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Bren
 05 abril 2019
La piedra lunar de Wilkie Collins
Hacía mucho tiempo que tenía pendiente la lectura de este libro... la espera ha valido la pena, realmente ha sido una delicia leerlo, tal como lo ha sido todos los libros que he leído de Wilkie Collins.



Este es el primer éxito de este autor y es además considerado el primer libro de detectives escrito, hace tiempo leí el libro de Asesinato de Road Hill, que habla sobre un asesinato verídico acontecido en 1860, la autora de este libro comenta además que varios escritores de la época se habían inspirado en este caso para escribir algunos de sus libros, entre ellos se menciona a Wilkie Collins y su piedra lunar, pues bueno, puedo decir que en efecto se ve a la legua la enorme inspiración, si bien, este libro no habla de un asesinato, sí que algo de la trama y el inspector de la policía es básicamente idéntico al personaje real que llevo la investigación del caso de Road Hill, ha sido un ejercicio interesante leer ambos libros.



Dicho lo anterior, sin duda alguna Collins fue un gran escritor, uno además que tenía una enorme capacidad para atrapar al lector, para generar una historia realmente interesante e intrigante, unos personajes de lo más variopinto y además, este libro está escrito por varios de sus actores a través de cartas en estilo de declaraciones que nos van narrando los hechos acontecidos en relación a la piedra lunar de acuerdo a lo que ellos recuerdan, escucharon o vieron, básicamente esta historia nos la relatan cinco de sus actores algunos protagonistas, algunos no, pero lo que es realmente fascinante es ver cómo cambia el ritmo, el estilo de contar las cosas de acuerdo a cada persona que nos va contando las cosas, me ha encantado, sobre todo, porque quienes nos relatan los hechos son personajes bastante peculiares y eso ha dotado a este libro, además de todo, de un sentido del humor ligero y delicioso.



La trama es realmente maravillosa y entretenida, es todo un enigma, pero la forma en que se aclaran los hechos es algo fantasioso y digo que eso, porque no tengo manera de saber si lo que se relata en relación a lo sucedido la noche del robo sea algo que realmente pudiera suceder, tampoco me ha resultado una sorpresa saber el nombre del culpable, era demasiado obvio, por supuesto, sin embargo, sí que a la hora de que se sabe quién ha sido el culpable del robo, me ha dejado completamente atónita, ha sido de verdad un libro divertido de leer, con todo y que me cayera muy mal la manera en que el autor habla de sexo femenino, culpa por supuesto de la época en que fue escrito, pero que no deja de ser algo molesto.



Por lo demás leer a Collins siempre es algo realmente gratificante, me encanta este escritor y de verdad este libro es una joya dentro de los clásicos que ya son unos consentidos para mí.
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NataliaM
 05 febrero 2019
Un dulce olor a muerte de Guillermo Arriaga
Una novela inicialmente de suspense o intriga que se convierte, a medida que transcurre la misma, en un feroz retrato del mundo rural mexicano, el cual aparece dominado por la violencia y el miedo en sus más variadas formas.



En resumen, una buena historia bien contada, con un ritmo vertiginoso y una estructura muy cinematográfica, a la que únicamente se le puede achacar unas influencias demasiado obvias
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Yani
 17 julio 2018
Las hojas caídas de Wilkie Collins
La primera vez que intenté leer este libro tuve problemas de aburrimiento y lo dejé. Me había desconcertado un discurso sobre los preceptos del socialismo cristiano con el cual el protagonista trataba de justificarse a sí mismo, de explicar su proceder. No tuve ganas de terminarlo en ese momento. Cuando volví a retomar Las hojas caídas, supuse que lo anterior era importante. La verdad es que no influyó demasiado en la trama y la comunidad a la que pertenecía tuvo alguna influencia en contadas ocasiones. Sumando las casualidades y los deus ex machina, me dio la sensación de estar leyendo a un Charles Dickens predecible con personajes que se ganan la empatía del lector con mucho esfuerzo.



La historia se trata del joven en cuestión, Amelius Goldenheart (el apellido no es casual), un inglés que vivía en Estados Unidos y que regresa a su país natal porque lo expulsaron momentáneamente de la comunidad en la que se había criado. Se situaba en Tadmor y reunía personas que adherían al socialismo cristiano. Amelius, tal como deslicé anteriormente, usa su educación como un escudo y en Londres la necesitará más que nunca. Allí conoce por recomendación a la familia Farnaby, a pesar de las advertencias de otro amigo. Amelius se va a meter en aprietos cuando la señora Farnaby le pida que busque a la hija que le arrebataron hace quince años, interfiriendo en la relación con su sobrina Regina.



Admito que la contratapa del libro tenía una sinopsis que me atrapó de inmediato (es la de la edición que marqué) y que luego fue decayendo frente a mis ojos. Lo que prometía ser una historia de un muchacho que luchaba contras las convenciones sociales del siglo XIX terminó siendo casi una telenovela de horario central en donde el protagonista está sujeto a las casualidades y a los giros imprevistos del destino. Imprevistos para él, porque para mí no hubo asombro. La sinopsis devela que Amelius se enamora de Regina pero incluso dentro del libro esto ya se anuncia a gritos. Sé que Collins no es el único que echa mano al azar para hacer rodar los acontecimientos (Dickens hacía lo mismo, basta con leer el final de Oliver Twist para comprenderlo). Mi problema principal no pasa por allí: es la brusquedad, la escasa mediación entre la historia y el escritor para plasmar eso en el papel. No estoy diciendo que Collins escriba mal, si no que prescinde de “maquillar” a algunos personajes que deberían haber sostenido el suspenso durante más páginas. Me cuesta discernir si es una estrategia para que el lector ya conozca todas las cartas de antemano y se interese por lo inmediato o si a Collins le daba igual, a pesar de que su biografía me hace pensar que era un escritor atento a la recepción de sus libros. Sin embargo, atribuirle a un muchacho recién llegado una “misión” sólo porque alguien soñó con ello me parece absurdo, al igual que el enredo y la conspiración que se generan porque uno de los personajes estuvo en el lugar y en el momento apropiado.



Pero si la desventaja está en aquello que se adivina con facilidad, la ventaja reside en los personajes que se desarrollan paulatinamente y traen algunas sorpresas. No son altamente queribles, prefiero decir que son “respetables”. Amelius se presenta a sí mismo con una convicción religiosa, política y moral que parece incorruptible y apenas pisa Londres, se salpica de barro. La inocencia de la comunidad americana que lo acobijó se resquebraja y es ahí, en las fisuras, donde Amelius empieza a crecer. No hay ni un Consejo ni un Hermano Anciano a quien consultarle las decisiones o los reglamentos. En Londres depende de sí mismo, aunque muchas veces cuenta con la ayuda de Rufus, un norteamericano que conoce durante el viaje hacia Gran Bretaña. Rufus es la voz de la conciencia objetiva y a veces oficia de mensajero. Me agradó porque ayuda a Amelius con desinterés y la relación va mutando a lo largo del libro. Y estoy muy de acuerdo con él en ese párrafo que añade a una carta (no voy a reproducirlo, obviamente). Luego están los villanos de turno, aquellos que no cambian nunca y dificultan la existencia del protagonista, como John Farnaby y Jervy. Son caricaturescos y se hacen odiar tanto que una los termina aplaudiendo. Los personajes femeninos no rompen el molde (tampoco esperaba que lo hicieran en esta novela tan predecible) pero están bien constituidos. Los hay en todos sus espectros: la enamorada no correspondida, la madre sufriente, la frívola que trata de convencerse a sí misma de que puede amar, la desafortunada en la vida. Las “hojas caídas”, en este libro, son mayoritariamente mujeres y hay una en particular que me causó exasperación. En el posfacio que agrega el traductor de esta edición, Collins manifestaba que esa de la que hablo no fue la favorita de los lectores. Él lo atribuía a un problema de prejuicios, pero yo me atrevo a contradecirlo desde otro siglo y sacando totalmente del juego a la condición de clase, que imagino que era lo que generó el revuelo en esos años. Lo que a mí me molestó de ella fue su animalización y el hincapié que pone en la belleza y la figura que van cambiando con la mejora de su salud, como si se estuviera transformando a propósito en un “partido” para el protagonista. Me causó pena ver que crecía sólo para satisfacer a otro.



Lo anterior se relaciona también con el modo en que cada uno está regido por las obligaciones y costumbres de la sociedad que funciona como margen. En Las hojas caídas hay múltiples comparaciones entre el modo de vivir y de ser de los norteamericanos y el de los británicos. Puede que Collins estuviera destilando el veneno necesario para hacerle frente a una época que él mismo desafió (no sabía que era una especie de bígamo hasta que leí el posfacio). Supongo que a los lectores de ese momento no les habrá caído nada bien leer las opiniones que Amelius y Rufus emiten en contra de los ciudadanos. El mismo Amelius escribe cartas quejándose de la corrupción que ya mencioné (“tengo la impresión de que en Londres me vuelvo peor, más perverso”, dice), lejos de la pacífica Tadmor. Cualquier lugar se erige como uno en donde se puede comenzar una nueva vida o mantener la inocencia, como Nueva Zelanda o Estados Unidos. El amor al dinero pesa más que el amor entre personas y eso afectará a Amelius, que estará ceñido por las apariencias hasta cuando realiza un acto de caridad. Collins no pierde la ocasión para retratar los bajos fondos de la ciudad romantizando algunas de sus aristas. A Collins no le faltan palabras para describir (de hecho, su escritura va al hueso) y se vuelve minucioso y más poético en las partes que enfatiza. Están bien llevadas y algunas que pertenecen a momentos de quiebre (view spoiler) son memorables.



Las hojas caídas es un salto a la obra de Collins que me falta leer. Estoy segura de que esa creatividad para elegir sus héroes y heroínas está mejor empleada en sus otros libros, en donde espero no cruzarme demasiado con el melodrama y los elementos sacados de una galera. Otra cosa que tiene a favor es que el libro entretiene y hace pasar las páginas como si nada, sin oponer resistencia. Por último, creo que es necesario decir que la historia termina con cabos sueltos porque el autor planeaba una continuación. Dejó borradores y no la concluyó. Tal vez suene muy hosca, pero la inexistencia de esa segunda parte no me quita el sueño. Me quedaré sin saber más de uno de los personajes que me interesaban, sí, y no lo lamento. Prefiero guardarme una buena impresión antes que desilusionarme definitivamente con otra novela llena de conflictos que se ven venir a la legua y diálogos azucarados.
Enlace: http://desarmandoclasicos.bl..
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