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ISBN : 8494307061
Editorial: Pez De Plata (19/09/2016)

Calificación promedio : 4.38/5 (sobre 4 calificaciones)
Resumen:
Esta es la historia de Bloss Ñejer, un golfo irresistible que siempre vivió de las mujeres porque ellas se lo permitieron. Nació guapo y con talento, pero él no tiene la culpa. Tampoco tiene la culpa de ser escritor. Maldita sea, lo necesita. Necesita escribir. Necesita registrar sus sensaciones en una libreta-diario. Bloss en un canalla, un tipo burlón que le planta cara a la vida enseñando los dientes. Apretando los dientes. El éxito es esquivo y la vida golpea. P... >Voir plus
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Críticas, Reseñas y Opiniones (5) Añadir una crítica
Beatriz_Villarino
 08 septiembre 2020
Nueve semanas es una novela trepidante y lo más curioso es que el lector tiene una visión retrospectiva del ritmo frenético con el que se suceden los hechos, efectivamente, en nueve semanas justas-justitas; pero también nos da una visión real de la escritura y de la publicación de la escritura, una visión parcial del erotismo y una visión ficticia de la realidad.
Los personajes se van convirtiendo en protagonistas indiscutibles conforme aparecen para formar una red, que abarca el universo narrado y se desprende realmente de la mirada que adopte cada uno. Es algo así como el perspectivismo múltiple de la literatura de los 60, en la que el lector necesita todas las perspectivas para ir eliminando los problemas o misterios que van surgiendo hasta que puede entender el objetivo que, en el caso que nos ocupa, es toda una declaración de intenciones: Escribir una novela a dos (o tres manos), algo que P.S. Salvador llevó a cabo realmente en 2020 con La extraña curación de Marta.
En Nueve semanas, la forma se adapta al contenido. Los protagonistas se multiplican, pero no es un protagonista múltiple el que se apodera de las páginas. Los diferentes protagonistas-autores se van nominando; siempre somos conscientes de quién escribe, «Soy Dedé», aunque todos imitan la forma de escribir de Bloss, de quien parte la idea. El estilo es único, si no se presentaran no habría forma de saber quién ha escrito qué; algo premonitorio para la escritura real de una futura novela. En este estilo lo que predomina en la forma es la experimentación, empezando porque la novela no es otra cosa que un diario en el que van anotando los hechos que suceden cada día.
Esta circunstancia, en la que convergen diferentes focalizaciones, afecta asimismo a la experimentación del contenido. En este tanteo práctico se multiplican los finales de palabras «escritor-tor-tor», como si se tratase de un juego infantil, un juego en el que los niños repiten palabras y se divierten al tiempo que, los no tan niños, irónicamente, recuerdan los grados del adjetivo «su cuenta abierta-abiertita […] Triste-muy triste-tristísimo». Un juego de intención machacona para que pueda ser entendido rápidamente. Esto es lo que ocurre con esta novela-diario en la que encontramos una acumulación exagerada de signos aclaratorios, la mayoría de veces colocados en un orden diferente al aconsejado o en lugares que no corresponden, «todos tenemos derecho a una segunda (o tercera [incluso cuarta {¿quinta}]) oportunidad».
También abundan las onomatopeyas «bla-bla-bla-bla» «¡aggghhh!» para imitar diferentes sonidos al tiempo que aportan cierta plasticidad al estilo, que destaca por la efectividad humorística en la narración. de hecho, esta novela podría ser catalogada de absurdo humorístico experimental si nos atenemos a la forma. El humor está presente en todas sus variantes, en la formación de palabras que nombran movimientos irreales, expuestos en paralelo con otros artísticos de la realidad, «se alegra de que yo deje el putaísmo».
Humor en la polisemia al comparar diferentes actividades, literarias y sexuales «tendré que pagarle y compartir lecho pero una escritora necesita experimentar».
El doble sentido es constante, P.L. Salvador juega con las palabras para que acuda a nuestra mente una mezcla de expectación e incongruencia. La ambigüedad se pierde en el contexto, aunque no siempre, por lo que, de forma experimental, es el propio personaje el que lleva a cabo la reinterpretación sorpresiva, dejándonos a los lectores la risa del chiste abierto e ingenioso «de la noche a la mañana he renunciado a la carne (de comer). Asegura que ya andaba en ello. Y que yo le he dado el empujón definitivo. Aún le daré alguno más…».
Asimismo hace gala de gran humor en el uso de palabras nuevas con plena conciencia de que no existen «anovelaré. La RAE […] seguro que no acepta mi variante», y en la rebelión a las normas ortográficas y literarias, «puedo escribir lo que quiera siempre que no me salga del guión (con tilde)».
El oxímoron tiene cabida a lo largo de la novela, la mayoría de veces también con resultado humorístico «vegetariana entomófoga». Y humorísticas son las palabras compuestas creadas a partir de la derivación «golfiferia». Los coloquialismos se utilizan, en ocasiones, para reforzar la forma de ser del personaje que está siendo descrito; los sinónimos refuerzan la situación humorística, al igual que los antónimos no referidos al mismo referente pero comparados en el significado «Lo del tanga me parece demasiado sucio (aunque la braguita estuviese limpia)». El sarcasmo hiperbólico aporta su punto de agudeza, de ahí que sonriamos, al menos, al leer, durante lo ocurrido el 22 de agosto «Salimos. Hace un calorcito de lo más agradable».
El recurso de la elipsis es bastante normal en el habla coloquial, pero el autor, reforzando más el ritmo dinámico narrativo, emplea la elipsis en situaciones no conocidas por el lector, lo que dificulta el entendimiento del contenido pero aumenta la socarronería «A estas alturas. Y ella aún menstrúa. Creo que tiene los mismos que yo. Lo suponía». Sin embargo en otros momentos la elipsis es la que aporta la fuerza y el dramatismo que caracteriza una conversación entre amigos; el humor que conlleva es precisamente lo que acerca al lector a la historia «¡Boquiabierta! […] cree que está embarazada. ¡Cuarenta y seis!».
El humor, en fin, y sobre todo el humor absurdo, llena las páginas con todas las formas posibles en que puede presentarse, con comparaciones animalizadoras afectuosas, «Esta mañana las he sacado a pasear», en coincidencias y chistes escatológicos «va a ser incinerado […] Los gusanos que se busquen la vida», en irrupciones de signos matemáticos en la escritura, «Saluda a la viuda2», y en una sucesión de signos aleatorios para insultar, al más puro estilo del cómic «¡Puta! ¡θ3 ζ ψ φ 7/8 ♀!».
Y si el humor aparece en todas sus variantes, P.L. Salvador es un maestro a la hora de usar el diminutivo; lejos de cansar, Bloss comienza a utilizar este diminutivo en su “estilo novelesco” y Dedé, Nené, el negro… todos lo añaden a la manera de escribir, desde el diminutivo afectivo «Coño, Blossy, ¿a qué viene eso?» para dejar claro al lector el nivel de cercanía que hay entre los personajes, al despectivo, para ir marcando el cambio de relación entre los participantes de la historia «le tengo un poco de manía (a Joselín)». Está claro que el diminutivo refuerza la función expresiva del texto, de ahí que la ironía quede remarcada «¿Cuántos comodines tendrá en la manga el competente Kladdín?» y la intención persuasiva que quiere tener con el lector, al reconvenir a un personaje que no está presente «Pepito-Pepito ¿qué vas a hacer ahora?». El rechazo a dicho personaje también puede quedar marcado con un diminutivo que exprese el enfado total «y a Pepín se le ha ido la mano» aunque en realidad minimice la amenaza de una imagen negativa de aquél a quien se refiere.
Pero no siempre es el diminutivo, a veces el hipocorístico denota una confianza absoluta con quien, en otro momento, ha supuesto un obstáculo «es lo que Pepe me aseguró», por lo que los insultos, los sentimientos peyorativos, no pueden ser tomados demasiado en serio. Son experimentos que se suceden en esta novela experimental. Nada es lo que parece. Incluso quien aparenta llevar las riendas en un principio, el protagonista, ya nos avisa de que nada es real, ni siquiera él mismo «no hay nada seguro […] Empezaré poniéndome un nombre […] Bloss». Así que no es raro que vaya cambiando de parecer y de forma de ser según con quién esté. No tiene una personalidad definida. al principio se describe como un héroe novelesco, como un macho típico de película, alguien irreal que, sin embargo, se va haciendo más auténtico según experimenta, porque en esos momentos es cuando se porta como es y, en realidad, su experimentación reside en convertirse en el pretendido héroe. Por eso es necesario que esa imagen proyectada al principio quede destruida, y no será hasta el final de la novela cuando las bravuconerías del inicio cobren sentido, formando un círculo que lo oprime en un determinismo fatídico. Sin embargo el final podría ser diferente en la realidad ficticia que enmarca esa novela escrita a seis manos.
De hecho, Nueve semanas puede ser el experimento inicial (ficticio) que luego P.L. Salvador y Mercedes de Miguel llevarán a cabo en 2020. Lo ficcional y lo real se entremezclan constantemente, las alusiones literarias reales conviven con menciones a personajes reales que se comparan a los imaginarios, «Se da un aire a Juanjo Puigcorbé. Bueno su rostro es un poco más amable, pero los dos miran igual-igual».
Si en La extraña curación de Marta hay una parte que es casi un libreto teatral, en Nueve semanas tiene lugar el ensayo de una escena entre Églex y Nené, paradójicamente escrita por Églex para representarla, en un encuentro con Dedé, lo más natural posible. Nada es la verdad que aparenta. Los ocultamientos son habituales en la novela; conforme se va desarrollando la trama, se van abriendo misterios que creíamos resueltos anteriormente, ¿Quién es Bloss en realidad? ¿Qué relación tiene Dedé con su padre d. José? ¿Cuál es el verdadero vínculo entre José y Nené? ¿Qué papel juega Kladd en todo el asunto? ¿Hay realmente un negro o se trata de un escritor independiente que inventa una trama novelesca absoluta?
No cabe duda de que los experimentos formales y de contenido, la mezcla de términos tabú con otros coloquiales, cultos y en desuso, la duplicación de grafemas, palabras, parejas de personajes, enredos, acciones… permiten que la realidad propuesta sea ante todo ficticia. Asimismo, la velocidad hiperbólica de los sucesos queda acelerada aún más, si cabe, con la escritura rápida, algo que conmociona a lector al tiempo que, una vez retomado el ritmo normal, relaja su tensión, pues es consciente de que está leyendo una obra literaria, aunque en ocasiones nos hayamos identificado con los sentimientos del protagonista «Loquito (estoy)».
Y es una obra literaria absurda, deliciosa. Sin embargo destila cierta crítica al papel demiurgo que juegan las editoriales en la sociedad, y los efectos de los mass media en las publicaciones. Esta novela humorística segrega una clara dureza en el tratamiento que la publicidad otorga a la calidad de la literatura mediática y a la calidad del ser humano.

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Inquilinas_Netherfield
 17 diciembre 2017
Nueve semanas (justas-justitas) es lo que dura esta historia. Nueve. Ni un día más ni un día menos. Más semanas que esas hace que lo leí, pero es un libro especial. de las reseñas que más me ha costado escribir al sentarme ante el ordenador en mi silloncito en Netherfield. Encima me siento una plagiadora (confío en el perdón del autor [o eso espero]). Y aun así no creo que sepa transmitiros el carácter de esta novela (estoy espesa-espesita-espesota). Ni el del escritor. Mea culpa-culpita-culpota. Pero tenéis que entender lo que os vais a encontrar. Y por intentarlo que no sea, oiga. Porque esta obra se merece en realidad una reseña sesuda-señorona. Pero de esas ya tiene muchas (Google es nuestro amigo), yo no sería capaz de hacerla y además voy por libre. Así que se hará lo que se pueda, y lo que no se pueda no se hará. Filosofía de la barata-baratita-baratota... al toro. Por los cuernos.
Ahora que está de moda eso de los aspirantes a chef. de sobra es conocido el concepto de cocina minimalista (en realidad tiene muchos). A mí solo me interesa uno. Ese de servir todos los alimentos separados por piezas para que el comensal una los sabores. Ese. Pues eso es Nueve semanas (obvio el justas-justitas, que se sobreentiende). La deconstrucción de una novela en muchas partes. Tantas como sus protagonistas. Todas presentadas ante el lector en sus pequeñas cucharas-cucharitas-cucharotas. Y es el lector quien debe masticar esas partes juntas para dar forma a la historia. O eso nos hace creer el autor. Pero no es así. Él es quien ha dado forma primero a ese plato estrella. Todo el plato. Con todos sus ingredientes, con su sabor final. Y una vez lo ha cocinado, solo entonces, es cuando lo ha dividido en numerosas partes para presentarlo al refinado paladar del lector. A ver si sabe unirlas y comprenderlas en la boca. Y diréis: así son todas las novelas. Pues no. Porque en este caso es literal. La división es literal ante nuestros ojos. En piezas-piecitas-piezotas. Arquitectura literaria. Entre otras cosas. Metaliteratura. Entre otras cosas. Vigor ideográfico. Entre otras cosas.
Así comienza todo. El nacimiento como personaje del golferas de Bloss (Blossín-Blossy-Cerdibloss). Que no es un personaje. Lo es, pero no lo es. Se presenta como si lo fuera. Y luego está Dedé. Dedé está escribiendo su primera novela. Bloss es su personaje. Pero Bloss es real y se pone también a escribir. Dedé lee lo que escribe Bloss (no dice que lo lee... lo lee delante de ti). le gusta. Lo implementa en su novela. Ahora escriben los dos la novela de Dedé. Bloss y Dedé. Bloss es también el tío con el que Dedé se acuesta. Y Dedé se convierte en la musa-musota de Bloss. ¡Se enamora de ella! Y lo que era una novela deja de serlo, porque comienza a ser algo demasido íntimo, demasiado personal. Hay que sacar a Dedé y Bloss de las entrañas de su propia novela. Que se pongan a escribir otra cosa. Algo menos... intrínseco.
Entonces aparece el padre de Dedé (editor). No quiere al golfo de Bloss como yerno. Se hace con el libro. Se lo endosa a uno de sus negros literarios para que lo termine y lo meta en un cajón. Y además le pide que le busque un nuevo novio a Dedé. Pero el negro nos ha salido romántico. Está a favor del amor bladi-bladi-bla. Y quiere su ración de protagonismo. Él también se enamora. Pero no de Dedé. Ni de Bloss. Ni del editor, claro (lo odia). Se enamora de Nené, madre de Dedé, ex-mujer del editor. Y p'alante como los de Alicante. Porque puede parecer que os he contado mucho, pero no os he contado nada. Lo de menos es la historia. Bueno, tampoco es eso. Sí, pero no. Qué difícil es esto.
Tantos narradores en primera persona como personajes. Escriben. Se leen unos a otros. Se van pasando la historia. Comentan lo que otro personaje ha dicho. Lo corroboran. Lo desmienten. Se ofenden con lo que se dice de ellos. Descubren cosas que no sabían. Corrigen cuando algo creen que no es cierto. Se releen a sí mismos. Se corrigen también a sí mismos. Democracia interpersonajística (yo también me invento palabras). Cotejan datos. Si se les alude, contestan. Cada cual es narrador de su capítulo y hace que la historia avance como quiera. Ya vendrán los demás a leer su parte y actuar en consecuencia. Y ya al final, casi al final, cuando no lo ves venir, viene. La puntilla. Puntilla-puntillita-puntillota. La que solo sabe dar un escritor que ha sido rechazado antes. Puntilla a las editoriales. Puntilla a las mafias editoriales. Puntilla a los premios editoriales. Puntilla a los lectores que nos tragamos todo eso entero-enterito-enterote. Sin agua. Tapándonos la nariz con los dedos-deditos-dedotes. Sin atragantarnos.
Estilo personal-personalísimo. Frases cortas-cortísimas-cortas. Puntos suspensivos. Paréntesis. Corchetes dentro de paréntesis. Llaves dentro de los corchetes dentro de los paréntesis. Diminutivos. Repeticiones. Caústica pura-purita-purota. Sarcasmo prístino-pristinote. Y no os perdáis los nombres. Fluxy, Ekly, Dedé, Nené, Kladd, Yokla, Poklé, Églex...
A veces llegan a tus manos libros de la manera más inesperada. Y tienen un no-sé-qué que te sorprende. Y ya no los olvidas. Se quedan en la cabeza-cabezota. Puede ser por su trama, o gracias a sus personajes. En ocasiones es la narración o, si tienes mucha suerte, un estilo, un carácter. Una personalidad que bombea atronadora desde las páginas. No olvidas el libro ni la voz de su autor. No os engaño si os digo que en este caso es todo eso. Junto. Todo-todito-todo. Todote. Da igual como yo os lo describa. Lo he intentado pero da igual. Porque casi con toda seguridad no habéis leído nada parecido. Y deberíais. Para colmo nombra a Pacino. El de los 70. El que me tiene enamoriscá. Suspirín.
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MaiteGil
 31 diciembre 2019
"Nueve semanas (Justas-Justitas)" es una novela de ficción contemporánea ambientada en la ciudad de Valencia. La edición en papel está encuadernada en tapa blanda con solapas, y tiene una extensión 128 páginas. Está dividida en cuatro partes de diferente longitud. Los capítulos son en su mayoría cortos y cada uno está dedicado a un día de los que compondrán las nueve semanas a las que hace referencia el título. La encuadernación, como es habitual con la editorial Pez de Plata, es estupenda.
La narración será en primera persona con diferentes voces o en tercera, según la parte del libro en la que nos encontremos. El narrador se identifica de manera rápida y sencilla por lo que no es necesario que lo indique, además la mayor parte de las veces ellos mismos se presentan.
A pesar de que nos encontramos ante un libro de tan solo 128 páginas os puedo asegurar que P.L. Salvador nos ofrece una historia totalmente completa a la que no le falta nada, giros argumentales incluidos.
Lo primero que nos encontramos al abrir el libro es un estupendo prólogo de Constantino Bértolo que no hace otra cosa más que abrirnos el apetito, al menos en mi caso. Cuando ya nos metemos en materia descubrimos la peculiar prosa del autor, que puede parecer compleja pero que no lo es. Tenemos frases cortas con abundancia de paréntesis explicativos, incluso corchetes, que lejos de complicar la lectura ayudan al lector a comprender aquello que el autor nos quiere transmitir. En 2222 ya me había sorprendido su manera de narrar, y en esta ocasión me he vuelto a encontrar con que su prosa le va que ni pintada a la historia que estamos leyendo. También encontraremos palabras redundantes que le dan un toque peculiar a la obra que personalmente me ha encantado.
En Nueve semanas conoceremos a un grupo de estupendos personajes, casi todos con nombres peculiares, perfectamente descritos y la mayoría con voz propia dentro de la historia. Me encantaría hablaros de todos ellos, pero temo desvelar algo que no deba así que prefiero que los descubráis por vosotros mismos.
De Bloss, el protagonista, poco puedo contaros. Es un valenciano de cuarenta y tres años que se define así mismo como un golfo que trabaja lo menos que puede. Día a día, según avanzan las semanas iremos descubriendo todas las caras de nuestro peculiar protagonista.
Según comienzas la lectura no sabes muy bien de qué va a ir la novela, más allá de que nuestro narrador nos va a contar su propia historia. Según van apareciendo personajes vamos profundizando en la vida de Bloss Ñejer y en la de los diferentes secundarios que se cruzan en su camino. Y poco a poco nos damos de bruces con intrigas, mentiras personas que parecen haber tirado la toalla, pero todos ellos tienen algo que aportar a esta adictiva novela. Cuando parece que ya tenemos claro quien es quien y donde estamos comienzan los cambios y los giros argumentales y hay que repensar de nuevo.
Ha sido toda una sorpresa el libro porque había leído alguna reseña que me hizo creer que no era lectura para mi, y os aseguro que es todo lo contrario, he disfrutado muchísimo con la lectura del libro. La lectura a pesar de la peculiar narración, o puede que precisamente gracias a ella, es muy sencilla y adictiva. Cuesta mucho dejar de leer porque el enganche es total. al finalizar la primera parte tuve que abandonar el libro debido a mis habituales migrañas, pero en cuanto me dieron una tregua me lancé de cabeza a por el libro comenzando nuevamente por el principio.
Puede que os esté dando la impresión que estáis frente a un libro complicado de leer, y no es así para nada. P.L. Salvador tiene un extenso vocabulario que utiliza con maestría, pero sin complicarle la vida al lector. Tiene una manera fresca de expresarse, con una forma peculiar que personalmente y que hace muy amena la lectura.
Nueve semanas nos ofrece las historias entrelazadas de varios personajes, muchos de ellos escritores o relacionados con el mundo del libro, algunas tristes, otras enrevesadas, pero todas muy interesantes y que influirán en Bloss de una u otra manera mientras hacen las delicias del lector.

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Hefesto
 01 diciembre 2019
P.L. Salvador es un escritor sorprendente. Tiene la extraña cualidad de, al final de sus obras, llevarte a lugares que no esperabas tras la primera página, de contarte mucho en muy pocos capítulos y de hacerlo de una forma directa, divertida y difícilmente imitable. Sus novelas son de aquellas que, hasta que no pasan unos días después de terminarlas, no te das cuenta de todo lo que te han narrado.
En este caso estamos ante una obra/experimento que juega con la idea de la subjetividad; rehúye del narrador omnisciente y también de la visión personal de un único orador. Se trata de una novela “compartida” por todos sus personajes que van escribiendo su versión en algún momento, pero no utilizando los subterfugios habituales de las líneas temporales, las cartas o los documentos personales; lo hacen directamente, pasándose, por unas circunstancias u otras, el texto y avanzando en él, sin volver al pasado si no es para puntualizar algún punto discordante.
El impredecible argumento, que abarca las 9 semanas del título, es una pequeña reinvención de las comedias de enredo habituales. Todos los personajes, escritores o relacionados con el negocio editorial, son caracterizados en el arranque de la obra según su estereotipo; el crápula, la niña pija, el padre protector y de dudosa moral, el testigo bienintencionado en una posición difícil... pero a cada página, a cada relevo en la escritura, a cada vivencia, todos se van transformando o se van descubriendo tal y como realmente son, de una manera tan eficaz que el autor logra que el lector se involucre en la trama, que se enoje u odie a algunos de ellos y defienda a ultranza a otros.
Es, por tanto, una obra muy difícil de clasificar. Lo que parece una comedia ligera llena de giros y sorpresas esconde tras de sí un fabuloso juego metaliterario que no pierde la ocasión de arremeter contra el mundo editorial (premios incluídos) y su rechazo al talento por sistema, además de contra los propios lectores que entran en el juego y lo sostienen con sus compras. Provoca con un machismo caricaturizado de parte de algún personaje aparentemente sin rumbo que, como un barco dañado busca un puerto al que amarrarse hasta que tiene que pagar la factura de sus actos. Expone también lo impredecible de la vida y el hecho de que casi nadie es lo que parece ni lo que cree ser, dando un hálito de esperanza a la posibilidad de cambiar y a la de alcanzar la redención. Y todo esto en apenas 120 páginas.
¿Realmente necesitas más motivos para descubrir a P.L. Salvador?
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davilpe
 13 diciembre 2019
A pesar de que en un principio me costó acostumbrarme al tipo de narración de esta historia (la verdad me parecía todo un sin sentido y no entendía mucho de qué iba la trama), cuanto más te sumerges en ella más sentido cobra todo y más te atrapa.
La novela trata sobre Bloss, un escritor que está escribiendo una novela sobre sí mismo y su día a día. Pero no es una novela cualquiera, sino que se trata de esta misma novela, "Nueve semanas (justas-justitas)". Tampoco Bloss es el único narrador de esta historia, sino que, todos y cada uno de los personajes que aparecen en ella se convierten, en un momento u otro, en narradores. Así, cada personaje que aparece es descrito por los otros narradores, lo que hace que el lector construya una visión de Bloss a través de los ojos de los demás y no solo de la visión que él tiene de sí mismo.
En definitiva, me ha sorprendido muchísimo, y para bien. Es cierto que la primera parte escrita por Bloss y Dedé se me ha hecho un poco cuesta arriba ya que es la más caótica y sin sentido de todo el libro, pero a partir de la segunda parte, en la que aparece como narrador Églex, todo empieza a tener más sentido.
Merece mucho la pena leerlo. Es un libro que, aunque un poco extraño, te mantiene atento toda la lectura. Es una de esas obras en las que resulta imposible imaginarse por dónde va a salir el autor y cuál es el siguiente giro de la obra con el que te va a sorprender.
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Citas y frases (4) Añadir cita
HefestoHefesto01 diciembre 2019
Pero la vida te lo devuelve todo. A veces no te das cuenta. O piensas que te ha olvidado. Y sigues adelante. Sin mirar atrás. Confiado. Tranquilo. Olvidando que la vida no olvida.
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HefestoHefesto01 diciembre 2019
El juego de la vida no es siempre limpio, a veces te ves obligado a ensuciarte las manos, pero no estoy dispuesto a revolcarme en el fango.
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Inquilinas_NetherfieldInquilinas_Netherfield17 diciembre 2017
Experimentemos. Es un decir. Yo voy a experimentar. Vosotros podéis acompañarme en este viaje, y tal vez terminéis entrando en la historia, aunque no hay nada seguro, ni siquiera ¡yo! sé qué va a pasar de aquí en adelante. Empezaré poniéndome nombre. Uno especial. Fortuito. Bloss. No está mal. He tecleado al azar. ¿Y cómo es Bloss?
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HefestoHefesto01 diciembre 2019
La ironía (delicada) es el envoltorio de la amargura (sorda).
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