al tiempo que se despliegan como en un mapa las muchas y diversas doctrinas religiosas que coexistían en aquella época.

José Vicente tiene una manera muy natural de narrar las cosas, no solo en la forma, la prosa, sino en el fondo. Es algo además muy habitual en su obra: siempre transmite los hechos y las circunstancias, no las juzga, algo muy importante cuando se intentan describir e ilustrar las singularidades inherentes a culturas que nos pueden resultar muy ajenas en muchas cosas. Eso hace que el lector también las asimile como lo que son, lo que eran, sin juzgarlas tampoco. Por eso, por poner un ejemplo, asumimos como normal la vida que le toca vivir a Sarasvati en el burdel, al igual que no juzgamos los actos que lleva a cabo a lo largo de toda la novela: está todo narrado de tal manera que no piensas en la edad que realmente tiene este personaje, cuando lo cierto es que si lo hicieras, lo normal sería que te incomodase. Cierto es que el ambiente en el burdel es un ambiente extremadamente amable dadas las circunstancias (no sé hasta qué punto realista), y que Sarasvati se nos ofrece como un personaje mucho más maduro de lo que le corresponde por edad, pero como diría aquel, lo que es, es, y Sarasvati es una niña durante toda la historia, por muy amable que se nos cuente su devenir en la trama (muy curioso, dicho sea de paso, el método que tienen en el burdel para adjudicar cada cliente a cada una de las prostitutas).

Realmente hay muchos grises en los personajes: personas buenas que toman decisiones obligadas por la sociedad y la religión que en otras circunstancias no tomarían; personas buenas a los que la vida y los cruentos actos de otros les han llevado por un torcido camino que se ha convertido en su razón de existir; personas no tan buenas que un día se vieron doblegadas por el peso de la culpa y desde entonces intentan cambiar su karma tomando decisiones más moderadas y practicando el perdón... En la historia confluyen personajes reales con otros salidos de la mente del autor, pero casi todos, con honrosas excepciones, se mueven en esa fina línea que separa el bien y el mal tan inherente al ser humano.

En cuanto al desarrollo de la trama, debo admitir que en todo momento he sido consciente de que se me estaba birlando información en lo que respecta a la historia de los dos hermanos, que no me lo estaban contando todo y que, de lo que me contaban, algunas cosas me las tenía que tomar con "sal y pimienta"... sabía que el narrador omnisciente me estaba contando una realidad parcial (o que el día a día de los hermanos no era siempre tal y como me lo contaban... no sé cómo explicarlo), así que algunas de las cosas las veía venir o las he anticipado antes de que el narrador se decidiese a contarlas tal cual eran realmente. No es algo que haya influido en mi valoración de la lectura, porque de hecho creo que es consecuente con ella: si nos dejan caer de vez en cuando que su plan o misión va avanzando, pero el narrador, durante el 90% de las páginas, nos cuenta su vida como si ese plan o misión no existiese a efectos de planificación y ejecución, algo está ocultando el narrador cuando nos está desglosando el día a día de Madhuk y Sarasvati. Me explico muy mal pero espero que se me entienda.

El caso es que, una vez más, he devorado un libro de José Vicente Alfaro. Literalmente. El periodo gupta en el que está ambientada la historia está considerado como la época dorada de la India, y el autor, más allá de la trama, nos trae pedazos de todo aquello que otorgó grandeza a este periodo: las matemáticas, la astronomía, la farmacopea, la poesía, sus epopeyas, la literatura en sánscrito... Es casi imposible no aprender cosas mientras se leen sus libros porque las absorbes casi sin darte cuenta, al tiempo que la narración te engancha para no soltarte hasta el final.

Podría decir lo que digo siempre, que a ver dónde nos lleva la próxima vez, pero como para eso imagino que habrá que esperar un poco, sigo teniendo El último anasazi esperando en la estantería... ergo, volveré pronto con otra aventura del autor :)
Enlace: https://inquilinasnetherfiel..
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