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Línea de fuego
 21 octubre 2020
Línea de fuego de Arturo Pérez-Reverte
El comienzo de Línea de Fuego, la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte, es toda una declaración de intenciones. El escritor sitúa al lector justo en el medio del campo de batalla, al comienzo de una gran ofensiva en la campaña del Ebro, y los primeros personajes que conocemos son una mujer perteneciente a una unidad femenina encargada de las comunicaciones republicanas y un soldado que lucha en el bando nacional por la sencilla razón, independiente de su ideología, de que el reclutamiento le pilló en Sevilla. Esto no es un relato bélico corriente. En Línea de Fuego, Pérez-Reverte nos sitúa directamente en la trinchera y no nos saca de ahí durante los diez días que dura la batalla. El lector se ensucia de barro arrastrándose por el suelo, se muere de sed junto a los soldados tras días de combatir sin una gota de agua, sufre las heridas como si fueran propias y dispara su fusil contra la posición enemiga como uno más del batallón. Durante las casi 700 páginas de la novela recorreremos todos los rincones del ficticio pueblo de Castellets del Segre donde tiene lugar el enfrentamiento, pasando de un bando a otro, de un rincón a otro del campo de batalla obteniendo una visión global del suceso. La línea del frente que se presenta en esta historia poco tiene de línea y es más bien una difusa separación que a veces está aquí y otras unos metros más allá, dónde los buenos están a ambos lados, donde se captura una posición y se pierde en tan solo unas horas para lanzar un ataque que la recupere de nuevo poco tiempo después, dónde los cuerpos de soldados muertos están tan sucios tras días de batalla que resulta difícil distinguir a qué bando pertenecen, dónde surgen pequeñas treguas para compartir tabaco o se paralizan los tiroteos durante unos minutos para abastecerse ambos bandos de agua. Esta es la línea de fuego que presenta Pérez-Reverte.



Se trata de una historia coral con una buena cantidad de protagonistas que representan casi todas las posiciones de la batalla, oficiales, novatos, reporteros de guerra, mujeres soldado. En este sentido, los personajes no dejan de ser estereotipos sólidamente construidos que sirven para representar varias de las muchas aristas de la contienda. Tan solo los conocemos durante los diez días que dura el enfrentamiento y poco sabemos de su vida previa. Contrario a la norma, el drama aquí no lo aportan los personajes, sino la guerra, los personajes son el escenario en que ocurre. Cada personaje tan solo tiene su propia visión del evento, sesgada por el momento y el lugar, y también por la propia personalidad de cada cual. No es hasta que vemos la misma escena desde varios puntos de vista que vamos tomando una conciencia plena de lo que está aconteciendo en la batalla. Eso sí, pese a ser efectivamente estereotipos, no son meros estereotipos. Si algo destaca especialmente en la novela además de las espectaculares y detalladísimas escenas de acción son los diálogos. Cada personaje tiene una voz perfectamente diferenciada. No habla igual el requeté catalán que el oficial de la legión, el antiguo minero republicano que la reportera americana. Cada dialogo de la novela, da igual qué personajes intervengan es una delicia, uno lee a personas reales, con sus dramas y sus risas, sus bromas y sus piques. Personas normales viviendo una situación anormal.



Y estas interacciones, tan naturales, destacan todavía más ante la violencia que las rodea. Los soldados mueren, no de forma dramática sino con la más pasmosa sobriedad. Un soldado recibe un disparo y el cuerpo sencillamente se desploma en el suelo sin fuerzas que lo sostengan erguido mientras sus compañeros le echan una ojeada rápida y siguen corriendo hacia las líneas enemigas entre una lluvia de disparos. Pérez-Reverte no escatima los aspectos más brutales y sangrientos de la guerra, pero lo hace con una narración nada afectada, con un estilo conciso y objetivo. Sencillamente se dedica a narrar lo que acontece y deja que sea la propia historia la que aporte la emoción. En cierto momento muere un personaje al que hemos acompañado durante un buen número de páginas y al que tenemos cierto apego, pero el momento de su muerte está narrado desde el punto de vista de soldados del bando contrario para los que no es sino otro soldado enemigo más, por lo que la narración carece del más mínimo reconocimiento ni emoción por su muerte. El lector llora su pérdida pero en el texto es tan solo otra baja más antes de seguir adelante. La guerra de Línea de Fuego es así, los soldados vencen, los soldados mueren, pero la guerra continúa.



Pérez-Reverte muestra ambas caras del conflicto sin juzgar a nadie en ningún momento. Los héroes son de ambos bandos, igual que los villanos. Uno puede tener sus favoritos al comenzar la novela pero llegado determinado punto el lector ya está condenado, gane quien gane lamentará la derrota del perdedor. No se trata de una novela política, sino más bien antipolítica. Perez-Reverte que lo mismo tira para un lado que para otro, define a hombres que están en la batalla luchando y muriendo por un ideal que a menudo ni conocen ni comparten. Los soldados que disparan sus fusiles desde la trinchera de Línea de Fuego no lo hacen por defender un partido o una bandera, sino por salvar/vengar a sus compañeros, por un trago de agua, por volver a casa, por pura y agotadora terquedad. Se trata de personas corrientes que vivían vidas corrientes, separadas de la política. En determinado momento llegó a ellos la guerra y la vida y la política se convirtieron en la misma cosa.



Puede ser que en ciertos momentos, especialmente al final de la novela, Pérez-Reverte haga un leve esfuerzo por expandir la historia, por relacionar la batalla que está contando con el devenir de la Guerra Civil en su conjunto, pero se trata tan solo de breves apuntes que no van mucho más allá. Aunque sus personajes sean conscientes de lo que ocurre más allá del frente, lo son tan solo desde su propia subjetividad. Lo importante para ellos, y por lo tanto para el lector es lo que está ocurriendo están viviendo, la falta de agua, las heridas, lo piojos, el sudor. Pérez-Reverte no quiere levantar demasiado la vista de esto. La novela no deja de ser, como él mismo ha repetido en diversas ocasiones, “solo una novela”, y lo que cuenta es el horror y la verdad de la guerra desde el punto de vista más cercano posible.
Enlace: http://quienvigilaaldrender...
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