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Crítica de lavidademisilencio


lavidademisilencio
17 enero 2020
¿Qué decir de la novela? Nada más leer la sinopsis supe que iba a encantarme y, desde luego, así ha sido. Una de mis grandes pasiones es la diversidad funcional —no por nada he estudiado para dedicarme a ella— y por ello me resultó de gran interés la novela, pues se trataba de la autobiografía de la autora, una madre que recibe la noticia de que su hijo padece una enfermedad discapacitante. ¿Cómo enfrentarse a ello? ¿Cómo ayudarle a él a afrontar la noticia también? Todas estas preguntas se resuelven de forma magistral entre las páginas de Nadie puede volar. Saber que es una historia real, que sus personajes son de carne y hueso y todo lo narrado ocurrió tal cual se cuenta ayuda al lector a ponerse en la piel de la autora y también de su hijo, que es a su vez un narrador principal.

Nadie puede volar está compuesta por 7 partes y 41 capítulos cortos. La brevedad de estos últimos hace que la historia sea muy amena y fácil de leer, ya que permite avanzar la lectura de forma rápida. En mi situación actual, que prácticamente solo puedo leer en mis trayectos en metro, este aspecto ha sido una gran ventaja, pues he podido seguir el hilo de la historia sin ningún tipo de dificultad.

La pluma de la autora es sencilla y cercana, sin florituras. Hace uso de metáforas en ciertas ocasiones que le brindan a la novela un toque ciertamente poético. Pero lo que a mí realmente me ha conmovido es que no adorna, ni esconde u oculta al lector sus verdaderos pensamientos. Es sincera consigo misma y con nosotros y eso es verdaderamente valiente por su parte y de agradecer por la nuestra.

Normalmente en mis reseñas hablo del ritmo del libro pero en este caso no lo veo apropiado pues, al tratarse de una autobiografía, lo importante es el trasfondo de la historia y no lo mucho que engancha desde la primera página. Por mi parte he de decir que la diversidad funcional es un tema que despierta mucho mi interés y del que he aprendido —y quiero seguir aprendiendo— bastante y, por tanto, mi opinión en cuanto a este aspecto está bastante sesgada por mis inclinaciones personales.

Tal y como ya he mencionado, Nadie puede volar está narrado a dos voces por madre e hijo. al no mencionarse a Giorgio como "otro autor" supondré que la autora se basa en la experiencia de su hijo pero es ella quien lo escribe. Si ya de por sí me gusta que se use el recurso de la doble perspectiva para contar una historia, en este caso el acierto es muchísimo mayor. ¿Por qué? Porque se nos cuenta el viaje que supone la aparición de una discapacidad por parte de alguien del entorno y por quien la padece directamente. Las novelas que tratan la diversidad funcional suelen contar solo una de las dos versiones y poder ver —en un mismo caso— ambas a la vez me parece de lo más enriquecedor.

Simonetta es una destacada abogada que vive en Londres junto a su familia. Sus hijos Nicola y Giorgio ya han crecido y tienen la vida hecha. Sin embargo, algo empieza a ocurrir con Giorgiano: empieza a sentirse torpe al andar, le fallan los músculos, está fatigado todo el tiempo... Tras consultar muchos médicos se llega al diagnóstico de esclerosis múltiple, una enfermedad degenerativa que va lesionando los nervios y puede provocar discapacidad. A partir de aquí Simonetta entra en la llamada fase de duelo al descubrir que su hijo va a tener diversidad funcional. No quiero que la reseña se convierta en un sermón, así que no profundizaré en ello y tan solo diré que son las mismas etapas por las que pasa una persona ante la muerte de un ser querido: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.

Lo que más me ha gustado de Simonetta es el tremendo respeto y amor que profesa por su hijo. A pesar de tener sus dudas y miedos, siempre confía en él y en sus capacidades y en ningún momento lo invalida por su enfermedad. La autora es capaz de encontrar un resquicio de luz hasta en el más oscuro de los momentos.

Por su parte, me ha sorprendido la entereza con la que Giorgio encaja la noticia de, que con el tiempo, no podrá andar. Su trayecto de aceptación es "más corto" que el de su madre en el sentido de que sus dificultades no radican en tener que asumir la situación, sino en cambiar su estilo de vida y aprender a vivir en una silla de ruedas. Su enfermedad, al avanzar de forma lenta y progresiva, le permite ir haciendo esos ajustes poco a poco. Sin embargo, incluso con esta "ventaja", me ha parecido encomendable la forma en la que afronta el nuevo rumbo de su vida.

Pero, sin lugar a dudas, lo que ha posibilitado que tanto Simonetta como Giorgio se adapten de forma tan óptima a su nueva vida es que pertenecen a una familia que, desde siempre, ha aceptado lo diferente. Durante todo el relato Simonetta va introduciendo miembros de su familia que padecieron alguna enfermedad, tuvieron diversidad funcional o simplemente no eran como el resto. Y señala que, desde pequeña, estas diferencias fueron siempre parte de la "normalidad", que nunca le dieron más importancia de la que tenía. En este entorno la diversidad se convierte en riqueza.

De la trama, por tanto, cabe destacar que se aplaude la diversidad en lugar de penalizarla. Es muy complicado encontrar un relato de este estilo en el que los protagonistas no se victimicen o se sientan desdichados. Nadie puede volar es un soplo de aire fresco, un halo de esperanza, una prueba real de la importancia de ponerse frente a las adversidades y plantarles cara. de nada sirve escudarse tras una noticia así: toma lo que tienes y saca el mayor partido de ello. Es un mensaje muy necesario y que la autora consigue que cale hondo.

Se tratan muchos aspectos en torno a la discapacidad: las fases por las que se pasa tras recibir el diagnóstico, la lucha de todo el mundo por encontrar una "cura", la culpa que sienten al pensar que podrían haberlo evitado—sobre todo la madre—, la negación de la noticia... También se habla de la poca representación de la discapacidad en el arte, la tendencia a "angelizar" a las personas con diversidad funcional, la importancia de que los padres tengan también su propia vida y no la centren toda en los hijos, el papel del asistente para el apoyo a la persona dependiente, la necesidad de que el entorno se vuelva más accesible para todos... He aprendido muchísimo de ambos puntos de vista, del de Simonetta y del de Giorgio, tanto a nivel personal como a nivel profesional.

En cuanto a aspectos negativos, no he podido encontrar ninguno. Para mí la historia es perfecta tal cual es. Para quienes la diversidad funcional sea un tema ajeno creo que este libro es una forma estupenda de acercarse a ella.
Enlace: http://lavidademisilencio.bl..
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