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Davicalpa
 12 octubre 2021
Hielo de Anna Kavan


Muchas veces me preguntan el por qué disfruto de las historias de terror. Ese tipo de narraciones en la que lo siniestro, lo tenebroso, incluso lo grotesco tienen cabida para moldear nuestro intelecto en busca de sus emociones más primitivas. El surgimiento del terror emerge como respuesta a la excesiva importancia que le damos a nuestra racionalidad, presentándonos todos esos escenarios en donde lo que prima son nuestras pasiones.

La historia que nos presenta Anna Kavan en Hielo no es una historia de terror al uso. Aquí no encontramos la presencia de seres sobrenaturales, no muertos, fantasmas o cualquier tipo de entidad procedente del inframundo. Sin embargo, cada una de las páginas que contiene esta historia está impregnada de un aroma fácilmente reconocible que se perpetúa una vez has acabado el libro.

Tenemos una fortaleza llena de lugares decrépitos e inhóspitos, una damisela cautiva y aterrorizada, un villano ambiguo y autoritario, romance trágico, una contínua y desbordada angustia emocional en sus personajes, una atmósfera opresiva que contamina todo a su paso…pero sobre todo eso, un antihéroe que ejerce el papel de narrador que hará todo lo que tenga en su mano por rescatar a su amada.

Sin embargo, todo esos elementos quedan sepultados bajo toneladas de hielo, retorciendo sus formas y creando espejismos en donde todo cobra un sentido mucho más siniestro. Basta un par de capítulos para entender que detrás del gélido decorado existe una puerta a una realidad escondida que susurra ,palabra tras palabra, profundos lamentos. Lo hace desde la propia narrativa, camuflando entre paisajes apocalípticos donde la muerte se va abriendo camino la propia realidad de una autora que explora sus propios fantasmas, sus adicciones y su pérdida de control entre bloques de hielo. Uno de los pilares fundamentales del terror es el miedo a la pérdida de la autonomía y en esta novela se expande como los vientos, limitando la capacidad de movimiento hasta la completa desesperación de sus protagonistas.

De hecho, la autora no contempla la posibilidad de un universo tan decadente sin contaminar en su devastación a los propios personajes. El mismo narrador y su obsesión genera rechazo desde el inicio y su opuesto, o acaso él mismo, no deja de ser un reflejo de una sociedad en la que las relaciones humanas solo se entienden desde la posesión. Miles de golpes azotan cada una de las frases en las que tratan de reflejar el sentimiento al que llaman amor, esa emoción que deja de existir cuando no se ejerce en libertad. Desde ese punto de vista, la liberación de la dama cautiva solo podrá ser abordada desde su propia individualidad como mujer pero, como todo en esta novela, su destino también estará contaminado, al igual que el propio planeta, por la fatalidad.

De tal modo que la novela es una fría invitación a transitar por una realidad a la que, sin darnos cuenta, nos hemos acostumbrado. Adicciones, violencia, egoísmo, depresión y, por encima de todo eso, la resignación ante un destino que no podemos cambiar. Al fin y al cabo, duele menos escoger el camino fácil, el transitado, el que conocemos como propio. Escoger la alternativa solo está alcance de los Indris y de la calidez de su ecosistema.

Hielo no es una novela agradable. Está llena de tristeza, de desesperación y de muerte. Nada de eso puede reconfortar el corazón de aquellos que buscan en un libro un hogar donde refugiarse. Es una propuesta destinada a aquellos que disfrutan de Lo sublime y sus últimas consecuencias. Al fin y al cabo, no deja de reflejar la realidad de una autora cuya tristeza comparte el propio universo de sus personajes. Una realidad fría que te atenaza, te acecha y de atrapa, dejando como única salida, sus propias historias.



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Nosinmislibros
 27 noviembre 2020
Lady Mary de Margaret Oliphant
‘Lady Mary’ (1884. El Nadir, 2009) forma parte de una serie de relatos de fantasmas y hechos sobrenaturales que Margaret Olliphant (1828-1897) escribió bajo el título común de ‘Stories of the Seen and the Unseen’. No son historias terroríficas, con fantasmas que se dedican a matar del susto a todos aquellos que se crucen en su camino, sino relatos en los que la escritora reflexiona sobre la muerte, el Más Allá, las fronteras entre los dos mundos, la posible comunicación entre vivos y muertos, etc., sin olvidarse de otros temas, como el papel y posición de la mujer en la sociedad victoriana.



Tras la muerte de Lady Mary, todos sus amigos están francamente preocupados. ¿Qué será de “la pequeña Mary”? Una jovencita que “se ha pasado la vida echada entre rosas y cuidando de los lirios”, que “siempre ha vivido rodeada de lujo”, que “no poseía nada ni era capaz de hacer nada por sí misma”, parece que no tiene otra opción que, en primer lugar, buscar acogida en el hogar de amigos o familiares. Son estos los que se encargan de buscarle un futuro, sin preguntarle, sin contar en absoluto con ella.

Una muchacha de época victoriana con cierta educación y sin recursos sólo tenía dos salidas: casarse o buscar trabajo como institutriz. La primera, al no tener pasta ni ser de clase alta, era francamente complicada, así que no le quedaba más remedio que optar por ganarse la vida como institutriz. Y para asombro de todos y en un enérgico arranque de independencia, decide que “nadie debía escribir sobre ella, o pedir caridad en su nombre”, ella sola es capaz de elegir la vida que quiere llevar, opta por mantenerse por sí misma y no depender de un marido.



Otro aspecto que se ha destacado en esta y otras historias de Olliphant es el de la invisibilidad de la mujer victoriana. Y la verdad es que el fantasma de Lady Mary sufre lo indecible intentando hacerse ver, hacerse oír, hacerse notar. Es, como las mujeres en esta época, totalmente ignorada…



Pero hay algo que me ha resultado muy curioso, y es la descripción que hace la autora del “Purgatorio”, y utilizo este término no porque ella lo emplee directamente, sino porque se “parece” mucho a lo que la Iglesia católica entiende como tal: “Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo. La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados (1030 y 1031). Y aunque la autora prefiera hablar más de “nueva situación” o “condición” que de lugar, lo cierto es que en su “purgatorio” hay edificios con habitaciones, aunque no los describe. En este “nuevo estado” las dolencias del cuerpo desaparecen, no así las del alma, no hay edad ni diferencias de clase entre la “gente” que allí “habita”. Pero lo más importante es el sentimiento de hermandad que allí reina, especialmente notado por los recién llegados, que perciben en todos sus habitantes un gran cariño y una mirada llena de compasión.

Lo realmente fascinante es que Olliphant admite la posibilidad de que los difuntos puedan comunicarse con los vivos, aunque no lo tengan demasiado fácil. De hecho, cuando Lady Mary regresa del mundo de los vivos y relata su experiencia, señala: “no me podían ver, ni saber que estaba allí (…) Cuánta soledad experimenta el que vuelve, pues nadie puede saber que está allí”. Bueno, en realidad sí les pueden ver los animales y los niños cuando son pequeños e inocentes. Aunque de modo extraordinario, ciertas sensibilidades pueden llegar a notar su presencia… Ya nos lo dice el Cantar de los Cantares (8,6): el amor es fuerte como la muerte. Y para Olliphant, capaz de romper las barreras que separan ambos mundos: gracias a él y al perdón se puede alcanzar la paz, la “salvación”.

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Hefesto
 18 febrero 2019
La muerte de la Tierra de J.H. Rosny
Fue un gran error por mi parte empezar una historia de finales del siglo XIX o principios del XX creyendo que se trataría de un relato un tanto infantil desde la perspectiva del lector de hoy. Y este libro es como una constante regañina por mi ignorancia.

Es una gran obra, de esas que no deberían ser olvidadas. La infatigable lucha por sobrevivir que nos describe, por no rendirse ante nada, por no ceder ante lo inevitable, hace que esta historia sea hermosa. Una especie (la humana, esta vez) que agoniza pero se niega a desaparecer en un mundo que bien podría haber creado el propio Ballard; agónico y desesperanzador. Dos horas de lectura que probablemente no olvidare nunca.
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